Lo que el ojo no ve

Hay grandes franquicias nacionales e internacionales que viven de la fama más de lo que ofrecen en sus menús

Lo que el ojo no ve
JOSÉ LUIS PÉREZSantander

Una de las máximas aspiraciones del cliente cuando visita un negocio de hostelería –sea del tipo que sea– es que lo que vaya a tomar responda a las expectativas que, a priori, se ha hecho. Resulta absolutamente comprensible y si a ello se suma una buena relación calidad-precio, una gran parte del éxito está conseguido. En el caso de un restaurante gastronómico, el aficionado a la alta gastronomía espera disfrutar con la creatividad del chef, con platos originales, ricos en sabores y texturas, ingeniosos en su presentación y acordes, en cuanto a técnicas, a las tendencias contemporáneas.

Si visitamos un restaurante de cocina tradicional, cabe esperar un recetario clásico, sabores reconocibles y materias primas de calidad. En un sitio de menú del día, honestidad dentro de la sencillez. Y en un establecimiento de cocina internacional, una especialización a partir del respeto a los códigos del país en cuestión.

¿Y si visitamos una hamburguesería? Creo que los criterios tienen que ser los mismos. Pero la 'tragedia' acontece cuando llega la decepción, y me estoy refiriendo a las grandes franquicias nacionales o internacionales que viven de la fama más de lo que ofrecen en sus menús...

A usted también le habrán llamado la atención las grandes vallas publicitarias que delimitan estas franquicias con imágenes deslumbrantes de sus hamburguesas. Los ingredientes, jugosos y abundantes, desbordan la composición; la carne destila frescura y un punto de plancha envidiable;las patatas invitan a estirar la mano; y la bebida está más apetecible que nunca. Sin duda, detrás de cada imagen hay un trabajo de fotografía muy profesional y los resultados son magníficos...

Pero cuando acudimos a una de estas franquicias en busca de la 'hamburguesa ideal' nos damos de bruces con la cruda realidad. La hamburguesa no responde en absoluto a lo que proyecta la foto y la decepción es absoluta. El pan es pobre, el disco de carne no está jugoso, las guarniciones apenas se dejan ver, las patatas están saladas y no entusiasman, y la bebida está aguada por el excesivo hielo.

Por ello, merece la pena, cuando se trata de disfrutar con una buena 'burger', buscar un sitio de confianza, quizá más modesto, pero donde pongan 'cariño' y buenos ingredientes. Aquí tienen para elegir.

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