¿Huelga sí o no?

Las cántabras responden ante el llamamiento sin precedentes del 8-M

Arriba, de izquierda a derecha, Isabel Pérez, Patricia Loro, Rosario Arredondo y Leticia Díaz. Abajo, de izquierda a derecha, Celia Nespral, Rosana Cuadrado, Merche del Campo y Gema Martínez./Alberto Aja
Arriba, de izquierda a derecha, Isabel Pérez, Patricia Loro, Rosario Arredondo y Leticia Díaz. Abajo, de izquierda a derecha, Celia Nespral, Rosana Cuadrado, Merche del Campo y Gema Martínez. / Alberto Aja
Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Hay una idea que repiten las ocho mujeres que participan en este reportaje. Cada una, desde su realidad particular, y después de explicar por qué van a hacer huelga mañana jueves, día 8 de marzo, con motivo del Día de la Mujer, o por qué no van a hacerla ya sea por imposibilidad o por principios, la idea que subyace de todas sus respuestas se impone como una conclusión ineludible. Hay tantas opciones ante el paro convocado en forma de huelga y manifestaciones como mujeres, sin embargo todas reflejan una misma realidad: que la lucha por la igualdad pasa por visibilizar el problema. ¿Es suficiente una huelga? Es el principio, dicen algunas, es una pérdida de tiempo, piensan otras. Pero entre el debate y la discrepancia, sucede la acción: «Si nosotras paramos, se para todo», dicen. Estas ocho mujeres comparten el porqué de su decisión. De fondo, en su discrepancia, está la misma lucha; alcanzar una igualdad no de forma sino de fondo, con medidas concretas y cambios reales que vuelvan la realidad más coherente con nuestro tiempo: el de la igualdad de oportunidades.

Sí hacen huelga

Celia Nespral (Profesora de universidad jubilada) «No iré a ningún local atendido por mujeres»

Como estoy jubilada y vivo sola no puedo hacer huelga en el trabajo ni dejar de cuidar, pero no compraré ni utilizaré ningún servicio de los que están atendidos mayoritariamente por mujeres, utilizaré transporte público (la mayoría de los conductores son hombres) y será un problema comer algo, ya que la mayoría de las cocineras son mujeres, pero me puedo llevar un bocadillo». En su sector, el académico, las mujeres «suelen iniciar la carrera con un expediente mejor, sin embargo, si quieren ser madres, su actividad, especialmente la investigadora, se interrumpe durante el período de crianza y ya nunca vuelve a alcanzar el nivel de los varones. Pocas llegan a catedráticas y su reconocimiento y salarios son menores». Por otra parte, las mujeres suelen orientarse a disciplinas sociales, de humanidades y de ciencias de la salud, «mucho menos a las técnicas y las ciencias e investigar temas de menor prestigio científico».

«La carrera académica está pensada para el modelo y estereotipo de hombre dedicado a su trabajo y sin distracciones menores, que son las que asumen las mujeres». El cuidado de terceros es un punto álgido, «las mujeres con trabajos remunerados realizamos una doble jornada de trabajo porque no sólo cuidamos a quienes lo necesitan sino que nos ocupamos del mantenimiento y la organización de la vida y del hogar, las otras también tienen una jornada completa y sin ninguna remuneración». Por ello, dice, «la huelga hace más visible la desigualdad, nos refuerza como colectivo con problemas comunes que podemos compartir y nos permite descubrir situaciones de dificultad diferentes a las de nuestro entorno».

Celia Nespral.
Celia Nespral. / Alberto Aja

Rosana Cuadrado (Funcionaria) «Paro dos horas: para visibilizar hay que concienciar»

Rosana Cuadrado tiene una máxima: «Visibilizar es concienciar». Por eso, ha optado por hacer dos horas de huelga parcial, «dos horas para hacer visible que somos muchas, que somos imprescindibles y sobre todo hacer valer a todas esas mujeres que trabajan muchas veces de forma no remunerada, a las que trabajan en su casa, a las que cuidan niños, personas dependientes». En esas dos horas su intención es no consumir y participar en los eventos que se han organizado en la ciudad. Al hablar de igualdad en su sector, advierte su suerte: «Existe bastante flexibilidad horaria, con la jornada laboral que tenemos la conciliación entre la vida profesional y personal quizás no es tan difícil, pero no podemos olvidar que hay muchos otros campos en los que la conciliación familiar directamente no existe», dice.

