La rojigualda de arroz

La rojigualda de arroz
Diego Ruiz
DIEGO RUIZSantander

Estos días de tanta bandera española colgada en ventanas y balcones –algunas llevan puestas desde el Mundial de Sudáfrica y las más recientes desde que el Govern se vino arriba en Cataluña– me viene a la memoria un arroz blanco que hacía una tía mía y que me solía dar para comer cuando aterrizaba por su casa para ver a mis primos. Cocía el arroz y después lo ponía en una bandeja rectangular. Luego, con salsa de tomate cubría a modo de banda los dos extremos y en la parte central echaba mayonesa. Así salía a la mesa un bandera española que, una vez en el plato, y bien revuelta, se asemejaba a algunas de esas situaciones que hacen diferente a nuestro país. Es decir, el batiburrillo. Un arroz con salsa rosa al que le faltaba algo contundente en su interior para hacerlo más atractivo. Atún, salchichas, jamón..., lo que fuera. Con más bandas de tomate y mayonesa, ahora se puede servir la señera en cualquier parte del país.

Yo, cuando hago la base de algunos platos: paella, salsa de tomate casera, albóndigas de carne o de pescado..., construyo una bandera italiana a base de pimiento verde, cebolla blanca y pimiento rojo. Tres ingredientes que una vez en la sartén, con aceite de oliva y meclados con la cuchara de palo, reflejan ese otro batiburrillo del que también pueden presumir nuestros queridos amigos de la república de Giuseppe Conte. Un lío de sabores a los que le salva la calidad del producto y la experiencia de quien, durante años, ha usado las tres verduras.

Con estos dos ejemplos se puede animar a aquellos y aquellas que se aburren en la cocina a 'jugar' con los ingredientes de nuestro platos, a crear banderas o escudos, o formas humanas, animales..., lo que sea que nos entretenga y nos haga más llevaderas las horas de dedicación a los fogones. Se han dado cuenta de lo divertidas que pueden ser unas patatas fritas con las habituales salsas o una simple ensaladilla rusa.

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