'House of Cards': Claire toma el control de tu televisor

Robin Wright, en el papel de Claire Underwood./
Robin Wright, en el papel de Claire Underwood.

Robin Wright se echa a la espalda el peso de la serie con una última temporada que, si bien arranca demasiado tarde, cuenta con un final a la altura de su pasado

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Fue una casualidad, pero lo cierto es que no pudo llegar en mejor momento. Después de cuatro temporadas en silencio [ATENCIÓN, 'SPOILER'], Claire Underwood (Robin Wright) se dirigía por vez primera a los espectadores de 'House of Cards' en la quinta temporada. Lo hacía con la arrogancia que su esposo Frank Underwood (Kevin Spacey) había practicado durante años. Y también con cierta desconfianza. «Seamos claros, no es que no supiera que estaban ahí. Es que siempre he tenido sentimientos encontrados acerca de ustedes. Pongo en duda sus intenciones. Pero no se lo tomen de manera personal. Así me siento respecto a casi todo el mundo», decía mirando fijamente a cámara y rompiendo por vez primera la cuarta pared. Al final de aquella temporada, Claire resultaba aún más rotunda: «Es mi turno». Desde luego, el serial estaba dando cada vez más importancia al personaje al que da vida Wright y todo apuntaba a que el enfrentamiento entre Frank y Claire centraría la siguiente temporada.

Y entonces la vida real se interpuso en el guión. Después de las múltiples acusaciones de abuso sexual contra el productor Harvey Weinstein y con el auge del #Metoo en Hollywood, varios hombres, algunos de ellos menores en el momento del acoso, acusaron a Kevin Spacey de abusos sexuales a lo largo de diversos rodajes y de conductas inapropiadas en el set de rodaje de 'House of Cards'. Incluso Scotland Yard abrió una investigacion sobre varios casos de abuso en el Old Vic Theatre de Londres, del que Spacey fue director artístico entre 2004 y 2015. Netflix rescindía entonces el contrato del actor y apostaba por hacer una última temporada con Claire como protagonista. En España, acaba de estrenarla Movistar+, pues tiene en exclusiva los episodios hasta dentro un año.

La maquinaria publicitaria de la plataforma de contenidos no ha dejado de funcionar y dos meses antes del estreno ya jugaba con la muerte de Frank en los primeros 'teasers', con Claire despidiéndose de su marido en la tumba. «Te diré esto Francis: cuando me sepulten a mí no será en el patio trasero. Y cuando expresen sus condolencias, tendrán que hacer fila», afirmaba desafiante.

Y precisamente esa es una de las tramas en torno a las cuales gira la última temporada de la serie. ¿Murió Frank por causas naturales o fue asesinado? En tal caso, ¿quién lo hizo? Son solo algunas de las preguntas a las tratan de dar respuesta ocho capítulos en los que la ausencia de Frank Underwood sobrevuela todo el metraje. «No se crean una sola palabra de lo que Francis les dijo en cinco años. Yo voy a contarles la verdad», llega a decir Claire al comienzo. Sin duda, el peso de toda la ficción recae ahora en Wright, perfecta en su papel frío y despiadado. Los nuevos episodios incluso exploran en su pasado a través de pequeños flashbacks que ayudan a contextualizar su presente y sus motivaciones. La actriz y productora, que ya había dirigido varios episodios en anteriores temporadas y dirige también el primero de la última, se ha implicado aún más en la redacción de los guiones con la marcha de Spacey.

La sexta temporada empieza un mes después de la muerte de Frank. Claire Underwood, la nueva presidenta de los Estados Unidos, se ve ahora presionada por todos los frentes, su reputación está cayendo en picado y tanto fuera como dentro de su gabinete es puesta en tela de juicio. Al parecer Frank había llegado a ciertos acuerdos con determinadas personas que ahora ven cómo todo se ha echado a perder. En este sentido, la serie pone el foco en Annette, una vieja amiga de Claire, y Bill Shepherd, interpretados por Greg Kinnear y Diane Lane, dos hermanos empresarios con importantes conexiones con el vicepresidente de la Casa Blanca, Mark Usher (Campbell Scott), al que manipulan casi a placer.

Es una de las tramas principales y, con toda probabilidad, también una de las más aburridas en una historia que ha apostado de forma muy inteligente por dar más importancia a los papeles femeninos -resulta memorable la escena del gabinete presidencial conformado sólo por mujeres-. Así, serán especialmente intensos los desencuentros no solo con Annette Shepherd, sino también con la periodista Melody Cruz (Athena Karkanis) y con la funcionaria Jane Davis, a la que da vida Patricia Clarkson. Por el camino, referencias directas al incremento en internet de las noticias falsas, a la injerencia de los rusos en el sistema democratico estadounidense y una investigación periodística a cargo de Tom Hammerschmidt (Boris McGiver) y Janine Skorsky (Constance Zimmer).

A todo ello hay que sumar el regreso a la acción de Doug Stamper -Michael Kelly está de nuevo excelente-, el fiel escudero de Frank Underwood, después de pasar una temporada en una suerte de centro psiquiatrico. Su papel irá tomando fuerza a medida que progrese la temporada. Una temporada que realmente empieza a mostrarse interesante a raíz del sexto episodio, cuando la trama da un giro importante. Puede que llegue tarde y no cabe duda de que la serie ha perdido frescura en todos estos años -pocas tramas aguantan tantas temporadas-, pero la despedida está a la altura de su pasado.

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