La firma canadiense Emerita Resources detalla hoy su plan para la mina de zinc

Vista aérea del lago creado sobre la antigua mina de Reocín./Luis Palomeque
Vista aérea del lago creado sobre la antigua mina de Reocín. / Luis Palomeque

Los representantes de la empresa se reunirán con el presidente, la vicepresidenta y los doce alcaldes de los municipios afectados antes de desgranar en público su iniciativa en el Besaya

Gonzalo Sellers
GONZALO SELLERSSantander

Los máximos dirigentes de la empresa canadiense Emerita Resources llegarán hoy a Santander para presentar su proyecto de la mina de zinc en la comarca del Besaya. Los representantes de la compañía americana, una de las seis adjudicatarias del suelo para extraer mineral en la región, se reunirán con el presidente y la vicepresidenta cántabros antes de hacerlo con los doce alcaldes de los municipios afectados por la futura explotación. También está previsto que hagan públicos sus planes en una rueda de prensa que tendrá lugar a las 13.00 horas en la sede del Gobierno. Esta visita confirma el interés de la multinacional por una de las grandes esperanzas industriales del bipartito para esta legislatura, sobre todo en la zona del Besaya, especialmente afectada por la crisis industrial.

Los informes presentados a la Consejería de Industria, dirigida por Francisco Martín, revelan que en el subsuelo aledaño a la antigua explotación de Reocín se concentran más de veinte millones de toneladas de mineral, que serían extraídas durante las dos próximas décadas. La comarca del Besaya se convertiría, así, en potencia internacional en este campo. «La reserva de mineral es superior a la que se produce en el mundo en año y medio. Y seguro que hay mucho más», dijo Miguel Ángel Revilla el pasado febrero.

La delegación de Emerita estará encabezada por su director, David Gower, un ingeniero de minas con más de veinte años de experiencia en el sector y más de una década integrado en el fondo de inversiones Forbes & Manhattan que respalda a la firma canadiense. Estará acompañado por el presidente de la firma, el español Joaquín Merino, un geólogo vinculado desde hace veinte años al negocio minero.

Actualmente, Emerita Resources es titular de los proyectos mineros de investigación 'Las Morras' y 'Peña Encina', ambos situados en Extremadura, y 'Sierra Alta', en Asturias, dedicados a la minería de oro.

Los representantes de esta firma desgranarán en las reuniones de hoy los detalles económicos y logísticos de su proyecto, basado en un modelo de minería ecológica que ya expusieron a los grupos parlamentarios cántabros este mismo año, cuando era clave un cambio legislativo en la región que desbloqueara esta iniciativa. Se consiguió y en un tiempo récord se adjudicaron los derechos de explotación a seis compañías distintas, aunque es Emerita la que cuenta con el proyecto más avanzado y con el suelo donde existe, en principio, mayor concentración de zinc.

Una mina ecológica

El informe que desgrana las medidas medioambientales que acompañan al proyecto se resume en una sola frase: la mina no emitirá gases ni ruidos ni vertidos al agua. El documento, al que ha tenido acceso este periódico, repite hasta en cuatro ocasiones que la explotación será totalmente subterránea y que, en ningún caso, se trata de una mina a cielo abierto, como lo fue durante 150 años la antigua instalación de Reocín. Todos los trabajos se desarrollarán a 500 metros de profundidad y en el exterior «no se percibirá nada». Por eso, la empresa canadiense asegura que el proyecto «no afectará al terreno natural ni a ninguna superficie, no habrá ninguna sustancia que entre en contacto con el suelo, no emitirá ningún gas al exterior, no se generarán ruidos al medio ambiente, no aportará ninguna partícula sólida al medio natural y el agua utilizada se depurará y no entrará en contacto con posibles contaminantes».

El sistema es el siguiente. Para hacer la bocamina inicial de cinco kilómetros se utilizarán explosivos, pero las voladuras cuentan con un sistema de absorción de ruidos similar al que se utiliza en las grandes ciudades para construir los metros. La extracción del mineral también contará con sistemas muy distintos a los de hace una década.

En primer lugar, habrá paneles especiales para absorber las ondas y el ruido de la maquinaria pesada y las voladuras. La blenda comienza entonces un viaje que será de ida y vuelta. Primero, se meterá en cápsulas para «evitar partículas en suspensión en el aire» durante su transporte, cápsulas que irán a las plantas de tratamiento, que también estarán en el subsuelo. Se usarán cintas transportadoras eléctricas.

Una vez triturado el mineral, se separará el zinc de los demás elementos por el método de flotación, ideado por el ingeniero cántabro Leopoldo Bárcena Díaz de la Guerra, exdirector de la sede de Torrelavega de la Real Compañía Asturiana de Minas y fallecido en 1949. En líneas muy básicas consiste en meter el mineral en un tanque lleno de agua e inyectar aire para separar los elementos químicos.

Sin reacción química

Este proceso, según la empresa canadiense, «no produce combustión ni reacción química de ningún tipo» ni tampoco generará balsas de agua, por lo que «se evitará la peligrosidad de inundaciones». «Las aguas utilizadas permanecerán dentro de un circuito cerrado y no entrarán en contacto con el medio natural», aseguran desde la firma.

La última fase será el tratamiento de los restos de mineral que carecen de valor. Este nuevo sistema, bautizado en inglés como 'Backfill', evitará la generación de escombreras al reutilizar todos los materiales. Los residuos sobrantes volverán a su lugar de origen metidos en cápsulas. Allí se inyectarán de nuevo en las cavidades producidas en la primera extracción junto con un cemento especial. Es decir, se rellenarán los agujeros.

«Se aumentará considerablemente la sostenibilidad de la mina, no se alterarán las condiciones físicas de los posibles acuíferos, no se crearán balsas de lodos y, por tanto, no habrá que eliminar ningún residuo en vertedero», se destaca en el informe. Por último, el zinc será almacenado en naves antes de transportarlo al puerto de Santander y ponerlo en el mercado.