'Made in Cantabria'

Foto de familia de los productores participantes en la XII Feria del Producto de Cantabria. /
Foto de familia de los productores participantes en la XII Feria del Producto de Cantabria.

Queso, orujo, cerveza, alubias, sobaos, verduras... Un centenar de expositores muestra lo mejor de la diversidad gastronómica de la región

DIEGO COBOsantander

La Feria del Producto de Cantabria apenas lleva un par de horas en funcionamiento y Juan Carlos Sainz ya ha ido dos veces a dejar bolsas al coche. Lleva otras tres en la mano mientras pide una mermelada de ciruela. «Tenemos una oferta de cuatro tarros», le dice Pascal Roca, artesano de Mermeladas Prímula de Selaya. Pero Juan Carlos le dice que con una es suficiente. Y que el resto de lo que ha comprado -queso, anchoas, jamón- se lo enviará a su hijo, que vive en Tokio.

«¡Esto habría que hacerlo todos los meses!», exclama maravillado y presumiendo de los doce kilos de comida que envió a su hijo la semana pasada. «Es la forma de conocer las cosas que tenemos en Cantabria», explica este cliente de un buen puñado de los 100 puestos de todo tipo de productos de la región. Alubias, quesos, sobaos, cerveza, embutidos, vino o conservas son algunas expresiones de esa diversidad gastronómica. Juan Carlos se sorprende: «Yo, que soy de Sobarzo, acabo de descubrir que en Cabárceno fabrican miel».

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Y no se elabora allí solo. La de Colmenares de Vendejo, de Liébana, la vende Rubén Varona que, fuera de los panales y con la cara al descubierto, luce barba y una mirada amable. Éste es su tercer año en la Feria. «Cuando la gente prueba esta miel dejan de comprar la del supermercado, pasteurizada, sobre todo en la ciudad, donde el acceso a este producto natural es más limitado», explica al tiempo que invita a despegar de un panal -directo de la colmena al Palacio de Exposiciones- un chorro de miel. La edición pasada -continúa- vendió 20 docenas de tarros de entre los 5.000 kilos que produce al año.

Varona, que también ha aumentado el número de colmenas y panales, alaba la oportunidad de exponer sus productos ante la mirada del continuo desfile de personas. «Se nota la ampliación del mercado, como la distribución en varias tiendas de Santander», detalla orgulloso de su producto que, además, tiene la oportunidad de publicitar los días previos a Navidad.

En el pabellón es difícil hallar stands donde alguien lamente su mala suerte: instalarse, durante un fin de semana en alguna de las cinco hileras que discurren mezcladas, parece que equivale a ampliar su existencia.

Degustaciones

El trajín de las cebollas, ajos, lechugas, membrillos y pimientos de José Antonio Corcuera le deben bastante a esta exhibición: los clientes le siguen por muchos de los mercadillos en los que vende los vegetales que brotan de las tierras de Voto. «Esta feria es diferente a las que suelo ir», reconoce en su segundo año con su puesto de verduras frescas, «porque aquí te compran más. ¡Y que sigamos repitiendo!», cuenta alegre.

Para defender su producto -«natural y no más caro que lo que venden con químicos»- muestra una calabaza de 50 kilos custodiada por dos coliflores y un pimiento de Isla. «Este año me he quedado corto y, para el siguiente, me van a dejar 300 carros de tierra para cultivar más pimiento», explica.

En este mercado donde las degustaciones son el preámbulo de la compra, el aroma de los productos es natural: la química da paso a la elaboración artesana y las grandes empresas, a las familiares.

«Aunque Joselín es conocido, la marca tiene que estar siempre presente», argumenta Úrsula, comercial del puesto de los productos pasiegos. Al ritmo que los pedazos de quesada van desapareciendo, Úrsula -segundo año en la Feria- va partiendo otra. «Yo suelo hacer ferias por Castilla y León. Aquí, no es tanto lo que se compra, porque el producto ya es conocido, pero siempre se puede ganar algún cliente», dice.

Sierra del Oso es otra de esas marcas conocidas y que desborda el límite de la comunidad. Esta empresa de orujo, que fundó Ángel Moreno en 1991, está en continua ampliación de productos. «No nos ceñimos a los sabores clásicos, sino que siempre estamos experimentando», recuerda Antonio Rivas, que ofrece un vasito de un vino dulce para combinar con postres.

Rivas, que lleva más de 15 años viviendo en Potes y que está en continuo movimiento presentando los nuevos licores y botellas de formas acrobáticas, piensa que es en estos foros donde las nuevas variaciones se dan a conocer. «Aquí lo pruebas y lo compras», explica para ejemplificar la manera de conocer los licores, a diferencia de la venta en los supermercados. «Allí no puedes abrir una botella», sonríe.

La Feria dará relieve a la variedad de materias. Como resume Roberto Bourdelaude, en su puesto de embutidos Pueblo de Picos, «la feria está planteada para que conozcamos los productos de Cantabria y que comprobemos que son buenos».

 

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