La dimisión en bloque de la Dirección de Enfermería sacude a Valdecilla

Tras diez meses en el cargo, Mercedes Rodríguez renuncia por «desavenencias» con la Gerencia del hospital, una postura secundada por las tres subdirectoras

ANA ROSA GARCÍASantander

Entre las paredes de Valdecilla se contaba con que era cuestión de tiempo que la tensión entre la Dirección Médica y la de Enfermería acabaría estallando. Y lo hizo ayer, con la dimisión en bloque de todo el equipo directivo de Enfermería, liderado por Mercedes Rodríguez. Una decisión que sacudió a la plantilla del hospital ayer no se hablaba de otra cosa, dividida entre los que sostienen que «no le ha quedado más remedio, porque no le han dado medios para solucionar los problemas de la profesión y solo ha recibido zancadillas» y quienes defienden que «el gerente, Julio Pascual, ha aguantado demasiado hasta que ha dado un golpe en la mesa y ha puesto fin a una situación de confrontación insostenible».

La versión oficial, concedida a este diario por el Servicio Cántabro de Salud, es que Rodríguez presentó su renuncia una vez que ha culminado el traslado al nuevo Valdecilla, y que sus tres subdirectoras, al ser cargos de confianza, han secundado su postura, aunque continuarán de forma provisional hasta que se designe a la sustituta, atendiendo así a la petición del propio hospital.

En una breve y plana valoración, la Gerencia destacó la labor que ha desempeñado Rodríguez en los últimos meses y en especial en la organización del traslado a las Tres Torres. Pero si se profundiza en las razones, no falta quien asegure que las «desavenencias» han marcado la relación con la Dirección de Enfermería desde el primer día, «porque ella se ha negado a asumir las directrices que imponía la Gerencia», dice una de sus defensoras, a condición de que se preserve su identidad. «No había empatía, si te designan para un cargo como este y te encuentras con que te niegan autoridad lo más sensato es irte», añade. Consultada por este periódico, la protagonista prefirió no hacer declaraciones.

Mercedes Rodríguez se incorporó a su puesto ayer después de las vacaciones con la renuncia bajo el brazo, a sabiendas de que si no abandonaba por iniciativa propia, su cese ya estaba en camino esa es la parte de la historia que descubre la versión extraoficial. Al parecer, nunca ha habido buena sintonía con la Gerencia, tal vez porque este puesto, al igual que el de la primera directora médica,María Ángeles Villanueva, que también presentó su dimisión en febrero (solo cinco meses después de ser nombrada), fueron cargos impuestos por la Consejería de Sanidad, decididos antes incluso de que el gerente aceptara dirigir el buque insignia de la sanidad cántabra. Ayer, el propio Pascual se reunió con las supervisoras de enfermería del hospital para exponer la situación y aclarar lo ocurrido. En esa cita defendió que «ahora podrá constituir un equipo con gente afín», señaló una de las asistentes. Todas dedujeron, con mayor o menor agrado, que las palabras del gerente dejaban entrever la falta de confianza respecto a la que ha sido hasta ayer la directora de Enfermería. Aunque en el fondo, la salida de Rodríguez guarda semejanzas con la de María Ángeles Villanueva, la forma en la que se han despedido y el revuelo suscitado difieren bastante.

El relevo

No obstante, Pascual no quiso entrar a matizar cuáles han sido los desencadenantes que han tensado las relaciones con Enfermería. Tampoco quiso avanzar en quién piensa para ocupar el puesto que queda vacante con la salida de Rodríguez, aunque ya hay quien apunta a una posible candidata: Nuria Martínez, actual supervisora de Enfermería del Servicio de Digestivo. Su nombre figuraba en el equipo que Pascual diseñó cuando dijo sí a la propuesta de la consejera de Sanidad, María Luisa Real, de ocupar la Gerencia el verano pasado. Pero sus planes se quedaron a medias. Así que quienes le conocen argumentan que «es lógico que quiera rodearse de gente que comparta su proyecto y las líneas de su gestión».

En los últimos meses, el hospital ha atravesado una etapa crucial, con la apertura del nuevo edificio y la reorganización de servicios, incluida la absorción de toda la actividad de la Residencia Cantabria y de parte de Liencres, pero en ese periodo de transición ha habido diferentes focos de conflictos que lo que han hecho ha sido generar cada vez más crispación entre el personal de enfermería. A las quejas sobre la ratio y la política de sustituciones se añadieron las deficiencias detectadas con la entrada en funcionamiento del nuevo hospital, pero el detonante que mayor inquietud generó fue el plan de mejora del servicio de Urgencias. La Gerencia lo planteó con el «firme propósito» de agilizar los ingresos y evitar el tapón que ya se ha convertido en una constante que se produce un día sí y otra también, pero las enfermeras no tardaron en protestar al interpretar que los cambios suponían más carga de trabajo, y sin embargo no llevaban parejo un aumento de la plantilla.

En medio de ese descontento, la preocupación de las enfermeras ahora es el rumbo que adoptará la futura Dirección. Confían en que se aproveche el relevo para «mejorar la colaboración y el entendimiento».