«Lo que sí echo en falta son bajas por maternidad y por paternidad más largas, y algún gesto tan sencillo como instalar guarderías en los edificios del Gobierno de Cantabria; eso podría facilitar la conciliación a las familias trabajadoras». Por tanto, aborda la huelga con motivo del Día de la Mujer para reivindicar la igualdad «que todavía está por alcanzar, un día para la reflexión, un día para demostrar que estamos unidas y somos fuertes», asegura. Así que sí, va a hacer huelga, porque «sigue habiendo discriminación y desigualdad, a las mujeres nos siguen asesinando, violando, acosando por ser mujeres, sigue habiendo precariedad laboral. Son razones más que suficientes para hacer huelga y visibilizar todas estas injusticias». ‘Nos queremos vivas, libres y unidas por la igualdad’ esta frase, recuerda, resume para qué sirve y los motivos para unirse a la huelga.

Rosana Cuadrado.
Rosana Cuadrado. / Alberto Aja

Merche del Campo (Educadora social) «El padre tendrá que cuidar solo a los niños, yo paro»

El caso de Merche del Campo arroja otra realidad. Educadora social en paro, se toma la huelga desde el punto de vista de consumo y cuidados: «Voy a hacer huelga de 24 horas, así que durante ese día (por mañana, jueves) será el padre el que se encargue de los cuidados sin mi ayuda, así yo podré participar en los actos que se están organizando durante todo el día», dice. Cada mujer para o participa «en la medida de nuestras posibilidades, pero es necesario que se vea que si nosotras paramos, se para todo, ya que además de trabajar recaen en nosotras gran parte de los cuidados que al fin y al cabo es lo que sustenta la vida». «Es una huelga que era necesaria que se llevara a cabo, ya que pone en el centro de debate las desigualdades la que sufrimos las mujeres por el mero hecho de serlo como la precariedad laboral, techo de cristal, la invisibilización del trabajo doméstico y cuidados, acosos...».

Pertenece a un sector profesional «ocupado mayoritariamente por mujeres y no se le da el suficiente valor; por lo general cobramos salarios bajos, y los puestos directivos suelen estar ocupados por hombres». Por esa razón cree que esta huelga «sirve para poner en el centro del debate todas las desigualdades que sufrimos, que el machismo es algo educativo que no solo afecta a los hombres sino que nosotras también tenemos actitudes machistas y hay que empezar a ser conscientes de ellas e intentar cambiarlas». «Nos queda –añade– un gran camino que recorrer y esta huelga es el principio, así que creo que es importante que las mujeres estemos el 8 de marzo de huelga y en la calle».

Merrche del Campo.
Merrche del Campo. / Alberto Aja
Gema Martínez (Profesora y música) «La huelga forma parte de algo que ya es imparable»

Que las mujeres paren por un día en sus trabajos, las tareas domésticas y de cuidados, o como consumidoras, es una buena manera de visibilizar las grandes desigualdades de nuestro sistema», dice Gema Martínez, quien cita el paro de Islandia en 1975 «con excelentes resultados como acicate de medidas concretas». «Más allá de lo efectivo de la huelga, creo que la movilización ya está en marcha, ya está generando cambios. Pase lo que pase, el movimiento ya ha comenzado y seguirá después del 8M, es imparable». Se suma a la huelga «por razones históricas, económicas, de defensa de derechos y por razones solidarias», y aunque se considera «privilegiada» por sus condiciones laborales, es muy consciente de cuánto debe «a las que se partieron el lomo y la cara para que yo tenga esta situación, y cuántas no pueden ni sumarse al paro». Por ellas, y por quienes «ni lo entienden ni lo apoyan, también hago huelga: los beneficios de una sociedad más igualitaria ampliará derechos y mejorará nuestras vidas».

