La última lechera de roja pasiega

Áurea Quintial vende su producción de leche a Lactalis. /
Áurea Quintial vende su producción de leche a Lactalis.

La ganadería de Áurea Quintial, en Riaño, ha recibido un premio de la Fundación Naturaleza y Hombre por conservar esta raza autóctona

PATXI RAMOS SANTANDER.

Cuando se introdujo la vaca frisona en Cantabria los ganaderos sacrificaron los machos de roja pasiega, la raza autóctona, porque pensaban que producía menos leche. Como consecuencia, casi se extinguen y la población se reduce hoy a unos 400 ejemplares en la región. La ganadera Áurea Quintial, con una explotación de 30 reses en Riaño, es la única en comercializar su leche. «De la frisona solo se contó lo bueno, pero traía la tolva del pienso detrás y la de aquí no conocía nada de eso. Muchos habrían dado marcha atrás -en sacrificar los animales- si no hubieran invertido tanto dinero en las frisonas», comenta.

«Desde pequeñita me gustaron estas vacas porque eran mucho más nobles y resultaba más fácil acercarse a ellas». De hecho, ella sola lleva el negocio. No le hace falta ayuda para acercar las vacas a la cuadra para el ordeño, porque «las llamas y vienen solas». Además, en las mismas condiciones «dan la misma cantidad de leche que las otras». Su marido también se dedica al ganado, y cuando lleva la leche a casa para el desayuno «se nota mucho porque la de la roja pasiega es más densa y amarillenta».

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La ganadera ha recibido el primer premio al Productor de Biodiversidad en Cantabria, que concede la Fundación Naturaleza y Hombre dentro del programa Emplea Verde de la Fundación Biodiversidad, cofinanciado por el Fondo Social Europeo. El concurso se convocó en la región -una iniciativa de ganadería extensiva y pastoreo de montaña en Polaciones y otra de carne de ternera ecológica, en el Valle de Valdeolea, obtuvieron el accésit- y en Extremadura con el objetivo de promover la conservación de la biodiversidad y las buenas prácticas ganaderas. Como recompensa, Quintial no obtuvo una remuneración económica pero sí un reconocimiento público por su labor. Algo muy importante para ella porque ha tenido que «superar muchas trabas en el camino».

«He notado que siempre que vas con ellas a algún sitio o hablas de ellas, automáticamente la gente te dice que no dan leche o no valen para carne, aunque no las hayan tenido», explica sin perder la sonrisa. En su finca de Riaño, de 10,8 hectáreas, acaricia con cariño a sus vacas Chata, Luna y Canija. La escoltan en todo momento sus tres perros: un mastín, un doberman y un Stanford Terrier. La ganadera tiene que alquilar las cuotas de leche «que valen una pasta» porque su madre abandonó las suyas al creer que a ella le iban a dar, como joven ganadera, una cuota al incorporarse. «Precisamente por tener esta raza de ganado no me la dieron y a partir de ahí ha sido todo una aventura, algo que no entiendo porque se supone que están en su tierra y tenemos que estar todo el rato justificando nuestra existencia», añade.

Conseguir nuevos ejemplares es una tarea complicada y hay muchos problemas de consanguinidad debido a que todos están emparentados. Algunas de las vacas de su explotación tienen cinco tetillas en su ubre y Quintial piensa que «puede estar relacionado con este fenómeno». Ella empezó con cinco o seis vacas que le legó su madre, y la ganadera Matilde Arnaiz, de Voto, le ayudó a aumentar el número. Cuando era pequeña sus padres se plantearon vender al semental de la manada, pero ella insistió en quedárselo y las vacas que quedaron descienden de ese animal. La recría también le ayuda a mantener la población, pero actualmente tiene un único toro, Mino, y si criase otro macho le daría más problemas de consanguinidad, por lo que buscará un toro de fuera.

Remedios caseros

Al año le vende a Lactalis entre 110.000 y 120.000 litros de leche, que después se comercializa con la marca Puleva Ecológica. Para conservar el sello, Quintial no puede utilizar antibióticos -a no ser que se trate de una emergencia, en cuyo caso deberá comunicarlo- ni aplicar herbicidas. Tampoco usa abonos químicos ni les da pienso convencional. «Mis vacas no comen alfalfa, maíz ni soja», dice orgullosa. Aún así, cada una de ellas produce unos 30 litros al día, «una cifra que ya les gustaría alcanzar a las frisonas con este método ecológico». También produce quesos y mantequilla pero no a escala comercial, aunque ya se lo ha planteado más de una vez porque todo el mundo le dice que «están buenísimos».

Para combatir las diarreas de los terneros les da leche con limón, que coge directamente de los limoneros plantados específicamente para ello. Cuando se les inflama una ubre, la frota con agua y una pastilla de jabón Chimbo. Remedios de toda la vida. De momento, la roja pasiega sigue pastando en los prados de Cantabria gracias a su empeño y al de unos pocos ganaderos. Mientras ella se dedique a la explotación láctea, esta especie asegurará su continuidad y ya está buscando un relevo generacional que promueva las prácticas de sus ancestros.