Todo lo que debes saber antes de comprar un dron

Todo lo que debes saber antes de comprar un dron

La normativa vigente restringe mucho las zonas en las que pueden utilizarse estos aparatos

SARA BORONDO

Uno de los mercados que está experimentando un crecimiento espectacular es el de los drones, sobre todo con fines recreativos. El European Drones Outlook Study elaborado por SESAR (un proyecto de la Unión Europea para implantar un sistema de gestión del tráfico aéreo) establece que en los últimos años se vende en Europa entre un millón y millón y medio cada año para uso civil en una doble vertiente. Por un lado, están quienes hacen un uso recreativo de los aparatos por control remoto (también llamado RPAS). Por otro, el uso profesional, que va desde realizar un vídeo de bodas diferente al habitual a la búsqueda de restos arqueológicos, la inspección de estructuras, la detección de las vides maduras para su recolección o la fotografía aérea para dibujar mapas.

Hasta 2010 los drones eran de uso casi exclusivo militar, pero desde entonces se ha ido extendiendo su uso al tiempo que mejoraba la tecnología en la transmisión de imágenes o la duración de la batería (algunos de uso recreativo superan los ocho kilómetros de autonomía). Para 2050 el European Drones Outlook Study prevé que haya en Europa siete millones de drones recreativos y 400.000 de uso comercial, una cifra plausible si se mantienen los espectaculares crecimientos en ventas de los últimos años y que podría suponer que la de piloto de drones sea una de las nuevas profesiones que crecerán gracias a las nuevas tecnologías.

Pero no todo es tan sencillo como comprarse uno de estos aparatos y empezar a utilizarlo donde uno desee. Existen unas condiciones de vuelo muy específicas, que aplican tanto a los «taxis aéreos» de Uber Elevate como al aparato de dos kilos que utilizamos para tomar fotos en la playa.

Por extraño que parezca, utilizar cualquier punto del espacio aéreo tiene grandes restricciones, y esto incluye a cualquier aeronave, aunque sea un RPAS pequeño. El gobierno actuó rápido cuando comenzó la popularidad de los drones y en 2014 publicó un real decreto estableciendo un marco jurídico para pilotar los RPAS.

Además, en marzo de este año se presentó un Plan Estratégico para el Desarrollo del Sector Civil de los Drones en España y los países de la Unión Europea están intentando establecer una norma común a todos los países miembros. «No obstante, los protocolos y coordinaciones entre administraciones necesarios para poder efectuar los vuelos en los nuevos escenarios aún no se han redactado o aprobado en su totalidad por lo que, a efectos prácticos, continuamos trabajando según el régimen de declaración de responsable introducido en la legislación anterior, hace ya más de cuatro años», apunta Ander García, Ingeniero aeronáutico y director técnico de Drone by Drone, una de las empresas en Bilbao habilitadas por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) para la operación profesional con drones.

Objetivo: compartir el espacio aéreo con seguridad

La legislación actual establece que los drones civiles deben operar en zonas separadas de las utilizadas por la aviación convencional, al menos hasta que se pueda compartir espacio aéreo con seguridad. Es una medida que puede parecer exagerada, pero algunas pruebas realizadas indican que tienen sentido vistos los daños que puede provocar un RPAS en el ala de un avión.

El Plan Estratégico contempla como posible panorama que, más allá de 2030, los RPAS pueden servir como aerotaxis y para distribuir pequeña paquetería en alturas inferiores a los 120 metros, algo para lo que se están preparando empresas como Amazon o UPS. Hasta Correos inició en 2015 un programa piloto en Asturias para llegar a pueblos remotos.

El plan también contempla que hasta los 4.000 metros pueden operar drones para el transporte de viajeros de largo alcance, lo que está cada vez más cerca de ser una realidad. El Ehang 184 es un taxi aéreo autónomo chino con capacidad para dos personas que está realizando pruebas con pasajeros y Uber está trabajando con la NASA en un sistema de control aéreo automatizado para utilizar drones de reparto de paquetes o como taxi sin colisiones utilizando el big data.

Para alturas de hasta 11.000 metros, el Plan calcula que se podrán usar drones para operaciones de carga de largo alcance y, por encima de ella, habrá una integración completa en el espacio aéreo. Se contempla incluso un futuro U-Space, la gestión integral del tráfico aéreo a baja altura utilizando las redes de comunicación de datos 4G y 5G.

Dentro del futuro previsto, los drones servirán, además de para transportar paquetes y personas; para ejecutar obras, vigilar fronteras, prestar servicios de emergencia, como estaciones repetidoras de telecomunicación... Hasta para el entretenimiento, como apoyo a la pirotecnia en un espectáculo musical o implicados en carreras competitivas.