Como música, vive la desigualdad de una forma «más sutil», tipo ‘qué bien toca para ser tía’ o arreglarte para actuar o ‘qué has hecho con los críos’, algo que a un hombre no le preguntan ni exigen. Como maestra, cita el sesgo de género en la educación más temprana: «El claustro es aplastantemente femenino, pero la mayoría de equipos directivos tiene a la cabeza un director». Sin embargo, a medida que «subimos en las etapas educativas, esto va diluyéndose», la enseñanza se convierte «en una profesión de expertos, y la forma en que el alumnado asume esto como normal también educa».

Gema Martínez.
Gema Martínez. / Alberto Aja

No hacen huelga

Isabel Pérez (Enfermera de Cuidados intensivos) «En la UCI, todos somos servicios mínimos»

Isabel Pérez es enfermera de una unidad de cuidados intensivos. Atiende la llamada de este periódico después de haber trabajado toda la noche. Cree que la huelga del 8M «es una necesidad, un pequeño paso más para visibilizar las diferencias a las que nos enfrentamos solo por genero», pero no va a hacer huelga. «Ese día me toca por cartelera descansar», dice. Sin embargo, aunque le tocara trabajar, tampoco lo haría: «Soy enfermera en una unidad de cuidados intensivos; en el hospital, donde se cuida de personas, en general es muy difícil parar dos horas, pero en servicios de alto riesgo, donde se trabaja con pacientes inestables que requieren muchos cuidados para mantener sus vidas, es misión imposible. Los recursos humanos son los que hay, y todos somos servicios mínimos en huelga, la rigidez del sistema no permite mucha maniobra y al final sientes constantemente que el paciente te necesita». Lo que sí hará es participar en su tiempo libre «en todos los eventos programados con motivo del Día de la Mujer». Quiere luchar contra la desigualdad, y en su sector, concretamente, porque arrastra «años de historia en desigualdades. Aunque mayoritariamente somos mujeres, la mayoría de mandos son hombres», dice. Por ello, cree que esta huelga servirá para mostrar realidades de esta sociedad «que está pagando un alto precio por las desigualdades, con la caída de la natalidad por la inestabilidad constante, la crisis eterna, que no permite que las mujeres se embarquen en proyectos de vida al saber que se exponen a perder sus puestos de trabajo, su carrera profesional o nivel adquisitivo».

Isabel Pérez
Isabel Pérez / Alberto Aja

Patricia Loro (Autónoma) «No paro para ser consecuente con lo que exigimos»

Patricia Loro es autónoma, su decisión de no parar, sin embargo, no tiene que ver con el hecho de trabajar por cuenta propia. «Apoyo las razones fundamentales en cuanto al abuso de poder masculino, brecha salarial y violencia machista, y soy partidaria de la libertad de decidir las expresiones y formas de reivindicación de cada individuo», dice. Pero precisamente en ejercicio de ese derecho individual ha tomado su propia decisión de no hacer huelga mañana, 8 de marzo. «Tengo compromisos laborales que voy a mantener y que no he cancelado», explica con motivo del paro convocado en el marco del Día de la Mujer. «Me parece necesario hacer visibles nuestras reivindicaciones, pero más aún ser consecuentes en nuestro día a día con ellas, sin tolerar ni aceptar los micromachismos que vivimos y sufrimos a diario no sólo por hombres, sino también por mujeres», explica.

La igualdad, a su juicio, «se construye desde los cimientos». Y en ese sentido, «la educación es básica, ahí radica el principal escollo», dice. El sector de Patricia Loro tiene «un alto porcentaje de ocupación femenina en todos sus ámbitos, ya sea por cuenta ajena y sobre todo por cuenta propia». Esta huelga cree que sirve para «dar visibilidad a las injusticias sociales y laborales que siguen sin solucionarse. Lo fundamental es llegar a una concienciación social. Educar desde la igualdad y erradicar todos los estereotipos sociales y familiares», de ahí que su postura se condense en una inequívoca frase: «No quiero creerme ni sentirme superior a ningún hombre, pero tampoco permitiré que ninguno me haga sentir más pequeña».

