La procesionaria adelanta su ciclo y deja un reguero de problemas por la región

Imagen de una bolsa de procesionaria en los pinares que hay junto al hospital de Liencres. /
Imagen de una bolsa de procesionaria en los pinares que hay junto al hospital de Liencres.

El calor hace que las orugas bajen de los pinos antes de tiempo, lo que ha producido urticarias en humanos y casos más graves en animales

ÁLVARO MACHÍN

Lo pone en todos esos manuales urgentes de buscador. Es teclear 'procesionaria' y encontrar cientos de páginas con explicaciones. Efectos, clases, ciclos y también fechas. Todas le ponen la misma a su procesión de descenso desde lo alto de los pinos. Mediados de febrero, marzo o, incluso, abril. Tocando la primavera. Lo extraño es que a la consulta veterinaria de Inés García llegaron dos perros con problemas «ya antes de Navidad». Tuvieron contacto con los pelos naranja del bichito. «Nos pareció rarísimo». Este mismo domingo, su compañero Pablo Gutiérrez atendió en su clínica a otro animal. «Va a perder seguro parte de la lengua. Está necrosada, negra. Y los labios los va a conservar a duras penas». Lleva seis pacientes con los mismos síntomas. En el campo de golf de La Junquera (Medio Cudeyo) un par de jugadores se fueron a casa con urticaria, en diciembre recomendaron evitar el paseo por los pinares de la playa de El Rosal (San Vicente), en Liébana un guarda forestal dice que están «por todas partes» y en el Ayuntamiento de Villaescusa usaron el Facebook para avisar de que cerraban una parte de un parque.

«Es el tiempo, seguro. En diciembre no tenía por qué haber». Jaime Rodríguez, de Damalia Servicios de Jardinería, dice que hasta mediados de mes «nunca había visto las orugas» y tiene claro que el calor es la causa de este adelanto del ciclo. El viento Sur les ha 'confundido'. «En invierno están metidas en las bolsas. Allí se refugian por las noches después de comer las agujas de los pinos. Antiguamente, de hecho, se metía sal en cartuchos y se disparaba a las bolsas. Si se rompían antes de una noche fría, ya no les daba tiempo a hacer otra y morían». A balazos. Luego llega el momento de bajar a tierra, en fila (de ahí su nombre), y enterrarse para formar una crisálida que en julio será mariposa. Huevos en los pinos, bolsas y vuelta a empezar... Sería lo normal. «Llevamos una estación de retraso. Se ha adelantado todo y campan a sus anchas», añade Miguel Ángel González, de Parques y Jardines en Santander (el tratamiento preventivo que hacen con un cañón ha limitado los efectos en la capital este año).

No faltan ejemplos. «Me llamó una vecina de Riosapero para contarme que su hijo había estado con un caballo por una finca». Al día siguiente, el hijo, la novia y hasta el caballo andaban con problemas. Lo cuenta Constantino Fernández, alcalde Villaescusa. En el parque de Rosequillo tienen un pequeño bosque de pinos y ese día se celebraba allí una prueba de adiestramiento de perros. Vallaron la zona, avisaron a los organizadores y contrataron a un profesional para eliminarlas (cuando bajan ya debe hacerse de forma manual). Allí usaron el Facebook para alertar a los vecinos. «Lo tenemos controlado», asegura el edil. En ello andaba en los últimos días un equipo de trabajo por los pinares del Parque Natural de Oyambre. Quitando bolsas. En el campo de golf de La Junquera tendrán que hacerlo. «Hemos probado distintos tratamientos, pero no hemos tenido éxito, así que ya hemos pedido presupuesto a varias empresas para quitarlo y para que pongan en marcha un tratamiento preventivo y de mantenimiento», explica la concejala Emi Pérez desde el Ayuntamiento de Marina de Cudeyo. «Ha estado plagado», cuentan desde el propio campo, en el que se produjeron varias reacciones alérgicas.

No es ninguna broma. Al veterinario Pablo Gutiérrez le han llegado perros de Mazcuerras, de Camijanes, de los pinares que hay por Cabuérniga... «Por Liébana, por los valles del Deva, del Nansa, del Saja... No en todos los pinos, pero sí en todos los pinares», explica. «Somos sensibles los mamíferos y también las aves». Pelos urticantes muy tóxicos. Él recuerda como hace unos años, por la fiesta de El Mozucu, en San Vicente, varias personas acabaron en el centro de salud. «Si la avispa asiática es el problema en Galicia, aquí lo está siendo la procesionaria del pino».

En Santander utilizan un cañón que se llama 'Volcano'. Va montado sobre una furgoneta y lanza un producto que es una alternativa biológica al pesticida. «Lo usamos hace tres años y tiene una eficacia del 80 o 90% para eliminarlas antes de que bajen. Se pueden ver bolas, pero no hay orugas ya dentro», explican. Tratamiento preventivo. Esa idea, la de prevenir, es la que maneja Jaime Rodríguez con un sistema que se trajo de Francia. El año pasado colocó cinco trampas. Dos en los pinos de un colegio y tres en fincas particulares. La idea es aparentemente sencilla. Se coloca un anillo, un aro, alrededor del tronco con un pequeño agujero, una 'invitación' para las orugas. Para que sigan por una ruta que les lleva a enterrarse en una bolsa de plástico que debe quemarse posteriormente. Rodríguez conoce bien los efectos de la procesionaria. En los árboles y en la gente de su propio equipo: «El año pasado, cuando lo pusimos, a un compañero le salieron unos granos y le provocó picores».