La actualidad: fotografía y reconocimiento visual

La realidad actual no llega aún a estos extremos. El 61% de los drones fabricados en 2016 eran de corto alcance y con un peso inferior a los 25 kilos, destinados a fines recreativos y servicios profesionales relacionados con la grabación de imágenes. Javier Rodríguez empezó a utilizar estos aparatos «como herramienta para grabar vídeos, hacer fotografías aéreas. Pero es que, además, son muy divertidos de volar, aunque no es fácil». «Decidí sacarme el título de piloto profesional de drones porque quería saberlo todo acerca de este mundo, y no porque pensara trabajar con ello, aunque nunca se sabe», añade.

Para conseguir este título hay que aprobar los certificados teórico y práctico y contar con un certificado médico de clase aeronáutica. Además, para trabajar como piloto profesional hay que hacerlo bajo el amparo de una operadora habilitada, explica García Barroso.

Para utilizar un RPAS con fines recreativos no hay requisitos, aunque sí hay que conocer las limitaciones de esta actividad. La AESA recuerda que cualquier dron es una aeronave y debe someterse a las normas vigentes o quien opere el aparato se arriesga a ser multado con hasta 225.000 euros. Además de recomendar un seguro a terceros para cubrir posibles daños que cause el dron, la AESA establece las normas que hay que tener en cuenta:

-Siempre hay que tenerlo a la vista y no superar una altura de 120 metros del suelo.

-Volar de día (no de noche si el dron pesa más de 2 kilos.), en condiciones metereológicas favorables (ni niebla, lluvia o viento) y en zonas adecuadas.

-Tener más de 18 años o contar con la supervisión de un adulto.

-No difundir imágenes de personas o espacios privados sin autorización. Es necesario cumplir la Ley de Protección de Datos, la del Derecho al Honor, Intimidad y Propia Imagen y las restricciones de toma de imágenes aéreas.

-No volar sobre aglomeraciones de edificios ni sobre personas.

-No volar a un mínimo de 8 kilómetros de aeropuertos, aeródromos, etc.

-No volar en espacio aéreo controlado ni donde se realicen vuelos a baja altura (parapente, paracaidismo, planeadores, etc.).

-No poner en peligro a terceros ni molestarles. Esto incluye tanto a personas como a otras aeronaves.

Los pilotos profesionales necesitan autorización para volar sobre aglomeraciones de edificios o personas, de noche, cerca de aeropuertos o espacios aéreos controlados y no pueden molestar a terceros, todo ello con sanciones que pueden llegar a los cuatro millones y medio de euros. El RPA debe llevar fijada a la estructura una placa de identificación ignífuga con los datos del fabricante y del piloto y los datos de contacto de este.

Características que debe tener un dron para principiantes

García Barroso sostiene que, para iniciarse en el uso recreativo de drones, los modelos que hay actualmente en el mercado por encima de 500 euros reúnen las condiciones de seguridad y operatividad básicas. «Debe contar con sistemas de terminación de vuelo seguro y unos sistemas de emergencia básicos. El principal fabricante de drones del mundo es DJI, con sus modelos Mavic Ari, Mavir 2 Pro o Sparc como aparatos de primer acceso, con unas condiciones de vuelo muy buenas. Parrot con su Bebop 2 o Anafi o Yunnec con su modelo Breeze no le andan a la zaga», apunta.

Entre las características que hay que tener en cuenta está su autonomía, que suele ser de entre 10 y 25 minutos. Aunque cada vez duran más las baterías, la recomendación general es llevar de recambio y un cargador.

Algunos tienen la opción de volver al punto de partida al final del vuelo, una buena manera de asegurarse de que no se perderá el aparato por un mal pilotaje. Y no hay que olvidar que siempre debe ser un dron pensado para vuelos en exterior, ya que los de interior son complicados de manejar en exteriores.

Piezas de repuesto

También es importante asegurarse de que se podrán conseguir sin problemas piezas de repuesto y que serán fáciles de reemplazar. Es habitual que se rompan los rotores, sobre todo al principio, cuando la falta de práctica o el exceso de confianza puede llevar a que el aparato choque con algún obstáculo o caiga al suelo en una maniobra defectuosa.

El control de un dron se puede realizar con radio control (RF) o por Wi-Fi, mediante el teléfono móvil. La primera es más fácil de manejar y precisa y el alcance es mayor, y la segunda utiliza una red creada por el RPAS a la que se conecta el smartphone o tablet.

Buena parte de los drones actuales están preparados para instalar en ellos una cámara o la traen incorporada. Su función es transmitir la imagen o bien a una pantalla que tenga el mando, o a un smartphone o tablet, lo que permite a quien maneja el RPAS ver en tiempo real el vuelo.

Una vez ya está comprado el dron hay que elegir una zona despejada para aprender a manejarlo, ya que no es tan fácil como parece. Abundan las historias de drones que han desaparecido entre los árboles o han volado directamente hacia su destrucción golpeándose con un edificio.

 

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