Cuando no se tiraba nada de comida

Cuando no se tiraba nada de comida

En el pasado se aprovechaban todos los alimentos en pro de la economía doméstica

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

¿Cuánta comida se tira hoy a la basura? Mucha. Antaño, en cambio, nada: se aprovechaba todo. ¿Que quedaba un poco de la carne del pollo? Se troceaba para hacer croquetas. ¿Que había sobrado un trozo de la barra de pan del día anterior? Se cortaba para hacer sopa de pan o ajo. ¿Que se formaba nata al hervir la leche? Se hacía con ella mantequilla. Y así sucesivamente…

Hoy día, como son tantas las economías domésticas que se pueden permitir lujos, las casas se han convertido en restaurantes a la carta donde cada cual come un plato distinto y lo que sobra va directo… a la bolsa de basura. Literal. En este, como en montones de asuntos, hemos transitado de una realidad a su polo opuesto. Parece obvio que en el término medio radica la virtud, pero no resulta la especie (en teoría) humana muy modélica en materia de actitudes.

Lo peor del asunto es, de entrada, su connotación moral teniendo en cuenta la cantidad de personas que pasan hambre a diario en el mundo. Y después el pésimo ejemplo que los adultos les damos a los niños en casa, territorio donde han de recibir su principal educación/formación. Ahora, si el crío no quiere tal comida… se le prepara otra.

En otros tiempos, si no querían (es decir, no queríamos) lentejas para comer las encontrábamos en el mismo plato a la hora de la merienda. Y si no, a la hora de la cena. ¿Consecuencia? Como el hambre acababa apretando, en algún momento comíamos al menos una parte (eso sí: con cara de asco).

De aquellos años (de un extremo) hemos pasado a los presentes (otro extremo). Antes se comía «lo que había». ¿Alubias con chorizo? Pues alubias con chorizo. ¿Patatas con carne? Pues patatas con carne. ¿Garbanzos con arroz? Pues garbanzos con arroz. ¿Judías con patatas? Pues judías con patatas. En definitiva, lo que mamá hubiera preparado. ¡Y tan contentos! O no, pero sabiendo que las alternativas eran cero. Por supuesto: todos comíamos lo mismo y juntos. Como ahora, vamos.

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