La universidad no descansa en verano

Alumnos americanos, llegados de la Universidad de Charlotte (California), acudirán a clases                     en el campus cántabro durante el mes de junio. /
Alumnos americanos, llegados de la Universidad de Charlotte (California), acudirán a clases en el campus cántabro durante el mes de junio.

La gestión académica, la investigación y los cursos de idiomas continúan en julio y agosto

JOSÉ CARLOS ROJO

Por los pasillos del campus cántabro no se escucha el bullicio habitual. Incluso hay espacio para estacionar el coche, algo inaudito en cualquier otro momento del curso. Pero al contrario de lo que se pueda pensar, no todo el mundo cierra la puerta y se va de vacaciones en estos meses de estío. La actividad continúa más allá de los Cursos de Verano, que sobre todo en julio atraen a centenares de alumnos a la región. Durante los meses de calor se mantiene también viva la investigación, la gestión y la docencia.

«Nosotros de hecho es ahora en verano cuando más trabajamos», certifica María Luz Sánchez, jefa del Servicio de Gestión Académica. El servicio se encuentra estos días en constante ebullición con las matrículas, la Prueba de Acceso a la Universidad y los traslados de Expediente, entre otras cosas. «Para las 21 personas que trabajamos aquí es crucial que los alumnos y las familias tengan un buen servicio sobre todo en un momento tan importante como es el ingreso en la universidad», comenta.

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La docencia se extiende por la región

Cursos de Verano

La mayor actividad estival de la Universidad de Cantabria es sin duda la de los Cursos de Verano. Precisamente este año la oferta abarca a dos tercios de la población cántabra con la incursión de tres nuevas sedes en un programa que se extiende por 23 municipios. Las temáticas, de lo más diversas, abarcan desde el arte y la cultura, la investigación, la ciencia y la tecnología. La oferta se completa también con un programa de conferencias, centradas en su mayoría en la sede de Laredo. Inaugura los cursos el historiador Pablo Fernández Albadalejo.

Más trabajo que nunca

La mayor parte de los trámites se realizan por vía electrónica pero en estos primeros pasos el estudiante prefiere el contacto con el servicio para resolver dudas de primera mano. «Acuden a nuestra sala de informática, donde tienen a mano la aplicación para realizar todas las gestiones y donde también pueden desplazarse para preguntarnos cualquier duda». La vorágine se percibe nada más entrar en el servicio, en la torre C de la llamada Casa del Estudiante, en el campus de Las Llamas. Y una vez termina la cumplimentación de matrículas, tampoco hay descanso. «De octubre a noviembre se trabaja en todo el programa de becas y luego viene un trabajo ingente de asuntos relacionados con los intercambios, la oferta formativa completa de la universidad, -de unas 4.000 asignaturas- que se presenta en junio, las actas de calificaciones, las solicitudes de título, etc», explica Sánchez.

Todo esto constituye la intrahistoria de la universidad. Toda esa labor que no se ve pero que mantiene a la institución en funcionamiento. Ocurre algo parecido con la investigación, el Gobierno de los diferentes centros o las prácticas. «Parece que en verano estamos parados y casi que se trabaja más, de verdad», certifica la jefa de estudios de la Escuela de Ingenieros Industriales y de Telecomunicaciones, Raquel Ibáñez. «Hay muchos alumnos que aprovechan el trabajo para realizar sus prácticas profesionales. Eso implica al alumno, que no descansa en verano, pero también al profesor que ha de tutorizarlo». «Luego están los que tienen que hacer el trabajo fin de carrera o el trabajo fin de máster, que son muchos, y que se encuentran ahora libres de la carga lectiva habitual para poder dedicar ese tiempo a ese cometido», destaca.

Más ceñido a lo que tiene que ver con el propio gobierno del centro, el cuerpo docente comienza ahora a preparar los planes de evaluación del curso próximo. «Es esencial que lo tengamos listo pronto para que el alumno conozca las pruebas que va a tener, y que los profesores también las tengan en cuenta para evitar solapes de exámenes y sobrecarga de trabajos», explica Ibáñez.

Es ahora también tiempo de congresos y de confección de todo el papeleo que implica la solicitud de una ayuda de cualquier naturaleza para investigación. «Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando para ganar una convocatoria europea para un gran proyecto de investigación. Eso se trabaja ahora, porque es precisamente cuando se supone que los docentes e investigadores tienen algo de tiempo, con la pausa de las clases», dice el profesor Eugenio Bringas, también de la Escuela de Industriales.

Incluso más allá de todas estas labores de gestión, la propia actividad académica continúa no solo con los Cursos de Verano, sino también con monográficos específicos para grupos de intercambio y con programas de idiomas pensados para quien quiere aprovechar el tiempo de estío para algo más que la playa.

Un programa veterano

«Ya son 30 años los que hemos mantenido el convenio con la prestigiosa Universidad de Charlotte de California y este curso lo mantenemos con este grupo de alumnos que acuden a Cantabria para aprender español y finanzas». La exdecana de Económicas y profesora de esa facultad, Begoña Torre, prepara el terreno para el desembarco anual de alumnos americanos. «Saben que la formación aquí es sólida, que tiene nivel. También aprecian sobremanera la posibilidad de aprender castellano y además les gusta la ciudad para pasar unas semanas en verano. Saben que es un entorno muy turístico y con muchos planes por hacer y que no tienen que preocuparse por la seguridad».

Alguno de ellos incluso aprovechará la oportunidad que brinda durante el verano el Centro de Idiomas del campus cántabro para cursar alguno de sus programas cortos. «Hay monográficos intensivos de alemán, francés, italiano y portugués», confirma la directora del centro Carmen Murillo. «La mayor parte de los estudiantes se decantan por el inglés por el hecho de que la universidad pide un nivel B2 para adquirir el grado. Pero también hay gente que aprovecha el verano para estudiar el nivel básico de algún idioma que se le va a requerir para disfrutar de una beca Erasmus. Otros optan por hacer unos monográficos convalidables para certificar ese B2 por otras vías, etc». «Y lo más importante es que necesitamos que todo el mundo conozca que la actividad del CIUC se mantiene en los meses de julio y agosto, y que son cursos abiertos a todo el mundo, no solo a la comunidad universitaria».

 

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