'El método Kominsky', una comedia con poca gracia

Alan Arkin y Michael Douglas, en una escena de 'El método Kominsky'./
Alan Arkin y Michael Douglas, en una escena de 'El método Kominsky'.

Michael Douglas da vida a un profesor de interpretación en esta serie que ahonda en las inquietudes que afloran en la etapa final de la vida

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

No es un tema fácil. Podría decirse, incluso, que es una propuesta arriesgada, pero hay algo en 'El método Kominsky', la serie que ha desarrollado la división televisiva de la Warner Bros. para Netflix, que no acaba de funcionar. Y eso que el serial cuenta con un actor de peso en el reparto, Michael Douglas, que regresa así al mundo de la interpretación después de varios años apartado.

Douglas da vida aquí a Sandy Kominsky, un profesor de interpretación algo cínico y descreído que afronta ya la etapa final de su vida con más incertidumbres que certezas. Mujeriego y bebedor, Kominsky es ahora el dueño de una escuela en la que trabaja su hija Mindy (Sarah Baker) -«Sin ella no habría escuela», llega a decir-. A lo largo de los capítulos, el espectador es testigo de excepción de las clases que imparte este actor en el ocaso de su carrera y de su vida: «El actor interpreta a Dios porque Dios es el creador. Nosotros debemos amar nuestras creaciones e insuflarles vida y luego dejarlas a su aire porque el amor es dejar marchar», dice dirigiéndose a sus alumnos al inicio de la serie.

Precisamente, gran parte de la comedia gira en torno a las imposibles puestas en escena de unos alumnos más que peculiares. Así, una de las alumnas apuesta por representar una escena de 'Magnolias de acero' con una sobreactuación digna de Sally Field; otra, en cambio, presenta un guión suyo con el esclarecedor título de 'Incestuosamente tuya', «una comedia sin elementos cómicos», dice.

El otro elemento cómico está en las inquietudes y los problemas que afloran en la etapa final de su vida y la de su mejor amigo, Norman Newlander (Alan Arkin), también su agente. Norman está casado con Eileen, una mujer con un cáncer en estado terminal a la que Kominsky presentó cuando ésta le hizo la cobra y tiene una hija, Phoebe, (Lisa Edelstein), enganchada a los medicamentos que apenas visita a la familia. «¿Cómo va lo de la sitcom?», le pregunta Kominsky. «No creo que debas hacer una sitcom», le contesta Norman. «¿Cómo que no? Mira a los de 'The Big Bang Theory', ganan millones. No me han cogido, ¿no?», pregunta dolido. «No, querían algo más exótico», dice Norman.

En realidad, la mención a 'The Big Bang Theory' no es gratuita. El creador de 'El método Kominsky' no es otro que Chuck Lorre, autor de la serie que protagoniza Sheldon y de otras sitcoms de renombre como 'Dos hombres y medio' y 'Cybill'. Las referencias al género serán una constante, ya sean directas como en el caso que nos ocupa, o indirectas como el hecho de que Danny DeVito, que se dió a conocer en la serie 'Taxi', tenga un pequeño papel como el urólogo de Kominsky.

Tres fotogramas de la serie.

El mal funcionamiento de la próstata -«Últimamente meo en morse, con puntos y rayas», le dice el uno al otro-, el miedo a la muerte -Kominsky parece incapaz de visitar a su amiga Eileen en el final de sus días- o los achaques propios de la vejez -«Lo primero que pienso cuando me levanto es que parte del cuerpo no me funciona», dice Norman- son algunos de los aspectos que toca una ficción con la que, pese a que tiene algunos momentos interesantes -resultan desternillantes las menciones a un pasado glorioso en el que Kominsky daba clases de interpretación y lo que no son clases a actrices de la talla de Faye Dunaway, Diane Keaton o Jessica Lange-, resulta difícil conectar.

Ni siquiera el inicio de un idilio amoroso con Lisa (Nancy Travis), una mujer de cincuenta años, divorciada y con un hijo que acaba de empezar a recibir clases en la escuela de interpretación, resulta atractivo en unos primeros episodios que cuentan con los cameos de Jay Leno o Patty LaBelle haciendo de sí mismos.

 

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