"Estoy a disposición de la nueva presidenta de mi partido. Su suerte será la de todo el PP"

Esther Merino, Miguel García Cayuso, Javier Fernández e Ignacio Diego./
Esther Merino, Miguel García Cayuso, Javier Fernández e Ignacio Diego.

El ya exlíder de la formación asume una "derrota ajustada" y descarta "impugnar" el proceso electoral

ENRIQUE MUNÁRRIZSantander

Aún digiriendo la derrota más amarga por solo cuatro votos de diferencia junto a su mujer, María Luisa, y sus tres hijas, Ignacio Diego felicitó públicamente a María José Sáenz de Buruaga, le deseó «lo mejor» y se ofreció a ayudarla en todo lo que necesite como nueva líder del PP. «Yo estoy a disposición de la presidenta del partido. Cuando ella me mande a una reunión, allí estaré, y encantado además», dijo el ya diputado raso rodeado de sus afines.

Con un aspecto serio, sólo roto con los gestos de cariño de algunos compromisarios y militantes, Diego reconoció la «ajustada» victoria de la que hasta ayer mismo fue su número dos. Primero lo hizo en persona, cuando ella, visiblemente emocionada, se acercó a darle un abrazo, y después lo repitió ante los micrófonos. «Va a ser la presidenta de mi partido y a partir de este momento mi presidenta, y yo estoy a la total disposición de ella y de su equipo para trabajar por mi partido, que lo sigue siendo. Y lo voy a hacer con todo el entusiasmo y todas las ganas y con toda la lealtad a la dirección del partido y a todos mis compañeros», subrayó en una breve declaración en el Palacio de Exposiciones acompañado de sus fieles, donde el ambiente de desolación era absoluto. De hecho, hubo incluso quien abandonó la sala nada más conocerse el resultado sin escuchar el discurso de la nueva presidenta.

Diego quiso rebajar la tensión acumulada durante las últimas seis semanas, como había anunciado esa misma mañana durante su discurso como candidato, y descartó impugnar el proceso, a pesar de que algunos miembros de su equipo recibieron a su sucesora al grito de «tongo». Él, sin embargo, aseguró que no tiene «idea de que exista alguna razón para adoptar esa decisión», recalcó que la situación de crispación que se ha producido en las últimas semanas «ha pasado ya» y afirmó que la realidad es «el resultado que tenemos y que ahora hay que gestionar».

El hombre que durante 13 años ha llevado las riendas de la formación desveló que seguirá en el grupo parlamentario como diputado y se ofreció a trabajar por el PP, «con todo el entusiasmo, igual que siempre». «Estoy a disposición del papel que se me asigne. Y como hago todas las cosas en la vida, con ganas, con ilusión y creyendo en ello», reflexionó. Por esos mismos motivos dijo que «no se ha planteado en absoluto» dejar su escaño de diputado porque, a su juicio, «no hay razón». «Si alguien observa lo contrario, me lo hará saber y yo lo compartiré o no», zanjó.

Diego confesó que cuando Buruaga se acercó a saludarle, él, además de darle un «emotivo» abrazo, le ha dado la enhorabuena, la ha felicitado por la victoria y le ha deseado mucha suerte, «porque la suerte de ella será la del Partido Popular».

Estuvo flanqueado en todo momento por los senadores Javier Fernández, que se hubiese convertido en el nuevo secretario general si Diego hubiese ganado, Esther Merino y Blanca Martínez, así como por el diputado Santiago Recio, quien, por momentos, estuvo a punto de romperse. Nadie en su entorno acababa de creerse una derrota que calificaron de «injusta» en una campaña «llena de trampas». «Cómo puede ser que los compromisarios cambien el voto de las bases, donde él ganó por 154 votos, es inasumible», repitieron como un mantra las decenas de personas que se acercaron a abrazar a su candidato con cara de pésame. Él no se separó de su mujer ni de sus tres hijas en ningún momento. Las cuatro le rodearon con el brazo y le acariciaron mientras Diego escuchaba el discurso de Sáenz de Buruaga, ya convertida en nueva presidenta del PP.

«He sentido dolor»

Horas antes, a modo de confesión, Diego reconoció durante su discurso haber sentido «mucho dolor por este proceso». «No es fácil escuchar lo que algunos compañeros han dicho de mí. No es fácil porque resulta incómodo de tragar y de muy costosa digestión. He intentado en todo momento hacer ver que la descalificación no tiene justificación. He luchado por mantener las agrias polémicas, en lo posible, al margen de los medios de comunicación. Y no lo he conseguido. Pero eso no hace que guarde ningún rencor».

«No hay tiempo que perder porque tenemos las mejores ideas y las mejores personas», defendió Diego, quien hizo un llamamiento a superar las «discrepancias». «Hoy concluye el Congeso, y con ello se acaban las tensiones y las diferencias, y desde mañana mismo todos tenemos en la sede nuestra casa y todos trabajaremos en la misma dirección», remachó. También planteó la necesidad de una revitalización de la vida interna del partido para que sea una organización «incluyente» y «permeable a todos los sectores sociales».

Antes de conocerse el ajustado resultado, Diego aseguró que siempre iba a considerar a Sáenz de Buruaga como una política «de excepción» y una «trabajadora incansable», además de una compañera que tendrá en él un amigo. No obstante, a pesar de estas palabras, lanzó un par de dardos a su rival, tras escuchar por boca de Sáenz de Buruaga que soñaba «con una transición ejemplar», como la que hicieron otros líderes del partido, entre los que citó a Gonzalo Piñeiro y José Joaquín Martínez Sieso. «Sí, se fueron como señores, como lo que son, pero lo hicieron acompañados de sus secretarios generales», replicó el exlíder del PP.

Diego enfocó su discurso por el lado más humano. Apeló a las emociones, construyendo su propio relato, el del hombre que fue moldeando su personalidad desde una adversidad vital y que finalmente llegó a la Presidencia de Cantabria en 2011. Un proceso que empezó hace 16 años con un cáncer linfático que le forjó su carácter «luchador» y le sirvió «para mejorar».

Diego reconoció haber cometido «errores» al frente del partido y en el Gobierno de Cantabria, pero opinó que es «honrado» que «todos» los que le han acompañado en dicha gestión como es el caso de Sáenz de Buruaga, que fue la vicepresidenta del Ejecutivo regional y la número 2 del partido se «responsabilicen» tanto «de los éxitos» como «de los fracasos cuando los han tenido». Uno de esos fallos aludidos por Diego es el, a su juicio, «haber descuidado en alguna medida» al partido durante la etapa 2011-2015, en la que el PP estuvo al frente del Gobierno regional.

«Durante los años en los que hemos gestionado el Gobierno, el cesto era mucho más grande que los mimbres y tuvimos que volcar todo nuestro esfuerzo en Peña Herbosa (sede del Ejecutivo regional) y en los ayuntamientos».