Cuando se dejaba la puerta abierta

Las puertas en el pasado quedaban abiertas en las casas./DM
Las puertas en el pasado quedaban abiertas en las casas. / DM

En el pasado había más seguridad y confianza con los vecinos

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

Otro de los detalles en los que más se nota la diferencia entre el pasado y el presente radica en las puertas de las casas. Las de antaño estaban abiertas la mayor parte del día. Literal: ¡abiertas! Sobre todo, en los pueblos o barrios pequeños. Solían ser de media hoja, y la inferior era la única que permanecía sujeta (generalmente, para procurar que no se colaran ratones y más especies poco agradables). Lo cierto es que hasta la deseada hora de cenar y dormir en el «cine de las sábanas blancas», muchas no se cerraban. Y nadie entraba a robar. Como para hacer lo mismo ahora…

Llaves con mucha solera.
Llaves con mucha solera. / DM

Este matiz de las puertas invita a recordar, en paralelo, que antaño las personas salían con frecuencia de casa, pues la vida en sociedad se practicaba en la calle. La manera de vivir era muy distinta. Salir de la propia para ir a la de la vecina resultaba algo cotidiano, normal. Se pasaba de unos domicilios a otros sin ningún tipo de problema. ¿En las casas de cuántos vecinos se entra hoy?

Detrás de una puerta siempre puede esperar una sorpresa.
Detrás de una puerta siempre puede esperar una sorpresa. / DM

Otro aspecto curioso de la cuestión es que cuando se dejaba temporalmente el domicilio y la puerta cerrada para ir a realizar la compra, a trabajar, etcétera, solía depositarse la llave debajo del felpudo. Así, cuando llegara alguien de la familia que no la tuviera sabía donde encontrarla. Era una medida de «seguridad» popular y eficaz.

Daría para un capítulo completo escribir sobre las cerraduras y llaves de aquellos años, ingenios incomparables con los de hogaño. Y sobre los artefactos (picaportes) destinados a golpear en las puertas para que se enteraran quienes estaban dentro de la casa de que alguien deseaba entrar. El timbre es un invento modernísimo. Y no digamos nada el portero automático, claro…

¡Lo que ha cambiado los tiempos en materia de (in)seguridad!

Síguenos en: