El fiscal aprecia «ánimo de matar» en la acusada de intentar acabar con la vida de su hija

La acusada, durante el juicio./Sane
La acusada, durante el juicio. / Sane

Tanto el Ministerio Público como la letrada del Gobierno han rebajado su petición de condena a cuatro años y medio de cárcel por administrar fármacos a su hija

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EFE .Santander

El Ministerio Fiscal ha mantenido la calificación como delito de asesinato en grado de tentativa en el juicio contra la mujer diagnosticada de síndrome de Munchausen por poderes, que administró un fármaco a su hija, pese a que los médicos se lo había retirado, por lo que tuvo que ser varias veces hospitalizada.

«Existió ánimo de matar», ha señalado el fiscal en sus conclusiones al término del juicio que durante tres días se ha celebrado en la Audiencia de Cantabria y ha precisado que, aunque «no hubo intención agresiva de acabar con la vida de la niña», la madre continuó suministrándole Tegretol 400 (carbamazepina), «sabiendo que conllevaba riesgo de muerte».

El juicio

No obstante, tanto la Fiscalía como la letrada que representa al Gobierno de Cantabria que ostenta la tutela de la niña, han rebajado la petición de condena de cinco años a cuatro y seis meses, por la atenuante de reparación del daño; mientras que la defensa ha considerado que se trata únicamente de un delito de lesiones, pidiendo que se la condene solo a un año de prisión.

La única diferencia entre ambas acusaciones radica en que, mientras que la Fiscalía mantiene su petición de que se condene a la acusada también a nueve años de alejamiento con respecto a la niña, la acusación particular no pide alejamiento.

Por su parte, la defensa, sostiene que el síndrome que padece la acusada, más que ser un atenuante, como afirma el fiscal, es un eximente «incompatible» con la calificación de tentativa de asesinato, por lo que ha considerado que se trata únicamente de un delito de lesiones, pidiendo que se la condene solo a un año de prisión.

También ha pedido que se aplique el atenuante de confesión de los hechos, que para la Fiscalía se produjo «meses después de los hechos» y «reconociendo cosas aunque no todo», pero que la defensa destaca que tuvo lugar cuando la acusada fue tratada del síndrome que padece.

Además, ha valorado que su confesión «favoreció la investigación» y permitió que se levantara la orden de protección contra el padre y el abuelo de la niña, que inicialmente también eran sospechosos de estar suministrando el fármaco a la menor.

El letrado de la defensa se ha preguntado qué interés puede haber en que la acusada ingrese en prisión y ha considerado que se le puede imponer una pena de cárcel que se suspenda y vincule a que cumpla con el tratamiento de su trastorno mental.

Para la defensa, eso redundaría en beneficio de la menor, que «necesita recuperar el contacto con la madre». En este sentido, todos los peritos que han sido cuestionados a lo largo del juicio sobre la conveniencia de que madre e hija puedan verse han aceptado que sería «beneficioso» para ambas y especialmente para la niña, aunque han hecho hincapié en que las visitas deben realizarse bajo supervisión y en un entorno adecuado.

Los testimonios que se han podido escuchar en la última jornada de este juicio han incidido, en su mayor parte, tanto en si la niña llegó a estar en coma en algunos de las ocasiones que fue ingresada o únicamente en estados de estupor, en el grado de consciencia que tenía la acusada sobre el riesgo para la salud al que sometía a la menor y en la conveniencia de que madre e hija puedan reencontrarse.

Así, los forenses que han declarado hoy han defendido que la niña tuvo al menos tres episodios de coma antes de que fuera tratada en el hospital San Juan de Dios de Esplugues de Llobregat, que donde se detectó que a la menor se le estaba suministrando el fármaco que se le había retirado.

Opinión que difiere de la de la neuróloga pediátrica de ese centro que sostiene que el estado de la niña era de «estupor», paso previo al coma. Para ello argumenta que la niá no fue nunca entubada y salía de ese estado solo con el paso del tiempo.

Estos mismos forenses han apuntado que, debido al síndrome que padecía, la madre tenía una alteración de sus capacidades cognitivas y volitivas «entre moderada y grave» y han considerado «recomendable el contacto supervisado entre madre e hija», porque sería «beneficioso» para ambas.

Por su parte, la psiquiatra y la psicólogas que están tratando a la acusada ha considerado que la mujer tenía, como consecuencia del «estrés postraumático» por el nacimiento prematuro y enfermedad de la niña, una «personalidad patológica con rasgos narcisistas, psicopáticos, histriónicos y compulsivos» que eran un «caldo de cultivo» para el síndrome de Munchaussen por poderes.

«No creo que hubiera podido evitar hacer lo que hizo», ha declarado la psicóloga que, aunque reconoce que necesitará «años de tratamiento» para recuperarse, ha defendido que «la niña tiene que saber que la madre está viva y ser reconocida, querida y tratada por ella».

«Mi paciente lo necesitaría, pero sobre todo sería bueno para el bienestar de la niña, que necesita saber que su madre la quiere», ha añadido la psicóloga.