'El embarcadero', la serie que Movistar necesitaba

Verónica Sánchez e Irene Cobo, en 'El embarcadero'./María Heras / Movistar
Verónica Sánchez e Irene Cobo, en 'El embarcadero'. / María Heras / Movistar

La nueva propuesta de los creadores de 'La casa de papel' es un thriller que no renuncia al melodrama para atrapar a un público más diverso

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

A los creadores de 'La casa de papel' sus seguidores les tienen ganas. Para bien. Dejó tan buen regusto la trama sobre el atraco a la Fábrica de Moneda que los espectadores andan expectantes con las nuevas producciones que ideen Álex Pina y Esther Martínez Lobato. Ambos están escribiendo la nueva temporada de la serie protagonizada por Úrsula Corberó y además preparan para Netflix 'Sky Rojo'. Pero lo más inmediato que la audiencia podrá ver con su firma es 'El embarcadero', título que Movistar estrena el próximo 18 de enero (toda la primera temporada a la vez) y que han producido junto a Atresmedia Studios y Vancouver Media.

Lo primero que destaca en 'El embarcadero' es su propuesta formal y sus localizaciones. Son dos aspectos nada baladíes. El riesgo que se le pide a las series españolas que asuman va más allá de su argumento para alcanzar otros aspectos en el que hay mucho camino por recorrer. Y en eso están Pina y compañía. De ahí que escogiesen rodar gran parte del metraje en l'Albufera de Valencia, un paraje natural sin igual que ha sido muy poco explotado por el cine y la televisión (algo que parece van a reparar este título y la ópera prima de Nacho Ruipérez, 'El desentierro', que también se rodó allí). El parque natural se presta al misterio que pide el argumento y permite a las cámaras jugar con la inmensidad para conseguir planos espectaculares que se pierden en el infinito. Y se aprovechan de una luz deslumbrante que hace dudar al espectador sobre si lo que sucede allí es real o forma parte de un sueño o de una fantasía.

Allí aparece el cuerpo sin vida de Óscar, el protagonista ausente de esta historia. Este personaje, interpretado por Álvaro Morte (que repite con la productora Vancouver después de dar vida al Profesor de 'La casa de papel'), es el vértice de un triángulo que completan Verónica Sánchez e Irene Arcos (su mujer y amante, respectivamente) y que se destapa a raíz del supuesto suicidio de él. Y digo 'supuesto' porque nada está claro en este desenlace. Ni el modo en que aparece el cuerpo, ni lasrazones para tomar esa decisión, ni lo que rodea al suceso. ¿Y dónde se ha de resolver todo esto? En el embarcadero, claro.

La nueva propuesta de Movistar (que consta de dos temporadas de ocho capítulos) es quizá la más convencional de cuantas ha estrenado hasta ahora la plataforma y tiene mucho que ver con el equipo que tiene detrás. Los anteriores títulos habían sido encargados a profesionales más acostumbrados a la industria del cine que a la de la televisión. Y en esta ocasión han recurrido a Atresmedia, referencia del panorama catódico por proyectos recientes como 'Fariña' o 'Vis a vis'. Ellos son capaces de dar con el punto innovador que la televisión de hoy en día exige pero sin desdeñar elementos a los que la televisión de siempre está acostumbrada (tramas familiares, romances...). El resultado es un thriller que no renuncia a otros géneros para resultar más atractivo.

Álvaro Morte e Irene Cobo, en 'El embarcadero'.
Álvaro Morte e Irene Cobo, en 'El embarcadero'. / María Heras / Movistar

Y en la premisa lo consigue. En el primer episodio el espectador conoce a los personajes, recibe información del pasado de todos ellos y acompaña a Alejandra, la mujer de Óscar, cuando esta es informada de su muerte y cuando descubre que ha estado manteniendo durante años una doble vida. El encuentro entre las dos mujeres es lo que termina de desconcertar (para bien) a la audiencia, que seguramente espere un enfrentamiento que no llega a producirse.

Vistos los primeros cuatro capítulos es cierto que la serie no consigue mantener el buen ritmo que logra en el episodio de arranque, pero no por ello pierde interés. Posiblemente algunas interpretaciones demasiado enfatizadas tampoco ayuden. Una vez planteado el conflicto 'El embarcadero' se dedica a desenmarañarlo como si fuese un enorme ovillo. Por un lado trata de ir dando respuesta a todas las incógnitas que rodean a la muerte de Óscar y a los motivos por los que mantuvo una doble relación (la parte que mejor funciona). Y por otro muestra el vínculo que va surgiendo entre las dos mujeres que ocuparon su vida (algo que convence menos y cuesta más de creer).

'El embarcadero' es, no obstante, un producto que un catálogo como el de Movistar precisaba para llegar a un público más amplio, para conquistar territorios que hasta ahora había dejado de lado, y para atrapar a tipos de espectadores más variados. Ahí reside su valor. Álex Pina y su equipo han de saber alcanzar, eso sí, buen puerto -nunca mejor dicho- con este relato. Confianza al público -por trabajos anteriores- no le falta.

 

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