Cayetana reposa bajo un cuadro de Calderón

El Juicio Final y la resurrección de Cristo, cuadro de grandes proporciones sobre la placa que recuerda a Cayetana de Alba. /
El Juicio Final y la resurrección de Cristo, cuadro de grandes proporciones sobre la placa que recuerda a Cayetana de Alba.

La aristócrata regaló a la iglesia de la Hermandad de los Gitanos el cuadro que encargó a quien fue su admirado artista y amigo desde 1950

JUAN CARLOS FLORES-GISPERT

Las cenizas de Cayetana de Alba descansan en la iglesia de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla bajo un cuadro de grandes dimensiones que representa el Juicio Final y la resurrección de Cristo. Un cuadro de su gran amigo y admirado Fernando Calderón, el pintor santanderino. Un cuadro «regalado por doña Cayetana en el año 1998 para la nueva iglesia de la Hermandad. Es un cuadro muy, muy original», explica el hermano mayor, José Moreno Vega. 'Los Gitanos' tiene otros dos cuadros de Fernando Calderón, regalo también de la duquesa de Alba «años antes que que el de la Resurrección. Están ubicados en la Capilla Sacramental. Los donó por el fervor que tenía a esta Hermandad, de la que era miembro», destaca Moreno Vega. Son dos cuadros pintados sobre pan de oro.

Y es que la duquesa de Alba fue desde joven admiradora y seguidora del recordado artista cántabro. Lo explica su hija, la también artista Bruna Calderón: «Tenían una relación muy bonita. Cayetana siempre dijo que le tenía en gran aprecio. Cuando mi padre murió en 2003 nos pidió fotos de él para conservarle en el recuerdo. Era su pintor favorito, así que no es de extrañar que le encargara cuadros. No sé decir si ella pidió expresamente que sus cenizas fueran colocadas bajo el cuadro de la iglesia de Los Gitanos. Tampoco sé si pintó retratos de ella. Pero es muy probable, porque mi padre retrató a muchos de sus amigos». Fernando era solo dos años mayor que la duquesa.

Tras el fallecimiento de Cayetana el día 20, 'Los Gitanos' hizo pública una nota en la que explicó que «por expreso deseo de su familia, sus cenizas reposarán en el Santuario de la Hermandad en una de sus capillas laterales, en el lugar designado de común acuerdo entre la Junta de Gobierno y La Casa de Alba».

Una larga relación

La relación de Fernando Calderón y Cayetana de Alba se remontan a los años cincuenta del siglo pasado. Se inició gracias al padre de la duquesa. El duque de Alba, Jacobo Fitz James-Stuart y Falcó, parece que conoció a Fernando Calderón en Santander y admiraba sus facultades artísticas. Así que en el año 1953 le pidió un bosquejo para sustituir las pinturas de Rubens en la Iglesia del Convento de las Dominicas de Loeches, que habían desaparecido durante la invasión francesa, expoliadas junto con otras de Tiziano y Tintoretto. Poco después falleció el duque, pero gracias a las conversaciones entre los Alba y el padre de Fernando, el encargo llegó a buen puerto.

Su pintor favorito

Bruna Calderón conoció a Cayetana en el palacio de Liria de Madrid (1997), residencia de los duques de Alba. Fernando y su hija realizaban el mural para la cúpula de la capilla. Durante esos días de trabajo, Cayetana le dijo una frase que nunca ha olvidado: «Tu padre siempre ha sido mi pintor favorito». Explica Bruna que «fue muy bonito conocer a Cayetana. Era una mujer muy sencilla, muy agradable de trato, muy graciosa y muy divertida. Durante toda su vida estuvieron en contacto. Tuvieron una relación muy bonita. Sé que ella sintió mucho la muerte de mi padre, porque creo que ambos se admiraban mutuamente. A ella le chiflaba su obra. Y a él creo que su espontaneidad y alegría».

El mural de cien metros cuadrados de superficie que realizó Calderón para el altar mayor de Loeches representa la figura de Santo Domingo de Guzmán en una perspectiva ancha, alta y profunda en la que se rodea de ochenta figuras de tamaño mayor al natural. En la parte inferior hay diecisiete retratos de los más relevantes componentes de la Casa de Alba, varios personajes de la orden dominicana, un retrato de Pancho Cossío, otro de Ramón Calderón (hermano del artista) y un autorretrato del autor. Fernando consideraba -dicen- una pérdida de tiempo inventar rostros cuando ya tenía a mano los de los conocidos. Alba quería que esta iglesia, en cuyo lateral se encuentra el panteón de la Casa Ducal, luciera pinturas monumentales. Y Calderón las acabó en 1962. El altar central y los laterales. Tenía Fernando solo 25 años.

En este periodo de tiempo tuvo oportunidad de retratar a muchos de los miembros de la Casa de Alba, entre ellos, dicen algunos expertos en su obra, a Cayetana, que ya había heredado los títulos ducales.

¿Cómo se inició la relación entre Alba y el padre de los Calderón? Quizá se debió a que Fernando fue presidente del Ateneo de Santander y de la Institución Cultural de Cantabria. Y que en 'Villa Asunción', la residencia familiar de los Calderón en Santander, se celebraban tertulias con escritores y artistas y, según dice Raúl Chávarri, con el duque de Maura y el duque de Alba. El mismo autor explica que fueron los condes Potocki quienes recomendaron a Calderón para redecorar Loeches. Fernando trabajó en los cartones preparatorios en el palacio de Liria, al tiempo que retrató a varios miembros de la familia Alba. Para entonces (1960) Cayetana ya tenía cuatro hijos varones.

En 1997, la duquesa encarga a Fernando la decoración de la cúpula de la capilla de Liria. Su hija Bruna lo recuerda. «Trabajé con él, sobre los andamios, a pocos metros de la cúpula. Nunca le haba visto dibujar mirando hacia arriba. Fue inolvidable. De una línea que había dejado el revoco de la cúpula empezó a dibujar una pierna. Y siguió, sin parar, sin mirar atrás. Cayetana había visto un esbozo y le gustó lo propuesto. Fue muy bonito trabajar con él. Hizo un mural de ángeles y cuerpos humanos. Ese trabajo no aparece en ningún libro ni catálogo editado».

«La relación de Alba con mi padre fue tan estrecha que le cedió una estancia en el palacio de Liria para que tuviera en ella su estudio. Eran los tiempos en que mi padre vivía en Madrid. También tuvo mucha relación con Cayetana y su segundo marido, Jesús Aguirre, tan vinculado a Cantabria».

 

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