Cambio de ritmo en el PP

Buruaga y Diego, cada uno pegado a su teléfono móvil./
Buruaga y Diego, cada uno pegado a su teléfono móvil.

Después de ocho horas de suave hilo musical, el himno triunfal del PP aflojó las emociones contenidas

MADA MARTÍNEZ

El PP eligió una versión lenta de su sintonía para sonorizar su XII Congreso autonómico. El jingle, manso, apacible, sonó ininterrumpidamente durante la mañana y la tarde, y solo se pasó a la versión fiesta a última hora del día, cuando María José Sáenz de Buruaga entró en el espacio principal del Palacio de Exposiciones convertida ya en líder de los populares de Cantabria.

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Después de ocho horas de congreso y de suave hilo musical, el himno triunfal del PP aflojó las emociones. La música es un catalizador de primera. Dice el neurocientífico Daniel Levitin que todos, desde los publicistas hasta los padres y madres insomnes con bebés a su cargo, aprovechan el poder de la música para evocar emociones, y dice además que todos aceptamos la capacidad que tiene lo musical para hacernos sentir. Así que Sáenz de Buruaga avanzó hasta las primeras filas del auditorio con la melodía fiesta del PP a todo volumen y con la sonrisa esculpida en el rostro. Avanzó entre abrazos, flashes y gritos de «¡Presidenta, presidenta!». Sus seguidores se entregaron a la representación de la victoria; los partidarios de Ignacio Diego, que vivió esta escena rodeado de su familia, aguantaron el tipo y el jingle y los flashes.

Hasta ese momento, el ambiente estaba contenido, y la jornada transcurría bajo la versión lenta del himno del PP. Al menos en apariencia. Los populares ocuparon el Palacio de Exposiciones desde las nueve de la mañana. A las diez comenzó la actividad oficial. A esa hora llegó Sáenz de Buruaga al Palacio de Exposiciones acompañada de parte de su equipo. Saludos, besos, fotos en la zona de acceso. Diego llegó cuarenta minutos después, con las ponencias empezadas, justo cuando el vicesecretario de Comunicación del PP nacional, Pablo Casado, intervenía en el auditorio y emplazaba a los presentes a dejarse de líos internos e intereses personales. A Diego lo recibieron en el hall de entrada Santiago Recio y también un pequeño grupo de simpatizantes que le dedicaron un aplauso. «Vamos, Nacho, a ver si tenemos suerte hoy».

El todavía presidente accedió al auditorio y esperó de pie a que Casado terminara para ocupar su puesto en la primera fila del estrado del congreso. Esa fue su primera toma de contacto con Sáenz de Buruaga, un breve saludo.

Los discursos de ambos candidatos cerraron la sesión de la mañana. ¿La sensación entre los compromisarios y las bases? En un corrillo de fumadores, la clave de la victoria pasaba por los municipios que se había currado cada candidato. «Hay que pasar por todos, uno a uno». Para otros compromisarios, la clave estaba, precisamente, en hoy, domingo, en el día después. Un veterano militante y alcalde popular comentaba, mientras apuraba un pitillo en la entrada: «Hay que ser conscientes de lo que viene después de la votación. Desde mañana tenemos que unirnos por el partido. Espero que así sea. No se puede partir el partido en dos. El que pierda tiene que aceptar la derrota».

«El PP de siempre»

En el interior, María Guadalupe Palacio y Belén Pellón, ambas llegadas desde Meruelo, afiliadas veteranísimas, echaban en falta más afluencia de militantes, pero no acusaban la tensión. «Nada de eso. Después de esto hay que unirse como antes. Después de esto va a ser el PP que ha sido siempre». La división, para otro de los compromisarios, era más bien cosa de los medios de comunicación. «Esto no es una guerra fratricida. Yo voy a votar a Diego, que es el que mejor conoce el partido, pero si sale María José yo seguiré siendo del PP».

Miguel y Christian, miembros de Nuevas Generaciones, también críticos con la gestión de su propia organización, se estrenaba en un congreso de este tipo. «Esto no está nada claro. Se va a decidir por el mínimo, seguro que menos de treinta votos», auguraban. Y así fue. Al final la diferencia fueron cuatro. Las votaciones comenzaron a las cinco de la tarde, y el hall se colapsó momentáneamente. El hilo musical apenas era perceptible bajo el murmullo de los militantes. El recuento fue rápido, y los primeros sondeos a pie de urna apuntaban a la victoria de Sáenz de Buruaga. La mesa 3 se resistía a cerrar el resultado, pero finalmente, con 458 votos, la hasta entonces secretaria general se alzaba con la victoria. Raúl Fernández Aparicio, de Nuevas Generaciones de Santander, no ocultaba su alegría. «Ella representa el futuro del PP. Es dialogante, y va a unir de nuevo el partido». Lo siguiente ya fue la versión fiesta del himno del PP.