Los bancos han cerrado 60 sucursales en Cantabria en un año y 170 en la última década

Local donde se ubicaba la oficina de Liberbank en Monte, una de las cerradas durante el proceso de recortes. /Javier Cotera
Local donde se ubicaba la oficina de Liberbank en Monte, una de las cerradas durante el proceso de recortes. / Javier Cotera

Es la comunidad donde más oficinas han dejado de funcionar entre septiembre de 2016 y el mismo mes de 2017, con un descenso del 14,8%

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

Es una situación que se repite de forma constante tanto en el paisaje urbano como en los entornos rurales: locales vacíos allí donde hasta hace bien poco había una sucursal bancaria. «¿Pero ahí no había un banco?» es una pregunta recurrente entre los que se encuentran con la sorpresa de toparse con la persiana bajada allí donde la memoria le recordaba la existencia de una oficina. Algunas sobreviven como autoservicio, con cajeros automáticos pero sin personal, pero la mayoría han echado el cierre de forma definitiva, con el consiguiente perjuicio para los clientes, que han visto reducida la prestación de servicios y la calidad de la atención, y para los trabajadores afectados por los recortes de plantillas. Desde 2008, en paralelo al inicio de la crisis, las entidades financieras han cerrado 170 sucursales en Cantabria, según los datos oficiales del Banco de España. Y en un año, entre septiembre de 2016 y el mismo mes de 2017, última actualización disponible, han desaparecido 60 oficinas, lo que arroja una significativa media de cinco sucursales cerradas cada mes.

De esta manera, la banca tiene actualmente en la región 340 sucursales abiertas frente a las 399 que funcionaban hace un año, un 14,8% menos, dato que sitúa a Cantabria a la cabeza del ranking nacional de cierres de oficinas en los últimos doce meses, muy por encima de la media del país, que se sitúa en el 5,9%. Casi la triplica. Asturias, la segunda comunidad peor parada, sufrió un descenso del 8,7%, seis puntos menos. En el lado contrario, el territorio en el que la banca cerró menos oficinas es Aragón (-2,3%).

COMPARATIVA

Evolución del cierre de oficinas bancarias entre septiembre de 2016 y septiembre de 2017
Cantabria -14,8%
Asturias-8,7%
Comunidad Valenciana -7,9%
Extremadura -7,9%
Cataluña -7,4%
Madrid -7,0%
Media nacional-5,9%
País Vasco -5,7%
Baleares-4,9%
Castilla y León -4,8%
Andalucía-4,8%
La Rioja-4,8%
Castilla-La Mancha -4,7%
Murcia -4,6%
Canarias-4,0%
Navarra -4,0%
Galicia -3,6%
Aragón -2,3%

Este fuerte retroceso experimentado a lo largo de la geografía regional se debe, sobre todo, al nuevo plan de ajuste que puso en marcha en mayo de 2016 la entidad Liberbank -a la que pertenece la extinta Caja Cantabria desde la fusión de diferentes cajas de ahorros en 2011-, que llevaba consigo el cierre de 56 sucursales de las 136 que existían en ese momento -39 de forma total y las otras 17 reduciendo sus prestaciones al autoservicio-. Un proceso que «sigue en marcha», según explica Ricardo Calderón, portavoz de la Asociación Profesional de Empleados de Crédito y ahorro de Santander y Cantabria (Apecasyc), uno de los sindicatos con representación en Liberbank. «No ha llegado a cerrarlas todas aún, pero el proceso no ha terminado y no es descartable que puedan ser incluso más», apunta.

El decrecimiento de oficinas coloca al sector en niveles similares a los de 1979

También en el banco Santander, la otra entidad con mayor presencia en Cantabria, hay en marcha un proceso de reestructuración a raíz de la compra del Popular. La entidad que preside Ana Botín y los sindicatos acordaron recientemente la puesta en marcha de un ERE que reducirá la plantilla de la entidad en 1.100 empleos mediante prejubilaciones y bajas incentivadas, lo que significa el 3,1% de la plantilla conjunta de Popular y Santander España. Los empleados de Cantabria, en principio, no se van a ver afectados al no tener servicios centrales. Pero otra cosa será la segunda fase en la que se procederá a la remodelación de la red comercial en todo el país.

Las 340 oficinas bancarias abiertas en la actualidad en Cantabria suponen la cifra más baja de las últimas cuatro décadas. Hay que remontarse a diciembre de 1979 para ver un número más bajo (entonces había 336).

