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Borrar la tinta

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Hay cambios en la tecnología que configuran cada era de la humanidad, pero en la evolución individual, me quedo con un avance en concreto: el del paso del lápiz al bolígrafo. Uno empieza a tomar conciencia de sí mismo en algo tan nimio como este detalle, en la tinta que se no borra, y todo lo que eso conlleva. Cuando no hay marcha atrás, las cosas adquieren un sentido amplificado, y en ese salto hacia la responsabilidad de hacerte cargo de lo que escribes, el olor de tu estuche cambia. Ya no huele a sacapuntas y pinturas Plastidecor, sino a otra cosa.

Fue en tercero de EGB cuando la profesora dio la orden de usar bolígrafos para escribir lo que aprendíamos con vocación de perdurar. Uno debía ser dueño de sus números, sus palabras y sobre todo de sus tachones. El lápiz quedaba entonces para los que escribían mal, los que se torcían, los que sumaban con los dedos y a menudo se equivocaban, y de ahí la goma Milan 430 de borrar, el padrenuesto que te exculpaba de cualquier pecado para empezar otra vez de nuevo. Sin embargo, como en todo, en esa papelería también había hueco para el timo: el bolígrafo que se podía borrar, los odiosos Replay que ponían en duda la conquista, tan alargados, demasiado finos, negros, azules y rojos. Ahora se fabrican otros bolis del estilo. Tienen en la punta del capuchón una goma dura y no manchan, a diferencia de aquellos Replay, que dejaban en el cuaderno un reguero de color que como si fueran algas deshechas.

Me pregunto qué sentido tiene un bolígrafo que se puede borrar, porque una cosa es rectificar y otra desdecirse. Algo así sucede en la era digital, ¿qué pasa en este tiempo de capturas de pantalla y formateos? Cuando veo que es noticia la 'cobra' verbal de los tuiteros, pienso en qué tipo de tinta usarían para valorar la actualidad si tuvieran que escribirla a mano y no en la red social, donde los efectos de una desafortunada valoración a una operación en curso de la Guardia Civil convierte en noticia no sus palabras, sino la forma en que las han tachado.

En esta profesión, los periodistas decimos que el papel del periódico lo aguanta todo. Hasta la tinta, añado, y me alegra que esta tinta que mancha las manos del lector no se pueda borrar; en el fondo es una forma de resistencia frente a lo que se elimina como si no pasara nada.

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