«Hay que exigir que las lecturas obligatorias de Bachillerato sean también de escritoras»

Raquel Conde, en Laredo, donde ejerce la docencia. /Abel Verano
Raquel Conde, en Laredo, donde ejerce la docencia. / Abel Verano

Publica su tercer libro para descubrir a las escritoras de la historia y reivindica su presencia en las aulas: «No es un problema de calidad, sino de resonancia»

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Durante dos años, Raquel Conde (Vizcaya, 1967) leyó más de cien novelas escritas por mujeres, una por semana, para «comprender y conocer un panorama que estaba sin trillar». El resultado ha sido su libro 'Mujeres novelistas y textos comentados de la literatura universal', un trabajo académico que revela el desconocimiento de las autoras, una tara que se ceba en la educación: «Nada de esto llega a las aulas ni a los libros de texto», dice la experta, que comenzó a investigar este tema en los 90. Con un doctorado por la Universidad de Deusto, y dos libros mediante, su obra es bibliografía recomendada en las universidades. Investiga cuando puede, un ámbito «muy duro, sin becas, ni apoyo», y lo compagina con su trabajo de docente en el IES Bernardino de Escalante (Laredo). Todo para lograr este tercer libro con el que busca «subsanar la carencia de los manuales de literatura».

–¿Por qué no se estudia a las escritoras en las aulas?

–Toda la cultura se sustenta en un canon. Cuando uno quiere dibujar un panorama, mira lo canónico, y ese canon lo fijan quienes están en la cima de la cultura. Cuando tres o cuatro autoridades canónicas fijan el panorama de un siglo, luego todo el mundo lo referencia como tal. No es un problema de calidad, es un problema de resonancia, de nombre, de memoria, de que al final reproducimos en nuestras obras lo que estudiamos en las facultades. Y si yo he estudiado con Cela y Delibes, cuando tengo que escribir, lo hago sobre Cela y Delibes. Y este canon lo reproducimos en el aula.

–¿Qué puede hacer la educación ante ese silencio de género?

–Hay un camino que ya está andado y están saliendo investigaciones sobre cuestiones de género, literatura femenina o la mujer en el arte. Llevamos ya 30 o 40 años, pero falta una mano política, hay que exigir a los libros de textos, a los programas educativos que lo pongan por obligación en el programa. Si no conocemos a estas mujeres, hay que estudiarlas, y para ello se necesita sensibilidad y voluntad para hacerlo, pero cuando la voluntad no funciona, hay que hacer la norma. Hace muchos años que reivindico un texto de mujeres en las lecturas obligatorias de Bachillerato, y después de insistir durante muchos años, al fin se va a incluir uno para el año que viene. Hasta ahora, para la prueba de la EBAU, sólo ha habido un texto de mujer, el de 'Nada', de Carmen Laforet, pero no se ha incluido nada más. Cambiar a J. Sender por Cela puede ser muy interesante, pero seguimos en la misma estética y cultura; cambiar un hombre por una mujer es cambiar 180 grados la visión de lo que estás enseñando.

«Rescatamos mujeres en clase, pero son días puntuales; la cultura femenina debe estar recogida en el temario»

–Lleva tres décadas dedicándose a rescatar a mujeres que la historia no recuerda, ¿vio venir la ola del #Metoo?

–No me lo planteaba de esta manera, pero el camino era este. Es imparable y no tiene vuelta atrás. La gratuidad del lenguaje que permiten las redes ha acelerado el proceso del feminismo. En ese sentido, cada vez más hay mujeres y hombres que escuchan a mujeres. Y al final eso da valentía en los discursos.

–Su nuevo libro busca difundir y dar a conocer la literatura femenina fuera de los ambientes universitarios, ¿tan lejos está el conocimiento de la calle?

–Sí, está muy lejos. Mientras estás en la universidad crees que el mundo de la literatura femenina o la ginocrítica (cultura de las mujeres) tienen un hueco; hablamos entre nosotras y algún nosotros que investiga, tenemos confianza y sabemos que tenemos razón, pero cuando abres el libro de texto en tu aula y ves que no existe y que la gente no lo conoce, te das cuenta de esa distancia.

–¿Qué ve en el comportamiento de sus alumnos, son conscientes de las ausencias del pasado?

–No lo son. Hay una cita: 'La ausencia de la mujer es la ausencia de la ausencia', es decir, no sólo no está sino que además no somos conscientes de que no está, como si no nos hubiera llamado la atención.

–¿Tampoco ahora llama la atención su ausencia con tanta reivindicación como existe?

–Se sabe de esa ausencia tres días al año. El día de la mujer trabajadora, el día de la mujer y el día que nos revolucionamos con alguna dinámica social. Luego ya el cantar del mío cid, ya no hay mujeres en la conciencia de nuestra clase, ni tan siquiera saben cómo eran físicamente porque no hay imágenes en los libros.

–¿Y las alumnas, las nuevas generaciones reclaman la igualdad?

–Mis alumnas son mucho más feministas, y en el aula lo somos más hoy que hace años, de eso no cabe duda, pero que se conozca la cultura de las mujeres, y se lea y se identifique su lucha y sus señas de identidad, eso ya no tanto. Hay días al año que rescatamos a las mujeres, que invitamos a hacer trabajos, les decimos que las busquen en internet. Son días puntuales y son gestos importantes, pero queda mucho por hacer si cuando leemos literatura de la posguerra, no ponemos al alumno ningún texto de Rosa Chacel. A la hora de buscarles modelos, aún les cuesta ver que el narrador sea una mujer. En clase hago hincapié y les señalo cuando un discurso es misógino o no aparece una mujer, y hay algunos profesores que enseñan a leer de esa manera, pero es importante que los libros de texto lo recojan y esté metido, porque hasta que no se incluyan, conocerlas dependerá de pequeños gestos que aparecen aquí y allá en las aulas de algunos profesores más sensibles. Es necesario que la cultura femenina esté en los libros de textos, que estén a diario.

–Es su tercer libro, figura en la bibliografía universitaria recomendada, ¿se siente reconocida, su trabajo podría ser más visible?

–El mundo de la investigación es durísimo; investigar en el vacío, la falta de becas, la dificultad para publicar. Gasto el tiempo en llamar a puertas, pero no puedes estar todo el rato en la promoción, te dedicas a tu familia y tu día a día. Además, también hay una herencia de falta de autoestima, el trabajo que haces está reconocido, pero parece que no hace capa. Lo que estudia una no sirve para el aprendizaje de la siguiente.

–Ahora escriben muchas mujeres, ¿sigue habiendo esos cánones?

–Claro que siguen existiendo, aunque ahora escriban más mujeres. Hay muchos gestos, los premios literarios empiezan a entregarse a autoras, incluso es posible que tengas más probabilidad de que se fijen en ti porque hay un mercado. Pero nos falta que eso que se vende y valoramos como bueno lo estudiemos y le demos la calidad y la altura al formar parte de un libro de texto, de una enciclopedia o de un tratado de literatura. Que no sea sólo una página comercial sino algo digno de sentar un poso de la siguiente generación. Si no, seguiremos improvisando nuevas obras. Nos falta la cultura de grupo.