Herramientas que refuerzan a las familias en su labor de la crianza

Participantes en una de las sesiones participativas celebrada en Cartes. / Alfonso Helguera
«Hacer hincapié en las potencialidades de los padres, entendiendo estas como una oportunidad de ver crecer a los hijos de una forma sana y feliz»
CRISTINA PASCUALSantander

El paso de la guardería al colegio; la llegada de un nuevo miembro a la familia; la transición educativa, los primeros pasos y palabras; los cambios en los hábitos alimenticios... Estas son algunas de las etapas evolutivas en el desarrollo de un niño en las que, innegablemente, también se ven inmersos los padres y madres. Con el objetivo de abordar éstas y muchas otras necesidades relacionadas con la infancia, el establecimiento de rutinas, la promoción de prácticas educativas cálidas y afectuosas, o el propio desarrollo personal de la familia, el PAIF incluyó, entre sus contenidos, el programa Afecto (Apoyo a las Familias en la Escuela: Crianza, Transiciones y Oportunidades).

A lo largo del pasado año el PAIF ha llevado a cabo esta actuación en diferentes centros y municipios de la región, trasladando el programa a padres y madres con niños en edades de educación infantil, primaria y adolescentes. En el caso de Cartes, Afecto ha ido destinado a este primer grupo y ha contado con la colaboración del Centro de Educación Infantil La Robleda, la Mancomunidad Altamira Los Valles y el propio ayuntamiento.

Francisco Cañizares, coordinador del PAIF, afirma que el objetivo del programa es hacer hincapié en las potencialidades de los padres, «entendiendo éstas como una oportunidad magnífica para ver crecer a los hijos de una forma sana y feliz. Se trata de que las familias dispongan de más herramientas, de que tengan un lugar de encuentro en el que poner en común su propio proceso personal y sus experiencias durante la crianza. Queremos afrontar y solventar esas posibles situaciones tensas, pero también queremos enamorarnos aún más de nuestros hijos».

Paula acababa de tener a su segundo hijo y en su casa comenzaba «la temida etapa de hermano mayor y hermano pequeño», cuando decidió tomar parte en el programa. Tras su experiencia participando en las sesiones, asegura sentirse más reforzada en su papel de madre. «Hoy en día estamos expuestos a tantos mensajes sobre la maternidad, que es normal que nos creemos ciertas inseguridades». Durante su intervención, Paula hace referencia, además, a esa imposición de pautas sociales: «Mi hijo con un año ya come solo», o «el mío aún no tiene dientes y todos los demás de su clase sí»; «mi hija habla desde los 13 meses…».

A cuestiones como estas se refieren también otras madres, las cuales reconocen que «todo esto puede provocar miedos, que luego te encargas de transmitir a tu hijo. Tenemos que darnos cuenta de que esto no es así y de que cada niño y cada hogar son diferentes. Aquí hemos afianzado esa idea».

A este respecto, Jesús López Rivas, coordinador de Política de Familias y Participación Social de la Dirección General de Política Social, habla sobre la importancia de «concienciar en la crianza, de poner en valor y dar ese apoyo tan necesario. Hay que insistir y subrayar esta faceta, por lo que significa de refuerzo continuo para empoderar a los padres, al niño, a la familia… Creo que programas y acciones como éstas son muy importantes para fortalecer las competencias como padres y madres, así como para promocionar y estimular el desarrollo de habilidades y estrategias de crianza eficaces; para que nos sintamos mejor y, por lo tanto, lo hagamos mejor».

Metodología

Para llegar a este objetivo, las sesiones siguen una metodología participativa, en la que el grupo lo es todo y que dista mucho de la idea clásica de un taller o una charla con un profesional al frente, dirigiéndose a un grupo de personas y ofreciendo un contenido plenamente teórico.

Aquí, los contenidos se crean entre todos. De esta forma, tal y como explica María, técnico de atención temprana en el CEI La Robleda, «el retorno es inmediato. Es un proceso que realmente funciona».

Aroa, otra de las madres participantes en el programa, recuerda algunos de los juegos que han llevado a cabo en las sesiones y que, posteriormente, han puesto en práctica en sus casas. «Por ejemplo, con actividades como la de 'dar la vuelta al nudo' abordamos esas cuestiones relacionadas con las actitudes de nuestros hijos y cómo afrontarlas, pero siempre empezando por nosotros mismos. También hemos realizado diferentes tareas como la entrega de bolas o fichas de diferentes colores para potenciar la autoestima de los niños; y con el juego del avión hemos tratado de visualizar nuestra contribución en el vuelo de los hijos».

Tal y como es habitual en todos y cada uno de los programas que conforman el PAIF, la metodología grupal permite que un conjunto de personas que no se conocen, participen y expongan vivencias personales, sentimientos y emociones que, finalmente, terminan siendo comunes al grupo. Por ejemplo, en situaciones tan cotidianas como el hecho de que una familia coma delante del televisor. En una de las sesiones se planteó esta cuestión y Marta lo recuerda como una anécdota «muy útil».

Para ella y su familia era habitual comer mientras se veía la televisión. Sin embargo, un día, «animada por las afirmaciones y experiencias de mis compañeras, llegué a casa y apagué la tele. Ellas decían que lo hicieron y que no pasó nada. Al contrario, contaron cómo ese momento del día había mejorado considerablemente.Tras aquella sesión llegué a casa reforzada y lo hice. Y realmente no pasó nada».