'Los Medici', una visión del Renacimiento para todo el mundo

Un fotograma de la segunda temporada./
Un fotograma de la segunda temporada.

La serie que retrata a la familia italiana más poderosa se toma demasiadas licencias históricas, pero termina enganchando al espectador

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Tiene Italia una larga tradición de fantásticas series de televisión que en los últimos años ha terminado de explotar de la mano de la rama transalpina de la multinacional Sky. 'El inspector Montalbano', 'Gomorra' o 'Suburra' son algunas de ellas, pero dos han destacado sobre todas: 'Roma Criminal', basada en el libro del juez Giancarlo de Cataldo, que narra la historia de una pequeña banda de delincuentes romanos que acaba dominando el crimen organizado en la ciudad (los creadores de la española 'Fariña' confesaron que se habían inspirado en 'Roma Criminal'); y '1992', que cuenta el ascenso al poder de Berlusconi en un país sin rumbo tras el caso Tangentopolis. Eran productos de pura artesanía, adaptaciones de libros exitosos, con atmósferas envolventes, escenarios realistas y unos actores, todos italianos, más que creíbles. Auténtica calidad 'made in Italy' vendida en todo el mundo.

Pues bien, 'Los Medici: Señores de Florencia', la última que 'la bota' acaba de exportar, es otra cosa. Se parte de algo muy italiano, sí, la familia más poderosa del Renacimiento, pero el producto final se parece más a películas históricas del tipo de 'Troya', 'El reino de los cielos' o 'Rey Arturo: La leyenda de Excálibur'. O sea, épica de palomitas.

Lo que le pasa a 'Los Medici' es que por el camino pierde casi todos sus ingredientes de italianidad. Es una coproducción de la RAI y la alemana Wild Bunch, que se rodó en inglés con actores internacionales y con el objetivo, desde el principio, de llegar a los mercados internacionales. Por eso, la verosimilitud se sustituye por la espectacularidad y las licencias históricas están a la orden del día: acontecimientos que en la historia se desarrollaron en décadas se resuelven en cinco minutos en la serie; distancias que en el siglo XV tardaban semanas en recorrerse a caballo ahora se hacen, ida y vuelta, en un ratito; batallas que involucraron a enormes ejércitos se terminan con cuatro espadazos; intérpretes que más parecen millenials del siglo XXI que esforzados mandatarios de la Edad Media; en cada episodio hay una escena de porno blando más propia de '50 sombras de Grey' que de una ficción histórica... Y lo más curioso: entre el final de la primera parte de la serie y el inicio de la segunda de la serie transcurren 20 años que nadie sabe muy bien por qué los guionistas se han saltado a la torera: probablemente, porque les pareció que ahí no ocurría nada interesante.

El truco, pensaron ellos, es cambiar a todos los actores y todo solucionado. Pero se equivocaron: durante unos episodios de la segunda temporada, algo chirría (cierto es que el espectador acaba metiéndose en la historia). Entre los intérpretes, a grandes rasgos, podría decirse que están mejor los de mayor edad (Dustin Hoffman, secundario en la primera temporada, y Sean Bean) que los jóvenes y las mujeres (Annabel Scholey, Alessandra Mastronardi y Synnove Karlsen), mejor que los hombres. Richard Madden ('Juego de Tronos') se pasa de frío interpretando a Cosme de Medici en la primera temporada y Daniel Sharman y Bradley James, en la segunda, parecen estar siempre más pendientes de salir guapos ante la cámara que de meterse en el papel de los hermanos Lorenzo y Giuliano de Medici.

Dicho todo lo anterior, a pesar de sus imperfecciones, que no son pocas, y el aroma a serie globalizada y demasiado 'mainstream', las dos temporadas de 'Los Medici' (disponibles en Movistar Plus) se dejan ver. Incluso más: enganchan a cualquier espectador con un mínimo interés por la historia. Ver cómo se construyó la Florencia del siglo XV es un gran atractivo y por lo menos se intuyen las relaciones entre los poderes de la época, con la sobresaliente rivalidad entre las familias Medici y Pazzi como verdadero eje de la trama. Las escenas de acción están bien rodadas, los secundarios aportan al conjunto de la obra y la atmósfera está lograda. Podría decirse que el gran logro de la serie es que, cuando uno acaba de ver un capítulo, o incluso en medio de ellos, pican las ganas de meterse en internet para saber más de los personajes reales, de esos Medici que en la serie apenas quedan perfilados.