Pisto con migas y huevo frito

Disfruta de un sencillo plato redondo con sabor excepcional

Pisto con migas y huevo frito
RICARDO EZCURDIA

Existen infinidad de recetas a las que se les puede añadir un huevo: frito, pochado, escalfado..., que lo único que hacen, ademas de coronar la plato, es redondearlo y aportar un sabor y una textura excepcional, sin mencionar lo que puede significar nutricionalmente.

Una de las que más me gusta es la que hoy os presento, un meloso y sabrosísimo pisto que lo acompañaremos con unas crujientes migas, y su majestad el huevo cómo estrella invitada, para unir, amalgamar y añadir una cremosidad y una untuosidad extrema.

La base del pisto es un poco variable, dependiendo de los gustos de cada uno. Yo suelo utilizar unos tomates grandes, bien rojos, de Cantabria; una cebolla también roja, una berenjena, un calabacín, un par de dientes de ajo, un pimiento rojo y otro verde.

En primer lugar tendremos que picar toda la verdura en daditos. Dependiendo de si en casa os gustan los tropezones grandes o no, hacemos los dados más grandes o más pequeños, pero lo ideal son dados de un centímetro, aproximadamente. Ponemos un par de cucharadas de aceite en una cazuela y vamos añadiendo las verduras por orden. En primer lugar, los ajos y la cebolla. Cuando estén blandos añadimos los pimientos y sofreímos todo muy bien durante, al menos, cinco minutos. Añadimos entonces el calabacín y la berenjena, movemos bien para que todas las verduras se mezclen en condiciones y lo dejamos a fuego medio durante unos 10 minutos.

Cuando las verduras estén blanditas añadimos salsa de tomate, a poder ser casero, –la diferencia es enorme–, bajamos el fuego y lo dejamos cocer 15 minutos hasta que adquiera consistencia. Probamos y corregimos de sal y pimienta si fuera necesario, incluso un poco de azúcar para corregir la posible acidez que aporta el tomate.

Nos ponemos con las migas, un clásico que siempre puede acompañar a cualquier plato y en cualquier ocasión. Necesitaremos pan de el día anterior y saber que cuanto mejor sea el pan más ricas nos saldrán las migas. Es importante que sea del día anterior para que a la hora de cortarlo esté un poco duro y lo podamos partir lo mas fino posible.

En una sartén amplia ponemos un buen chorro de aceite y 6 dientes de ajo simplemente aplastados, no hace falta pelarlos. Transcurridos un par de minutos añadimos las migas y las vamos moviendo, incluso rompiéndolas, para conseguir que se doren por igual y adquieran ese crujiente que luego nos va marcar la diferencia en el plato. Cuando estén bien doradas y crujientes las ponemos en una bandeja y las reservamos.

Vamos con el huevo, aquí lo que mas influye es el gusto de cada uno a la hora de hacerlo, como ya os comenté antes, frito, pochado, escalfado, como mas os guste quedará perfecto.