'A Very English Scandal', cuando Hugh Grant hizo grande a Jeremy Thorpe

Hugh Grant, en el papel de Jeremy Thorpe./
Hugh Grant, en el papel de Jeremy Thorpe.

Los ingleses vuelven a darnos lecciones con la miniserie 'A Very English Scandal', que relata el escándalo del líder del Partido Liberal

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

En materia televisiva los ingleses llevan dándonos lecciones años y años. Mira que ha pasado tiempo y se han estrenado títulos y 'Yo, Claudio' sigue siendo un referente seriéfilo absoluto. Por citar uno. De entre las muchas producciones que nos han llegado de Gran Bretaña llaman la atención, y mucho, las dedicadas a la materia política. Primero, porque se hacen con cierta regularidad y riesgo. En España, son contadas ocasiones en que los asuntos políticos han centrado un argumento. Y segundo porque se abordan desde todas las ópticas y géneros. Célebres son las comedias 'Sí, ministro' y 'Sí, primer ministro', en las que se reían de todo lo que formaba parte de un ministerio, empezando por el propio ministro.

Más allá de las comedias, algunos dramas siguen constando como los mejores vistos en las últimas décadas. Especialmente llamativo es el de la miniserie 'House of cards', que luego dio pie a la famosísima producción americana protagonizada por Kevin Spacey (hasta que en la última temporada se lo han cargado, ya saben). A este hay que unir series como, por ejemplo, 'The thick of it' o 'Secret state'.

A la lista debemos añadir desde ya 'A Very English Scandal', dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Hugh Grant y Ben Whishaw, emitida por la BBC en su país de origen y que en España se pueda encontrar en la plataforma de Amazon Prime.

Basada en un suceso real, la propuesta se centra en la carrera de Jeremy Thorpe, el hombre que sacó de la nada al Partido Liberal inglés, que estaba a punto de desaparecer cuando cayó en sus manos. Lo que no imaginaba entonces es el escándalo que iba a protagonizar, que desembocaría en lo que los periódicos ingleses denominaron 'el juicio del siglo'. La BBC lo ha usado para crear una miniserie de tres episodios, donde, a pesar de los dramáticos acontecimientos que narra, el tono imperante es el humor. Hay que saber reírse hasta de lo más grave. Y eso los británicos lo tienen clarísimo.

Lo que cuenta 'A Very English Scandal' es cómo este político, que tuvo serias opciones a ocupar el puesto de Primer Ministro, planeó matar a un hombre con el que había mantenido una relación sentimental para intentar ocultar su homosexualidad. Habrá quien leyendo estas líneas piense entonces que estamos ante un thriller, pero el modus operandi y los métodos utilizados fueron tan rocambolescos, tan de brocha gorda, lo convierten en casi una parodia de cualquier historia de crímenes. Porque Thorpe usó toda clase de mentiras para desmentir una noticia que se iba difundiendo a marchas forzadas, porque trató de que un sicario del tres al cuarto perpetrase el crimen, porque lo planeó con unos compañeros de partido sin ninguna entidad… Lo más curioso de esta historia fue que indignó a muchísima gente, no tanto por el idilio entre hombres escondido sino porque un perro terminó siendo víctima de este embrollo.

Este guión en manos de cualquiera podría desvanecerse, perderse en la anécdota, malograrse. Pero afortunadamente cayó en las mejores manos, en las de Russell T. Davies, que ha hecho de la ironía, el sarcasmo y la sutileza las armas imprescindibles para atrapar a un espectador, que no se puede creer que la historia vaya a más y mejor. Por supuesto, la forma no oculta el fondo, una crítica a la doble moral no sólo británica. Estupendo es el trabajo además de los dos protagonistas. Por un lado Hugh Grant, que siempre da tan bien en pantalla con los papeles de hombre perfecto, aunque esta vez tras esa perfección se halle un ser hilarante, cargado de contradicciones, prodigiosamente torpe. Thorpe murió hace cuatro años. Me hubiese gustado saber cómo se hubiese sentido retratado. Pese a lo ridículas de sus acciones, sale bastante bien parado. Ben Whishaw, por su parte, vuelve a estar espléndido, en un personaje frágil y extravagante, que ejemplifica perfectamente la imperante homofobia que en Reino Unido se vivía en los años 70. Al punto de que el muchacho comete toda clase de torpezas y toma decisiones absurdas para tratar de huir de su sexualidad. Digo 'vuelve' porque no hay papel que se le resista a este actor. Recuerda un poco este personaje, por cierto, al que llevó a cabo en la también estupenda 'London spy', salvando matices.

A Frears le cae en las manos un proyecto hecho a su medida. La historia de Inglaterra y su sociedad podría estudiarse a través de los trabajos de este realizador, que aquí juega con maestría entre los distintos tonos y estilos del relato, sin que ninguno desentone. Se llama hacer malabares. Y el cineasta británico sabe hacerlos.

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