Goteo constante

Si el análisis se extiende a la última década, los bancos han cerrado en Cantabria 170 oficinas desde 2008, cuando comenzaron los problemas económicos y financieros derivados de la crisis y la banca comenzó el 'tijeretazo' en su red física en un duro ajuste que parece no tener fin. Hace diez años había 509 locales a pleno rendimiento, un 33% más que hoy en día. El goteo ha sido imparable, pero se ha acelerado en los últimos años, según revelan las cifras aportadas por el Banco de España a El Diario Montañés: 501 sucursales al cierre de 2009, cifra que se repitió un año después; 486 en 2011; 475 en 2012; 451 en 2013; 434 en 2014; 426 en 2015... En septiembre de 2016, se bajó por primera vez de 400 oficinas, algo que no sucedía desde 1982, y apenas tres meses después se cerró el año con 363. Y en septiembre de 2017, fecha de la última actualización, se tocó fondo, con las citadas 340 oficinas.

El ajuste de la red comercial ha afectado de forma mayúscula al conjunto de España, donde en esta última década el número de oficinas ha caído un 39,27%, hasta los 27.737 establecimientos actuales. Casi 20.000 menos que antes del estallido de la crisis. Cataluña es la autonomía con mayor ajuste en estos años de dificultades, en los que el sector financiero cerró el 51,5% de sus sucursales, un porcentaje casi seis puntos superior al de la siguiente en la lista, la Comunidad Valenciana, que perdió el 45,6%. En el lado contrario, con menos cierres, aparecen Castilla-La Mancha, con un 22,5%, y Extremadura, con un 23%.

Hay varias razones que explican la reestructuración que vive la banca desde el estallido de la crisis: las fusiones, que han reducido el número de bancos a una sexta parte; la necesidad de reducir costes operativos en un momento complejo; y el crecimiento de la banca electrónica. Y a pesar de la fuerte redimensión de la red comercial que han acometido los bancos en la última década, los organismos nacionales e internacionales siguen insistiendo en que España tiene un número de sucursales demasiado elevado, por lo que el ajuste parece que está lejos de llegar a su fin.

El recorte ha venido acompañado del despido de miles de empleados en el sector. Si en el 2008 había 278.300 trabajadores de banca a nivel nacional, al cierre del 2016 se contabilizaron menos de 195.000 -un descenso del 30%-, a los que hay que sumar alrededor de 3.000 más perdidos durante el 2017 que acaba de concluir. Un tijeretazo que supone una pérdida de unos 50.000 empleos más de los que se crearon durante la época del ladrillo (1997-2007), según revelan algunas de las cifras aportadas por el estudio nacional 'Empleo postcrisis en la Banca Española' realizado por José Manuel García Diego, representante de personal de Caja Cantabria durante años y uno de los responsables de la Federación Fuerza Independencia Empleo (Fine), el sindicato independiente más grande del sector financiero, con novecientos delegados que representan a 30.000 afiliados.

García Diego estima que el cierre de oficinas y el despido de trabajadores han sido «la mejor inversión» realizada por la banca, un sector que considera «ha retrocedido 35 años desde la óptica de la responsabilidad social», citando como argumentos los aumentos ilegales de la jornada laboral, con trabajadores «obligados a realizar horas extraordinarias sin cobrar»; la judicialización tanto de las relaciones laborales como con los clientes; la restricción de la competencia por la desaparición de entidades; la pérdida en la calidad de la atención al cliente; y una «carrera por cerrar oficinas» que está mermando la accesibilidad a los servicios financieros «hasta la exclusión en el mundo rural». Así, en su informe destaca que el 50% de los municipios españoles no tiene hoy en día ni siquiera una sucursal.

Pueblos sin bancos

El estudio no cuenta con datos particularizados por autonomías, pero es una evidencia que Cantabria no es ajena a estos perjuicios. «Hay muchas personas, sobre todo jubilados y residentes en entornos rurales, que se están quedando en situación de exclusión financiera porque carecen de oficinas bancarias a su alrededor y tampoco tienen acceso a internet, o por lo menos, conocimientos para hacerlo», razona García Diego.

Conclusiones que comparte Ricardo Calderón. «Es un perjuicio muy importante para la sociedad, porque hay muchísimos pueblos que ya no tienen entidad bancaria. Y más ahora que, por ejemplo, las pensiones ya no pueden ser cobradas en efectivo sino que necesariamente tienen que ser abonadas en cuenta, lo mismo que sucede con los recibos... La gente más mayor tiene cada vez menos prestación de servicios», critica el representante de Apecasyc.