«Para ser artista se debe saber de cuentas»

Sofía Ellar, en la playa de El Camello, en Santander, donde pasa parte de su verano./Javier Cotera
Sofía Ellar, en la playa de El Camello, en Santander, donde pasa parte de su verano. / Javier Cotera

Con 24 años maneja su lado empresarial y artístico. Viene a Cantabria a reflexionar e inspirarse y este sábado actúa en Escenario Santander

MARIANA CORES

Sofía Ellar (Londres, 1993) -Sofía Lecubarri Ruigómez es su nombre real-, habla mucho más rápido de lo que canta. Desprende una tremenda energía, que transmite a través del continuo movimiento de sus manos, sus vivos ojos y el énfasis en cada frase. Sin embargo, sus canciones son para escuchar de manera más pausada. Como ella dice, «con una puesta de sol detrás y una copa de vino». Vivió en Londres hasta los cinco años, pero por sus venas corre «sangre española y mucha cántabra», motivo por el cual «no me identifico nada con los ingleses. Ellos son más políticamente correctos, más templados». Trabajadora infatigable, sumamente responsable, no le pesa la fama, pero sí siente un profundo compromiso con sus fans, a los que a ella le gusta llamar 'fanilia'. Una de sus canciones, 'Segundas partes entre suicidas', llegó al segundo puesto de popularidad en Spotify. No hay ninguna discográfica detrás de esta cantautora. Ella dirige su empresa con mano de hierro, como le enseñaron en el Instituto de Empresa. Cantabria es su «refugio, donde hay que venir a reflexionar y donde me inspiro», apunta Sofía. Este sábado, día 11, tocará en Escenario Santander.

-Tiene una canción que se llama 'Santander', en la que dice que es la ciudad en la que pasó veranos enteros.

-Mis padres son los dos de Santander. Se conocieron en el Club de Tenis, una Nochevieja. Así que toda mi vida he estado vinculada a esta ciudad, aunque veraneamos en la zona de Cabuérniga, a pie de la montaña, en una casa rural donde las duchas van con cronómetro, porque la caldera es limitada y al ser cuatro hermanos... También tenemos un casa en Santander, donde nos quedamos si algún día hay plan especial. No me gusta mucho salir por la noche, pero sí ir al faro de Cabo Mayor, a tomar unas rabas. Ir al Cazurro, en la Arnía, a tomar una cerveza y ver la puesta de sol, o al propio Club de Tenis, donde quedo a tomar una Coca-Cola para ver cómo juegan un partido. Compagino lo mejor de ambos.

-Ha tocado varias veces en Santander. ¿Dónde le gustaría poder llegar a cantar?

-He estado en Escenario Santander, en la campa de La Magdalena, durante el Hoky Popi, con Taburete. También en el Palacio de Deportes. Si pudiera elegir, me gustaría tocar en un espacio abierto, sin sensación de festival. Con la puesta de sol detrás. Puede parecer que un concierto grande es lo mejor, pero no necesariamente. Si me das un espacio más pequeño, donde pueda estar descalza, con mi guitarra, 300 personas de público con su cervecita, yo, feliz.

-Situaciones como la vivida con David Guetta, en Santander, o Amaia Montero, en Renedo, ¿dan vergüenza ajena como artista?

-¡Parece que Santander es la ciudad maldita! (risas). Cuando se dan estas circunstancias hay que analizar cada caso. Unas veces pienso que tienen un poco de cara dura, y en otras me da más pena porque esa persona lo está pasando mal y está tomando una serie de medicamentos. En el mundo del artista, los errores se disparan como no tengas la cabeza bien amueblada, sino tienes a tu familia que te ponga los pies en la tierra y a tus amigos de toda la vida, que te den las collejas que te tengan que dar. En mi caso, cuando alguien viene a uno de mis conciertos, no lo hacen para escuchar lo mismo que en el disco. No quiero que suceda como con otros cantantes, que hacen 'playback' y se les nota a la legua. Hay que estar a la altura. Para escuchar lo mismo que en el CD, te lo descargas en Spotify, en tu casa, con una copa de vino. Hay que dar un buen espectáculo. Un directo bueno.

-Cuando traes a invitados, ¿a qué playa les llevas primero?

-Gerra es de mis preferidas, pero no la toco en verano porque está plagada de gente de Madrid y para eso no he salido de la capital. Vengo aquí para evadirme, coger mi cuaderno y llenarlo de historias. Y si hay confianza, les llevo a la Arnía. Hay gente que me dice que estoy desvelando mis lugares mágicos, ya que muchos salen en mis canciones. Hay muchos fans que me escriben dándome las gracias por descubrirles estos sitios. Me encanta también Covachos, aunque hay que tener cuidado y no llevar a ningún patoso porque te quedas sin amigo, dado el difícil acceso. El Puntal también es brutal.

-Es producto de un modelo de negocio de su último curso de universidad.

-Cuando decidí hacer mi tesis sobre esto, nunca imaginé que iba a acabar siendo realidad. Escribo canciones desde los 13 años. Siempre quise ir a 'Lluvia de estrellas' y mis padres me miraban horrorizados. Me decían que primero terminara mi carrera. Nunca fue una opción clara. Pero en el último curso de Administración de Empresas -decidí hacer algo distinto al resto de mis compañeros. Hice un proyecto ficticio sobre mi, como artistas. Pensé: 'voy a amortizar estos años de tostón'. Empecé a indagar y a ver una oportunidad de negocio, junto con las redes sociales, que estaban emergiendo, que me permitían no tener que recurrir a las discográficas. Me di cuenta de que grabo un vídeo y me pueden ver en Japón. Me agarré a eso y decidí apostar por ello. No tenía nada que perder.

-En el Instituto de Empresa terminaron por llamarla para que diera una charla sobre su caso.

-Recuerdo que en la presentación incluso saqué la guitarra y me puse a cantar. Me miraron como diciendo 'mucha suerte, porque la vas a necesitar'. Pero un año más tarde, me llamaron para proponerme que diera un charla en el Día de la Mujer, contando mi experiencia. Lo cierto es que lo que aprendí en esos cuatro años me están sirviendo de mucho ahora.

-No hay una discográfica detrás de usted. Usted gestiona la parte musical y empresarial.

-Quiero dejar claro que yo no soy antidiscográficas para nada, pero hay otras alternativas. Además, reconozco que hay tener un golpe de suerte. Pero también disciplina y una formación. Saber qué es una cuenta de balances, un presupuesto. Es una empresa. Ir solo, ser autónomo, no es fácil. Lo es más ir con una discográfica. Te desentiendes y te ocupas de la parte artística, de componer, de clases de baile. Ojalá yo tuviera tiempo para ello. Pero hay un precio que pagar y se van a llevar buen un porcentaje. También soy de las que creo que no se debe de dejar todo en manos de terceros. Hay que tener el ojo de halcón para evitar las tentaciones de terceros. Cada día hay más perfil de artista más comprometido y menos de sexo, drogas y 'rock&roll'.