La campaña de caloca arroja grandes cantidades pero el precio sigue bajando

Sane

Las cuadrillas recogen el alga que hace años se pagaba a 2,75 euros el kilo y hoy «no llega al euro»

María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

El mar Cantábrico ha dejado en los últimos días en su orilla abundante cantidad de caloca, lo que tiene en activo a las cuadrillas que viven de la venta por toneladas de esta alga, que una vez seca se emplea en la industria alimenticia y en el sector de la cosmética. El precio ha ido bajando en los últimos años, desde los 2,75 euros el kilo que se llegó a pagar en su día hasta el euro que se calcula se pagará esta campaña, «si es que llegamos al euro», apunta con escepticismo un caloquero en La Maruca.

Cerca de 20 personas, grupos familiares casi siempre, recogían ayer caloca en La Maruca. «Es un trabajo peliagudo», aseguraban las cuadrillas, al tiempo que conducían tractores llenos de esta alga morada con fuerte olor a salitre. Después de sacarla del mar utilizando una red o el palaganchos, se deja secar en pequeños montículos que discurren a lo largo de terrenos próximos a la zona de acantilados, para que el viento acelere el proceso.

Ayer había caloca en abundancia en la playa de Cerrias y en Portio; y estaba dispersa en montones en el entorno de La Maruca, La Virgen del Mar, Las Antenas, San Juan de la Canal o Las Muelas, que son algunos de los puntos con más tradición de recogida de caloca. «Las cuadrillas vamos donde las mareas vivas de septiembre y octubre escupa la caloca. Es la marea la que manda. Lo mejor es que haya acceso por playa, que facilita el trabajo», explican. «Este trabajo es tela marinera», asegura un joven inmerso en la faena. «El martes estuvimos de 05.00 a las 11.00 horas, metidos en el agua. Lo más duro es el frío», reconoce.

«Este trabajo va de generación en generación, mi padre iba y ahora mi hijo me acompaña a mí»

«Yo vivo de esto y depende de las ganas que ponga, puedo recoger 40 toneladas, 15 o solo una»

La campaña suele finalizar en noviembre y la cantidad que se recoge varía en función de «las ganas que le pongas». Unos recogen 15 toneladas, otros 40 toneladas y otros una. «Para algunos este trabajo es un extra, pero otros vivimos de esto y tenemos que echarle bien de ganas», señala un joven. Otra pareja apunta que venderán una tonelada, aproximadamente, al final de la temporada a un chico de Asturias con quien lo tienen apalabrado. «Creo que la destina a cosmética», dicen.

Generaciones

La recogida de caloca pasa de generación en generación. «Ya lo hacía mi padre y antes, mi abuelo. Yo de niño acompañaba a por caloca, igual que mi crío de seis años hace ahora, que me acompaña a mí cuando no tiene colegio. Aunque no viene a trabajar, está conmigo, mira y juega. Como yo le digo, esto es el pan de cada día», asegura otro caloquero.

La extracción y recolección de caloca es una actividad regulada por ley desde 1986. Hasta hace quince años, se dedicaba a ello las gentes de la costa, sobre todo las mujeres, como humilde complemento a las economías domésticas. Pero surgieron nuevas aplicaciones industriales y gastronómicas, incluida la alta restauración o parafarmacia, que cotizaron al alza la caloca durante unos años. Sin embargo, en la actualidad se quejan de que «esos tiempos han pasado y vuelve a estar mal pagada».

Los recolectores achacan la bajada del precio a un aumento de actividad de la recogida desde barcos con buzos y a que se ha abierto la importación de material de otros países. «De Marruecos, que es peor calidad, pero más barata. Y se dice que los chinos ya venden un genérico como el agar-agar. Todo eso fastidia el mercado», comentan en los corrillos. Ese agar-agar, un espesante, está presente en los productos agroalimentarios y los alimentos que precisen de cierta consistencia e incluso para la industria textil. Tres firmas -Roko, Hispanagar e Interalgas- son las que habitualmente compran el material. Pero ese es el último paso.

Para dedicarse a esta actividad hay que tener un permiso expreso del Gobierno de Cantabria, las personas deben estar en activo y con las cuentas al día con Hacienda y la Seguridad Social, y disponer de un curso de primeros auxilios en actividades subacuáticas, en la caso de los buceadores.

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