El bonito se acerca, la flota espera

Un marinero trabaja en su barco, en el puerto de Santoña. /Sane
Un marinero trabaja en su barco, en el puerto de Santoña. / Sane

Los pescadores cántabros aguardan la costera con «ilusión porque hay bocarte en la mar» | Tras apurar las últimas salidas de la provechosa campaña de bocarte, el sector prevé la llegada de los túnidos «entre mediados de este mes y principios de julio»

JAVIER GANGOITISANTANDER.

Todavía quedan unas semanas para que empiece la costera de bonito, pero algunas embarcaciones de la flota cántabra ya empieza a dar síntomas de la cuenta atrás. Después de apurar las últimas salidas de la provechosa campaña de bocarte, los pescadores ya preparan sus embarcaciones de cara a la tercera gran pesquería del año, la del atún blanco, que estiman que dará comienzo entre mediados de junio y principios de julio. A pesar de que la temporada de 2018 fue positiva para muchos barcos, sobre todo los cerqueros, el sector vuelve a abordar la campaña partiendo de las mismas incógnitas. ¿Habrá suficiente bonito? ¿Se mantendrá a buen precio en las lonjas de la comunidad?

Son las preguntas que se formula el presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Cantabria y, a su vez, patrón mayor de la de Santoña, Miguel Fernández: «Expectativa no tenemos ninguna. Vamos a esperar un poco porque es pronto todavía». Hay una cosa que sí que juega a favor de la flota cántabra: «Saber que hay mucho bocarte en la mar, lo que atraerá al bonito. Eso nos da ilusión». Al otro lado de la balanza están las dudas. Le preocupa especialmente el rendimiento que puedan tener los barcos que capturan a cacea que, «a pesar de los datos globales, sufren más que los cerqueros». Y para prueba un botón: «Mi barco va a cacea, y el año pasado facturó mucho menos que el anterior. ¿Por qué? Porque necesitan más tiempo, aunque pesquen menos cantidad».

Precisamente serán estos barcos, los más pequeños y de entre cuatro y cinco hombres a bordo, los encargados de iniciar la pesquería. Realizan la captura mediante el método de cacea o curricán, que consiste en abrir las llamadas varas de bonito, de las que penden líneas de anzuelos para que piquen los peces. Pero no serán los únicos que salgan a pescar. A mediados de julio se unirán a la campaña las embarcaciones más grandes y que trabajan a cebo vivo, de unos quince hombres. Esta forma tradicional de pesca consiste en salir a la mar con viveros de anchoa, sardina u otras especies a bordo. ¿La razón? Gozar de grandes cantidades de carnada para que, en cuanto los pescadores detecten los bancos de bonito, éstos puedan agarrar sus cañas y empezar a capturar intensamente todos a la vez.

El 'Nuevo Chisu', de Juanjo Baranda, es uno de los barcos que está en las Islas Azores desde hace semanas

La expectación sigue al amarre de los barcos avilesinos 'Esmeralda tercero' y 'Berriz Amatxo', además del bermeano 'Goenkale', tras quince días de pesca en el Atlántico y traer de vuelta el primer ejemplar de la temporada (vendido a un precio de 300 euros el kilo).

En una de esas 'mareas' también participa desde hace más de dos semanas, como otros años, el cántabro Juanjo Baranda, con el 'Nuevo Chisu' pejino, actualmente navegando en el entorno de las islas Azores, a unos cinco días navegando desde Cantabria.

No están ahí por casualidad. Es donde nadan ahora mismo las puntas de bonito, cada día un poco más cerca del Mar Cantábrico y, con ello, de inaugurar una costera en la que la flota española tiene destinado un Total Admisible de Captura (TAC) de 16.604.000 kilos. A diferencia de lo que ocurre con especies como el verdel, en el caso del túnido no hay establecido un reparto por comunidades autónomas. Los barcos de toda la cornisa pescan de forma libre hasta que cubren el cupo, lo que tradicionalmente prolonga la captura desde julio hasta octubre, y sitúa agosto como mes de referencia para hacerse con los ejemplares de mayor calidad y tamaño.

Un 2018 «de récord»

Mientras los túnidos se acercan a la cornisa, la flota cántabra retiene las imágenes de la «buena» costera del año pasado, como coincidieron al calificarla las cofradías de Santoña, Laredo y San Vicente. Poco importó que se clausurara el miércoles 22 de agosto, mucho antes de lo previsto. La campaña dejó 3.082 toneladas en ventas, el 20% de la cuota nacional, lo que el secretario de la Federación de Cofradías de Pescadores de Cantabria, Enrique Paz, calificó como «un gran año».

La abundancia no fue el único factor que elevó la pesquería. El precio se mantuvo alto en toda la campaña y arrojó una media de 3,60 euros por kilo en lonja -35 céntimos menos que en 2017, pero porque entonces se pescaron 800 toneladas menos-. El resultado final: más de once millones de euros de recaudación en las lonjas de Cantabria. La profusión de bonito no sólo enriqueció a la flota en las lonjas de la región. Se descargó también en otras comunidades. «Si el barco se encuentra cerca de Gijón o de Galicia, compensa vender en La Coruña porque tienes menos horas de viaje, ahorras combustible y días, y vuelves a pescar otra vez», explicó entonces Paz.

Y si hay que ponerle un pero a la campaña del año pasado ese fue el rifirrafe que mantuvo el sector cántabro con el Ministerio de Agricultura y Pesca. El departamento dirigido por Luis Planas decretó una prórroga repentina de cinco días cuando el final de la temporada ya estaba previsto oficialmente para el 18 de junio. La noticia trajo de cabeza a los pescadores de la región, sobre todo porque no les fue comunicada con la misma antelación que a sus homólogos de Galicia, Asturias o el País Vasco. La Secretaría de Pesca justificó la medida con el descenso del ritmo de las capturas y un margen de cuota suficiente como para permitir las faenas cuatro días más, pero no pudo explicar el mutismo hacia los barcos cántabros. Una vez que la Consejería trasladó la queja a Madrid, se limitó a decir que «hará todo lo posible para que esto no vuelva a suceder en posteriores campañas».