Hermoso caos

Hermoso caos

MELA REVUELTA

Ruido o silencio. No lo sé. Es difícil desconectar del ruido casi tanto como acallar al silencio. Ausentarse de las redes sociales o dejarse devorar por ellas. Personas que bloquean a otras virtualmente porque su ruido les abruma, mientras otras fuman «me gusta» o silencios en un adictivo gesto de su pulgar. Y es que a nuestra educación le faltan asignaturas como aprender a manejar esta irrealidad o de cómo en lugar de ponerse en la piel del otro hacerlo en el corazón. No debiera ser tan embrollado si ya pasamos por integrar el control de calidad en nuestras vidas que, a cada poco, se testa en una ISO, pero en mi hermoso caos recupero aquellas sensaciones cuando te fiaban en la tienda del barrio, cuando las cosas eran claras como el agua y las que se veían turbias, se escapaban por el desagüe.

Así es que, en esta dualidad tan latente, no hago ascos a nada porque creo tanto en el poder de la tecnología para acercarte a personas maravillosas y a una fuente de sabiduría bellísima tras el icono de una lupa como que la mejor red social es una mesa compartida. Ahora bien, si me das a elegir… me quedo con nosotros repartiendo brindis, como lo hiciera el Rey Arturo con sus caballeros y donde incluso había un asiento para el Mago Merlín, porque la magia nos acerca.

Admiro la autenticidad del que no tiene miedo a ser original, pero también respeto profundamente a quien necesita descorchar su timidez tras una pantalla. Salir a bailar como si nadie te viera… como al niño que le cubren los ojitos y realmente cree que es invisible. Y en mi hermoso caos, salgo a bailar con la máscara puesta… no dudo que a una vuelta entre mi ruido y mi silencio se desanudará la lazada. Y entonces… el caos sigue siendo caos pero más libre y más bello. Mío.

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