"Estos días oscuros generan síntomas muy similares a la depresión"

Teresa Fontecha./
Teresa Fontecha.

La psicóloga Teresa Fontecha precisa que la clave del problema no es la lluvia constante, sino la falta de luz

ÁLVARO SAN MIGUELSantander

Caras largas bajo los paraguas, miradas lánguidas tras los húmedos cristales del autobús, fumadores apagados bajo los toldos de los bares... Con cada día de lluvia uno agacha otro milímetro más la cabeza, se sube la bufanda hasta esconder la sonrisa y empieza a hibernar en sí mismo a la espera de que vuelva el sol. Todo este proceso tiene su explicación médica: «Estos cielos grises influyen mucho en el estado de ánimo. Pero más que la lluvia, el problema es la luz», explica Teresa Fontecha, del Centro de Psicología Fontecha y Gayoso. «Estos días oscuros generan síntomas muy similares a la depresión». Ahí está por ejemplo la leyenda negra de los países nórdicos, o de Seattle, que encabezan los rankings mundiales de suicidios a pesar de su alto nivel de vida.

El estado de ánimo más común en tiempos de poca luz es la tristeza, explica Fontecha, aunque hay más efectos: «Disminuye la energía y las personas están más cansadas, más apáticas... todos síntomas muy asociados a la depresión». Lo más normal es que, en estas circunstancias, los más afectados sean los que ya tienen un trastorno depresivo. Pero una persona que no los tenga también puede empezar a caminar por ese oscuro camino bajo el cielo plomizo que cubre Cantabria estos días.

La propia lluvia no incide directamente sobre el estado de ánimo, pero sí influye en las actividades diarias, que, a su vez, tienen repercusión sobre el humor. «Todo va de la mano», explica la psicóloga. «Cuando llueve se modifican los hábitos diarios. El hecho de que la lluvia te aparte de actividades que sí desarrollas en días soleados, más que afectar directamente al estado de ánimo, te afecta por la propia reducción de la actividad».

El deporte es un claro ejemplo. La persona que sale habitualmente a correr o a montar en bici y libera endorfinas -muy beneficiosas para el estado de ánimo- tiene que cambiar sus hábitos o renunciar a ese deporte cuando llueve. O calarse hasta los huesos, claro está. «Mucha gente que no hace deporte sale a pasear, pero cuando llueve deja de recibir el efecto positivo que ese ejercicio tiene sobre su estado de ánimo», explica Fontecha.

Curas de luz artificial

En algunos países que sufren especialmente la carencia de luz durante el invierno han desarrollado estrategias para combatir el desánimo de los días oscuros. «En los países nórdicos, por ejemplo, ofrecen incluso tratamientos a base de luz artificial durante un tiempo determinado del día para minimizar los efectos de la falta de luz», precisa la psicóloga.

«En esta época es habitual que se agudicen los síntomas de la depresión, pero no es algo que ocurra de un día para otro», explica. Desde que empieza el otoño y los días empiezan a ceder tiempo a la noche comienza el declive del estado de ánimo global. Una cuesta abajo que no remonta hasta que llega la primavera. «Esto le puede pasar al común de los mortales. Es normal que los días grises afecten a nuestro estado de ánimo, pero eso ya no sería una cuestión patológica, sino variaciones del estado de ánimo que son normales porque la luz es sin duda un factor importante».

Alternativas de ocio

Fontecha asegura que en su consulta no se ha notado este año una incidencia especial -a pesar de que 2015 es por el momento el ejercicio más lluvioso de la última década si se toman como referencia los 312 litros de agua por metro cuadrado que han caído ya en Santander-. «Las variaciones en el estado de ánimo de los pacientes -explica- no se notan con los cambios de año, sino con los cambios de estación. No son cosas específicas de unos días en concreto por mucho que llueva con especial intensidad». Una de las recomendaciones más importantes para quienes afrontan el invierno con las pilas bajas es buscar alternativas de ocio para los días lluviosos. «Uno tiene que ser consciente de que en invierno hay actividades que no va a poder realizar con la misma frecuencia y se tiene que anticipar un poco. Hay que estar preparado para que el mal tiempo no te pille de sorpresa. Si yo hago todos mis planes enfocados a actividades exteriores y no preveo la posibilidad de que llueva, por ejemplo, pues lógicamente me va a afectar». Todo eso hay que incorporarlo a los tratamientos de las personas que padecen una depresión. «Tienes que prepararte para las posibles circunstancias adversas, y el tiempo es una de ellas». Se trata en definitiva de tener un 'plan b' preparado para esos días que no apetece pisar la calle.

Por otra parte, en estas fechas de cielos negros hay que cuidar mucho las horas de descanso, la alimentación y las relaciones sociales. «Hay que buscar momentos para compartir con otras personas, y si encima puedes buscar actividades para reírte un poco pues mucho mejor». Si es posible, también hay que intentar adaptar los hábitos a las horas de luz del invierno. Es decir, concentrar la actividad cuando todavía hay luz. «Pero eso ya va en función de cada uno. A veces se dan consejos muy generales, pero que uno no puede adaptar a sus circunstancias personales, y encima se frustra por no poder hacer lo que se supone que tendría que hacer. Lo importante es que cada uno busque soluciones realistas para su modo de vida. Tenemos que aprender a escuchar a nuestro cuerpo, que muchas veces nos dice lo que necesita».

 

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