Benín vuelve a la agenda de Cantabria

Trabajadores durante la construcción de una sala para consultas médicas en Tobré. Junto a ellos, Imelda, una religiosa española. /I. N.
Trabajadores durante la construcción de una sala para consultas médicas en Tobré. Junto a ellos, Imelda, una religiosa española. / I. N.

Una delegación del Gobierno viaja por el país africano, con el que existió un vínculo de colaboración hace años

ÁLVARO MACHÍN

En Materi hay un grupo de monjas que recoge a las niñas que huyen. Escapan de un matrimonio apalabrado. A veces su familia les dice que vayan a ayudar a casa de fulano, un hombre mayor de alguna aldea cercana. Van engañadas, cuando tienen la edad de la primera regla. Y no vuelven. Se convierten en 'esposas de la vejez'. En compañía útil para el anciano y en supervivencia para el hogar que dejan atrás. «La educación y la independencia son la única solución». Porque si una mujer fue al colegio, llevará a sus hijas a la escuela y será económicamente independiente. Podrá decir que no a la oferta. En Benín (África) las cosas son así. El Gobierno de Cantabria lleva años financiando unas becas para estas crías. Es de lo poco que se ha podido mantener últimamente. Porque hace tiempo se creó un vínculo. Se enviaron bicicletas donadas por los cántabros, un par de imprentas que ya no se usaban, ordenadores que se retiraron aquí y que servían allí... Y en los presupuestos había algunas partidas para financiar proyectos (escuelas, pozos...). Pero aquello se frenó. Se quedó en nada (o en muy poco). Con gobiernos de dos colores distintos. Estos días, una delegación cántabra viaja por el país con la idea de retomar el vínculo. De volver a meter Benín en la agenda.

Al año, 75 ayudas de 125 euros que facilitan a niñas la posibilidad de ir a la escuela

Son cinco personas. Salieron el sábado y tienen previsto regresar el lunes 16. El consejero de Educación, Cultura y Deporte (Francisco Fernández Mañanes), su jefa de gabinete (Luisa Ortiz) y los directores generales de Formación Profesional (María Jesús Reimat) y Juventud y Cooperación (Jorge Gutiérrez). Junto a ellos, el funcionario Luis Novoa, que lleva años vinculado a la cooperación con el país africano. La idea es recorrer algunas de las zonas en las que se colaboró en su momento. Conocer la realidad, recoger los proyectos que les presenten y seleccionar entre ellos en qué se puede ayudar para incluirlo en los presupuestos del año próximo bajo el formato de la cooperación directa. Para hacerse una idea, con el dinero que se mandó desde Cantabria se construyeron dos salas polivalentes en Ouénou y Tobré. La primera, para organizar talleres y fomentar la alfabetización. La segunda, para consultas médicas y farmacia. Además, entre otras iniciativas, se levantó y se equipó una escuela de educación primaria en Kerou y unos nuevos módulos para el centro que las monjas teatinas gestionan en Materi (una residencia para estudiantes).

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Las partidas

¿Cuánto dinero se mandó? En 2007 y 2008, 50.000 euros. La cifra bajó a los 39.500 en 2009 y alcanzó su tope (60.000) al año siguiente. Fue lo máximo. Ahí se frenó en seco. Nada en 2011 y una partida fija de 19.000 euros desde entonces que se reparte entre las becas de las niñas (son, anualmente, 75 becas de 125 euros cada una) y la colaboración con el hospital de Tanguietá (al que acuden médicos cántabros con frecuencia para prestar ayuda). Este centro -el más importante del país- recibe 20.000 enfermos por año y cuenta con unas cuatrocientas camas. Se enfrenta a las enfermedades y a unas tradiciones que muchas veces suponen acudir al médico cuando ya no hay remedio. Con la ayuda se financió la compra de un equipo de oxigenoterapia, de material para la sala de operaciones de ginecología y de un estabilizador de corriente. Además, los fondos se utilizaron para la construcción de un laboratorio bacteriológico y uno de virología.

Pero, más allá de la aportación económica, en los primeros años de cooperación se creó un lazo. Un vínculo. Este periódico publicó varios reportajes tras viajar al país y en la campaña para llevar bicicletas -claves para unos críos que deben desplazarse desde muy lejos para ir a la escuela-, la sociedad cántabra se volcó en la entrega. Revisadas y puestas a punto, se trasladaron hasta allí unas mil. Aquí estuvieron también tres jóvenes del país procedentes de la localidad de Natitingou durante un trimestre formándose con los trabajadores de la imprenta regional del Gobierno. Una de las viejas máquinas de aquí sirvió después en África para crear empleo y activar pequeños negocios locales. Sirvió hasta que la falta de todo en el país la hizo inservible. Sin recambios, sin posibilidad de arreglos...

O sin diccionarios. Daniel, un chaval espabilado que cantaba en el coro de la iglesia de Ouassá-Pehunco, escribió al periodista cántabro que viajó allí hace años para que le enviara uno de francés-español. Quería seguir estudiando. Quería progresar. «No se ha abandonado en estos años, pero ahora se trata de darle un impulso. Retomar la ayuda en la medida que sea posible», explican los impulsores del viaje. Retomar los proyectos. Los presupuestos. Y las pequeñas historias que no aparecen en los números.

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