El camino hacia el éxito siempre comienza con obstáculos

El camino hacia el éxito siempre comienza con obstáculos

Al afrontar cualquier objetivo encontrarás la maldita frase «no lo hagas», pero debes focalizarte y luchar

EDUARDO BLASCO

Toda gran obra o carrera, todo objetivo, tiene un primer paso, ese primer escalón que todos debemos dar. Los hay que lo dan temerosos, los hay decididos, pero todos tienen que pasar por esa primera fase, esa frase, maldita, «no lo hagas».

La mediocridad, en su sentido estricto, es un ancla, un cinturón de plomos que trata de absorberte. No permitirá que avances y menos, si es en su detrimento. Es posible que en ocasiones, lo que te frenan a dar ese primer paso hacia tu sueño, tu futuro y tu meta, lo hagan con buena intención, pero no deja de ser un lastre.

Tu pareja, las circunstancias, la familia o tu economía pueden ser parte de ese discurso cómodo, que te haga desistir de ser diferente, de ser mejor, para posteriormente ser uno más, quizá, hasta logren que tú mismo desanimes a los nuevos soñadores, víctima de la frustración.

Mi consejo es que desconfíes, que seas crítico y trabajador. Es bueno escuchar, pero más aún es analizar lo que escuchas, la envidia es tremenda y, a veces, se disfraza de amabilidad o de un «te lo digo por experiencia».

Si por otro lado, eres de esos que intentasteis conseguir tu meta por desgracia no lo conseguiste, enhorabuena, nunca te quedarás con ese mal sabor de boca, de no haber probado suerte y podrás guiar a otros a tratar de ser mejores o, simplemente, tener más fortuna.

Si por el contrario, te acomodaste en tu circunstancia, te conformaste y tienes esa espina clavada, aún no es tarde para ti. Está bien que opines sobre los planes de otros, familia o amigos, si ellos te piden tu opinión, pero lo más importante es que canalices esa frustración, que tornes la envidia en admiración y disfrutes del triunfo de los demás. Anima, aporta y da un punto de vista objetivo, limpio.

«El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio». Goethe.

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