Aquellas cámaras y fotografías

Aquellas cámaras y fotografías

Los carretes fotográficos han pasado a la historia con las nuevas tecnologías

JAVIER RODRÍGUEZSantander

Ha cambiado tanto la sociedad en poco tiempo… He aquí otro ejemplo: las cámaras y las fotos. En comparación con quienes usan las de sus móviles, ¿cuántas personas utilizan en la actualidad las cámaras de carrete? Para comprobarlo no hace falta nada más que acudir a cualquier acto. Recuerdo la primera cámara que me compraron mis padres y la ilusión de ir a la tienda a revelar el carrete con la esperanza de que las fotos me hubieran quedado bien. O sea, no «movidas».

Lo más complicado del asunto resultaba colocar el dichoso carrete. Que enganchara en los engranajes no siempre se lograba a la primera. Cada vez que tenía que instalarlo nunca estaba seguro de haberlo hecho correctamente, hasta que veía avanzar el numerito.

Si era en b/n se tardaba menos en revelar las fotos que si era en color. Entonces había que llevarlo fuera de la tierruca, por lo que la entrega se producía bastantes días después.

Mención aparte merecen, como curiosidad, las cámaras Polaroid. Aquello de que pudiera salir de la misma máquina una foto revelada a los pocos segundos de haber sido captada, me parecía pura magia. Como el fax, también genial invento.

Una de las ventajas de las fotos de antaño (o sea, las generadas en cámara sin teléfono, sin calculadora, sin agenda, sin reloj, sin email, sin WhatsApp, etcétera) respecto a las de hogaño es que permitían crear álbumes para enseñar a vecinos, parientes y amigos. Ahora los álbumes son 'pendrives'. ¡Enorme diferencia!

Salta a la vista que el ayer y el presente fotográfico de la mayoría de ciudadanos apenas admiten una ligera comparación. Queda claro que en esta materia, como cantaba en «La verbena de la Paloma» don Hilarión, «hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad». Cierto.

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