Cuando volvíamos al colegio

Visión de un aula con mucha historia./DM
Visión de un aula con mucha historia. / DM

En el ayer regresar a las aulas implicaba mucho material escolar genuino y ahora vintage

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

Resultan inolvidables las vueltas al cole. En otros tiempos –por ejemplo, los de mi infancia- eran, por lo que respecta al «material de trabajo», completamente distintas a las actuales. Hoy no es novedad estrenar lápices, bolis, rotuladores, pinturas de cera, goma de borrar, mochila (entonces, cartera), etc. Antaño, sí.

Clásicos como el estuche compartimentado, los lápices Alpino o las gomas Milan.
Clásicos como el estuche compartimentado, los lápices Alpino o las gomas Milan. / DM

Todos los que peinamos alguna que otra cana tenemos frescos en el recuerdo objetos como el estuche, la caja de pinturas «Alpino», la goma de borrar «Milan», la escuadra, el cartabón, el compás, las plumillas, los tinteros de «Pelikan», los secantes, la «Enciclopedia Álvarez», el sacapuntas, los cuadernos «Rubio» e incluso el popular «pizarrín» (que un servidor usó porque disponer de muchas libretas constituía sinónimo de lujo asiático).

Los cuadernos Rubio fueron un éxito editorial.
Los cuadernos Rubio fueron un éxito editorial. / DM

Volver al colegio significaba reencontrarse con antiguos compañeros de aventuras y otros recién aparecidos en el horizonte; descubrir asignaturas, etc. Es decir, que tenía su interés. Como a los chavales y chavalas nos hacía ilusión estrenar cosas, la oportunidad parecía inmejorable.

La clásica cartera del cole en el ayer.
La clásica cartera del cole en el ayer. / DM

No se pueden comparar las aulas de entonces con las de ahora. Las antiguas solían incluír, entre otras cosas, la clásica pizarra para escribir en ella mediante tizas, un mapa de España y una bola del mundo que hoy tampoco tendría vigencia, pues incluso los países han cambiado.

Mapa de España y una bola del mundo, presentes en todas las aulas.
Mapa de España y una bola del mundo, presentes en todas las aulas. / DM

Y de sus pupitres, ¡qué decir! Eran de madera y estaban bastante pintarrajeados con todo tipo de inscripciones. ¿Motivo? Desde la más tierna edad el ser humano anhela dejar huella donde está para que otros miembros de la especie sepan dónde estuvo. Así es (o sea, somos).

El pizarrín, todo un objeto de coleccionistas.
El pizarrín, todo un objeto de coleccionistas. / DM

El recuerdo del retorno a las clases resulta, por lo indicado aquí, agradable. Y provechoso, pues gracias a los maestros aprendíamos de verdad. Evocado a estas alturas, cuando por culpa del DNI queda tan lejos, provoca una inevitable nostalgia. La misma que todas las experiencias felices vividas, que el tiempo se llevó y nunca volverán. Snif.

La recordada Enciclopedia Álvarez.
La recordada Enciclopedia Álvarez. / DM

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