'Veep', el fin de un ciclo político

Julia Louis-Dreyfus es la protagonista de 'Veep'./
Julia Louis-Dreyfus es la protagonista de 'Veep'.

La ficción protagonizada por Julia Louis-Dreyfus se despide tras siete temporadas en antena y numerosos de premios Emmy

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

Asumámoslo. Selina Meyer se ha despedido: de las elecciones, de la Casablanca, de 'Veep', de nuestras vidas. El personaje que quizá nunca votaríamos, (¿o sí?, ¡hola, Trump!) pero que nunca nos cansaríamos de ver. Es lo que tienen las ficciones, puedes fantasear y reírte de dirigentes políticos estúpidos y vanidosos. ¡30 minutos a la semana son una dosis estupenda! ¡Ojo, 30! ¡Ojo, en ficción!

La serie que empezó siendo una reconstrucción del día a día de una vicepresidenta de Estados Unidos, bien parecida entonces a un pseudo alter ego de la candidata al puesto, Sarah Palin, acabó siéndolo de la administración americana al completo. 'Veep' nació con Barack Obama y finaliza con Donald Trump de quien, junto a las imitaciones de Alec Baldwin, ha sido el gran azote opositor desde la pequeña pantalla. No es un dato cronológico menor. Durante sus cuatro primeras temporadas escaseaban las referencias del mundo real, era un simple (y brillante) ejercicio de política ficción. Su protagonista, Selina Meyer, es narcisista, ambiciosa y pragmática. El perfil perfectamente trazado de una figura patética en la búsqueda permanente de la adoración pública. Su actriz, Julia Louis-Dreyfus, le aporta las dosis exactas para conseguir la empatía del espectador. Una interpretación brillante que le ha valido tantos Premios Emmy como a los que se ha presentado (seis). Los secundarios no se quedan atrás: el perrito faldero Gary Walsh (Tony Hale), el irreverente Jonah Ryan (Timothy Simons), o la entrañablemente confusa Amy Brookheimer (Anna Chlumsky).

Durante su evolución, cambió. Se volvió más canalla coincidiendo con la salida de su creador, Armando Iannucci ('The thick of it'). También lo hicieron los programas, las series, los editoriales de los periódicos, y tantas cosas desde las últimas elecciones. Las tramas que siempre estuvieron ahí ganaban peso y la actualidad estaba más presente que nunca. La contracampaña se hacía real. No había semana sin alusiones al racismo, los conflictos con China, el matrimonio igualitario. La recién finalizada séptima y última temporada -más corta de lo normal- se centró en las idas y venidas de un proceso de primarias. Y ahí, las alusiones al #MeToo, a la interferencia de las naciones extranjeras en los resultados, a la hilarante campaña contra las 'matemáticas musulmanas', a ilegalizar las bodas gais para conseguir los votos necesarios de los delegados del Congreso. Y etcétera. El todo por el todo. Y ese todo, el Despacho Oval.

¿Se vuelve 'Veep' más realista o es la política la que se torna más surrealista? En tiempos de 'Scandal' o 'House of Cards', tiene en común con ellas la búsqueda del poder y, sobre todo, la necesidad de él como forma de vida, como algo que corre por la sangre sin lo cual todo deja de tener sentido. ¿La diferencia? Aquí el escenario es la perfecta anti-Ala Oeste. La sátira tranformada en la incorrección y el absurdo. Y de ahí hasta el epílogo que esconde una parodia, o simple reminiscencia, a la venerada 'A dos metros bajo tierra'. Y con un gag la coincidencia de su muerte -años después- con la de Tom Hanks, una noticia mucho más importante para los noticieros. La irrelevancia.

Una bajada de telón con moraleja en forma de advertencia sobre lo que supondría una victoria de Selina Meyer en los próximos comicios estadounidenses previstos para 2020. Es decir, una derrota para todos. En tiempos de finales cuestionados, 'Veep', merece el aplauso. La serie no apta para votantes descritos en la serie como estúpidos. Si no eres de ellos, ya la estarás echando de menos. Aunque ya se sabe, si Selina gana, todos perdemos.

Las siete temporadas de 'Veep' están disponibles en HBO.