"Si un pederasta consigue una foto tuya, debes denunciar y no ceder al chantaje"

El guardia civil Miguel Ángel López, junto al director del IES Foramontanos, Julio Serdio, y el director del Plan, Jacobo Sanjurjo./
El guardia civil Miguel Ángel López, junto al director del IES Foramontanos, Julio Serdio, y el director del Plan, Jacobo Sanjurjo.

La Guardia Civil advierte en los centros educativos sobre los peligros de internet, el acoso escolar, la violencia de género, las drogas y las bandas

ÁLVARO SAN MIGUELSantander

«Antes de nacer ya estamos en internet». Los chavales se ríen, pero es en serio. «Muchas madres ponen sus ecografías en las redes sociales», explica Miguel Ángel López, pedagogo, maestro y guardia civil. «Y desde entonces volcamos toda nuestra vida en internet, lo que supone una amenaza constante». Los alumnos de 1º de ESO del IES Foramontanos escuchan con atención. En los siguientes 50 minutos descubrirán los principales riesgos que acechan en la red, cómo evitar a los pederastas, la mejor manera de proteger sus datos o las consecuencias que tiene el ciberacoso.

Amenazas para la juventud

Riesgos de internet. Las mayores amenazas son el contacto con personas que no se conoce personalmente la principal vía de acceso para los pederastas, el uso de las nuevas tecnologías para vejar a los compañeros ciberacoso, la protección de los datos y de la identidad personal, así como la adicción a los soportes digitales.
Acoso escolar. Los alumnos que sufren de manera reiterada acoso, a través de violencia física, verbal, psicológica o económica sufren un grave deterioro en su autoestima, ansiedad, depresión, fobia escolar e incluso intentos de suicidio. Esto repercute negativamente en el desarrollo de la personalidad, la socialización y la salud mental en general.
Drogas. El mayor riesgo es el desarrollo de una dependencia, algo que surge cuando se suman dos factores: nivel de tolerancia y abstinencia. Los jóvenes tienen la percepción de que si controlan la adicción y solo consumen estas sustancias de manera esporádica, no tienen repercusiones negativas, pero esto es falso.
Violencia de género. Se detecta en parejas cada vez mas jóvenes: él controla todo lo que hace ella, exige explicaciones de todo, no quiere que tenga secretos para él... El control se ejerce principalmente a través de los teléfonos móviles y de las contraseñas digitales. Permitirlo supone que él se sienta superior y piense que ella es de su propiedad.
Bandas juveniles. El problema de estas bandas es el control férreo sobre sus miembros. El hecho de sentirse parte de un grupo, valorados, importantes y necesarios, hace que los chicos sientan la necesidad de responder ante el grupo y harán lo que sea necesario para hacer ver a sus miembros que están involucrados y que se merecen continuar en él.

Todos los problemas empiezan por el mismo sitio: el exceso de confianza. «Tenemos una cultura de la privacidad aprendida y no le decimos a un desconocido en la calle dónde vivimos o cómo nos llamamos. Así nos lo enseñaron nuestros padres. Pero ahora debemos aprender a mantener una cultura de la privacidad online como la que mantenemos en la vida real. Si pudiéramos solucionar esto, un 90% de los problemas cesaría radicalmente», explica el teniente José Martín, coordinador de las conferencias que ofrece la Guardia Civil en los colegios al amparo del 'Plan director para la convivencia y mejora de la seguridad en los centros educativos y sus entornos', donde se abordan otras amenazas como las drogas, el acoso escolar, la violencia de género y las bandas juveniles.

En lo que respecta a internet, el mayor peligro son los pederastas. Lo primero que hay que evitar es el contacto con cualquiera a quien no se conozca en persona, insiste una y otra vez el guardia Miguel Ángel López. «Porque una vez que se abre esa puerta, se entra en un círculo peligrosísimo». Una vez que el pederasta establece contacto empiezan las charlas amistosas. Se hace pasar por otro y mediante ingeniería social se gana la confianza del niño.

Cuando el pederasta consigue una primera foto íntima, se quita la careta y empieza con el chantaje y las amenazas. El 'modus operandi' es casi siempre el mismo: el pederasta se aprovecha de la vergüenza y el miedo de los niños para exigirles más fotos y vídeos a cambio de no compartir con sus amigos y familiares aquellas primeras imágenes íntimas que consiguieron a base de engaños. «Solo hay una solución: por mucha vergüenza que os dé, tenéis que pedir ayuda a vuestros padres. Si un pederasta consigue una foto vuestra debéis denunciar y no ceder al chantaje», afirma el guardia.

El desconocimiento es otra trampa. «¿Sabéis que todo lo que escribís en el WhatsApp, aunque lo borréis, queda registrado y se puede consultar en caso de una investigación judicial?». Los niños guardan silencio. El móvil se ha convertido en una herramienta de acoso escolar -ahora lo llaman ciberbullying- que multiplica la crueldad de las vejaciones que sufren las víctimas. Todo se puede compartir: insultos, agresiones, amenazas... «Y debéis saber que quien comparte es igual de culpable que quien lo envía por primera vez». El guardia apela al sentido común: «Los únicos que usan la palabra 'chivato' son los culpables, los que usan el móvil para no dar la cara, los cobardes. Nadie llamaría chivato a quien llama a la policía durante un atraco, ¿verdad? No permitáis que la gente cometa delitos de manera impune. Denunciad y ayudad a la persona que lo está pasando mal».

En cuanto suena el timbre los niños huyen a la carrera. Algo habrá calado, pero el que no aprenda la lección por las buenas y tampoco tenga unos padres que vigilen sus pasos digitales, puede terminar aprendiendo por las malas. Las charlas para familias, que también se ofertan en el plan director, son otra de las claves, pero la demanda es mínima. El máximo responsable del plan, Jacobo Sanjurjo, reconoce que «en general es difícil llegar a las familias». La Guardia Civil ofreció el curso pasado 173 conferencias para niños y solo 17 para padres. Y el Cuerpo Nacional de Policía, que se encarga de las charlas en Santander y Torrelavega, dio 152 a niños y 22 a familias.

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres (FAPA), Leticia Cardenal, reconoce el problema: «Estamos de acuerdo en que los padres tenemos que implicarnos un poco más». Pero también argumenta que hay dificultades para organizar las charlas. «Nos implicamos hasta donde podemos. Si queremos organizar una charla a las seis de la tarde o las ocho, que es cuando pueden las familias, los colegios ya están cerrados. Hemos planteado a los responsables del plan director la organización de reuniones por zonas (Santander, Torrelavega, etc.) para utilizar espacios públicos». Sería un primer paso.

Y un paso importante: «No es que sea bueno, es que es imprescindible. Tenemos que llegar hasta ellos para que vean que hay un problema real y que ese problema tiene respuestas reales», explica el guardia Miguel Ángel, reconocido hace unos meses desde la Secretaría de Estado de Seguridad por su trabajo en los colegios.