Los candidatos, bajo la lupa

Así se enfrentaron a las cámaras de El Diario Montañés los aspirantes a la Presidencia de Cantabria

Alberto Santamaría
ALBERTO SANTAMARÍASantander
María José Sáenz de Buruaga | PP «Equipo», «proyectos» y firmeza ante las críticas

María José Sáenz de Buruaga dejó clara su estrategia desde la primera intervención: llegó al debate para defender «equipo» y «proyectos», a los que sumó la «gestión» de sus cuatro años en el Gobierno. Pese a estar en la oposición se convirtió en el centro de las críticas, que la candidata popular rebatió con un discurso firme, bañado en datos económicos, que empleó para poner en duda el crecimiento regional y la reducción del desempleo de los que presume el bipartito. Incluso, logró 'emboscarse' en alguno de los ataques recibidos para responder sin rehuir el cara a cara, en especial con el candidato socialista, con el que mantuvo varios rifirrafes.

Buruaga centró sus intervenciones en criticar la gestión al frente del Gobierno de Miguel Ángel Revilla, al tiempo que defendió la actuación del PP para terminar en «16 meses Valdecilla después de 16 años parado», su labor para bajar las listas de espera y reclamar para su partido el mérito de reducir el absentismo escolar. Pocas referencias a Vox, pero una muy clara para rechazar un posible acuerdo postelectoral con el partido de Abascal.

Miguel Ángel Revilla | PRC La experiencia antes que su impronta mediática

«Obrad en consecuencia», pidió ayer Miguel Ángel Revilla a los votantes. Porque toda una vida en la política le bastan y le sirven al líder regionalista para tirar de experiencia y salir airoso de los debates, aún cuando se permite el lujo de no pedir el voto a los ciudadanos. Tantos años lleva en estos asuntos que, quizá sin quererlo, adopta cierto aire didáctico que hace que algunas de sus explicaciones vayan dirigidas más hacia la moderadora del debate que hacia sus rivales políticos.

Revilla se sabe ganador, y hace uso de esta situación para intervenir con solvencia: defendió su gestión al frente del bipartito, subrayó la situación de bonanza económica de la región, esgrimió la bajada del paro y respondió con suficiencia a las críticas de sus rivales: muchas desde el PP, algunas desde Cs y Vox, un par de ellas desde Podemos y ninguna desde el PSOE. Revilla, inseparable de su pin cántabro en forma de corazón y de su pulsera de Cantabria Infinita, tiró de galones para admitir la crítica, pero no los insultos, y clamó al cielo cada vez que fue interrumpido. «¿Pero no estamos en un debate?», se oyó en el plató de televisión.

Pablo Zuloaga | PSOE Discurso y escenografía bien preparadas

Pablo Zuloaga llegó con el debate bien preparado y una escenografía perfectamente diseñada: traje azul, corbata roja, pin arcoíris de la agenda 2030 en la solapa y pulsera roja del PSOE en la muñeca, por supuesto, en la izquierda. Manejó un discurso fluido basado en la defensa de la gestión del bipartito, que salpicó con una batería de ideas y propuestas, y dirigió sus críticas casi en exclusiva hacia la candidata del PP. Logró hacerse sitio en las intervenciones de sus oponentes políticos para contraponer datos y mantuvo varios cara a cara con Sáenz de Buruaga, a la que miró en varios momentos con gestos de incredulidad.

Utilizó un par de gráficos para apoyar sus intervenciones; uno de ellos llegó a entregárselo a la candidata popular, que lo rechazó. Logró salir airoso de los temas más espinosos en la gestión socialista (contrataciones en el Servicio Cántabro de Salud y el calendario escolar), que desvió hacia las listas de espera y el absentismo escolar. Estuvo hábil para dirigirse al candidato de Vox cada vez que abordó un asunto relacionado con las «cántabras».

Mónica Rodero | Podemos Le costó entrar en el cara a cara

Cada intervención de Mónica Rodero tuvo un gesto de asentimiento y de aplauso de Verónica Ordóñez, sentada en el plató de televisión frente a la candidata de Podemos y el resto de asesores de los candidatos. La experiencia de cuatro años de la exdiputada regional en el Parlamento, para apoyar la inexperiencia de la cabeza de lista en un debate de alto calado político. Pese a este apoyo, a Rodero le costó entrar en los cara a cara con el resto de candidato y, cuando lo intentó se encontró con la reprimenda de Revilla:«Por qué me interrumpe», le espetó el regionalista cuando le censuró la precariedad de los contratos de trabajo.

La candidata de Podemos, que se rodeó de folios de color verde en los que tenía anotadas sus propuestas y que no pudo evitar leer en varias ocasiones, se ofreció como la portavoz de los colectivos sociales en el Parlamento, enumeró una larga lista de propuestas y, antes que ofrecerse como alternativa de Gobierno, apeló al voto para sí poder influir en el futuro Ejecutivo. «Tenemos opciones de acceder al Parlamento», recordó.

Félix Álvarez | Ciudadanos Un formato que le favorece

Félix Álvarez tiene tablas. Se mueve como pez en el agua delante de las cámaras. Maneja los tiempos, sabe en qué momento interrumpir, logra hacerse oír entre los candidatos y tiene la habilidad y el desparpajo para introducir alguna pequeña anécdota en sus intervenciones: el «trenezuco» a Madrid, los «selfies» de Zuloaga desde la Delegación del Gobierno. Ayer, el candidato de Ciudadanos, apoyado por documentos gráficos al estilo de Rivera (aunque sólo se acordó de mostrar uno), se disfrazó de crupier para repartir críticas a diestro y siniestro: al PP, al PSOE a Revilla (que no al PRC), a Zuloaga, a Pedro Sánchez. Tantas, que su discurso contundente del inicio quizá terminó por diluirse entre tanta refriega y tanta alusión a asuntos más nacionales que regionales: los pactos de Pedro Sánchez, la subida de impuestos presentada a Bruselas.

Aún así, se reinvindicó como alternativa para alcanzar el Gobierno y se abrió a los posibles pactos postelectorales con excepciones: Vox, Podemos y PSOE. Tuvo un final: «Vamos Cantabria, vamos Ciudadanos».

Cristóbal Palacio | Vox Se ganó un hueco en el debate

Había expectación entre todos los candidatos por escuchar la intervención del candidato de Vox. Cristóbal Palacio no se estrenó con buen pie. Un error con la hora fijada para el debate hizo que se incorporara diez minutos tarde y nos quedáramos sin escuchar su intervención inicial. Pero eso no fue obstáculo para que el candidato demostrara que tiene un discurso firme, fluido, directo, capaz de ir al cara a cara sin achantarse y lleno de propuestas que trató de meter en un tiempo limitado. Es abogado de profesión.

Palacio se ganó un hueco en el debate y salpicó sus intervenciones con propuestas y críticas, en su mayor parte dirigidas a la gestión de Revilla, con el que mantuvo algún intercambio de pareceres. Trató de colarse, y lo logró, en algunos de los asuntos de mayor calado del debate, y supo situarse ideológicamente «con el resto de los candidatos a mi izquierda». Esquivó algunos de los asuntos más polémicos que han sacudido a Vox, salvo de la Sanidad, y finalizó su intervención apelando a los «valores, a la confianza y a la eficacia».