Patricia Loro.
Patricia Loro. / Alberto Aja
Rosario Arredondo (Ganadera) «Si no tuviera que ordeñar 75 vacas, haría huelga»

«No puedo hacer huelga porque tengo vacas de leche y hay que ordeñarlas todos los días del año, mañana y noche, pero no pienso ir a un restaurante para que otras mujeres puedan hacer esa huelga y no tengan que trabajar por mi culpa». Lleva 41 años casada y dedicada a la explotación ganadera (75 animales). Desde entonces, dice, «jamás» ha cogido vacaciones, sin embargo sí acudirá a la manifestación: «Veo que hay situaciones muy dolorosas. En mi trabajo no me siento discriminada, la explotación está a mi nombre, pero en las zonas rurales hay mucha discriminación en el concepto de que el marido o el hombre paga la seguridad social y hay muchas mujeres trabajando tanto o más que ellos y no cotizan. A lo mejor ellas no quieren, pero conozco personas que no permiten pagar la de los dos. ¿Y por qué tiene que ser la de él. Eso no me entra en la cabeza», dice. «Aquí, con el peligro que hay con tener una invalidez por un golpe con los animales o las máquinas, ¿cómo esas mujeres están sin pagar la Seguridad Social? Me pone de mal humor». «Mi sector no me lo permite, que si no, claro que hacía huelga», añade, «por lo menos que sirva para hacer visible el trabajo de la mujer. Si paramos, se para el mundo», y de la misma manera que ella misma no puede parar, entiende que otras mujeres incurran en esa paradoja: «Entiendo que hay muchos ejemplos diferentes, hay quien vive bien, hay quien menos bien, y hay quien viven muy mal y las están explotando mucho. Todos los trabajos bajos son de mujeres, incluso en el deporte hay discriminación: somos invisibles».

Rosario Arredondo.
Rosario Arredondo. / Alberto Aja

Leticia Díaz (Abogada) «Los términos de la huelga son ‘anti’, y mi estilo es ‘pro’»

«Mientras las mujeres sintamos que necesitamos el don de la ubicuidad al levantarnos cada mañana para poder estar a la altura de nuestras muchas obligaciones, seguiremos en inferioridad de condiciones». Leticia Díaz, abogada del Gobierno de Cantabria y exconsejera de Justicia, con competencias en Igualdad, tiene claro dónde está la lucha. «Todas las medidas para procurar la igualdad son bien recibidas; el problema es que hay mucho ‘postureo’, mucho manifiesto y pocas medidas tangibles que se noten en tu día a día. Yo quiero flexibilidad real para la conciliación, que se nos valore por nuestras capacidades y nuestros resultados, que no se nos exija más para alcanzar las mismas metas, quiero que se respeten mis diferencias… ¡Ojalá el problema fuera sólo de comunicación o de lenguaje!, pero no es así».

En consonancia, no va a hacer huelga: «Con mi trabajo voy a reivindicar mucho más la igualdad que siguiendo un manifiesto donde se mezcla de todo», dice en alusión al texto que acompaña la convocatoria. «No me gusta que me manipulen, no me identifico con las formas agresivas e intolerantes de radicales y populistas», dice. «Si se reconoce nuestra diversidad, ¿por qué el manifiesto impone un solo modelo educativo, social y económico?, ¿por qué luchar desde la imposición y no desde el respeto a todas las mujeres? Para mí la mejor manera de ser libre es pudiendo acceder al mercado laboral para valerme por mí misma y por eso apoyo el crecimiento que lo haga posible», explica. «Los términos de las convocantes son ‘anti’ y mi estilo es ‘pro’. Son dos concepciones muy distintas de lucha. Una excluye, la otra suma. Mi trabajo a favor de la igualdad será más poderoso que la huelga en contra del capitalismo».

Leticia Díaz..
Leticia Díaz.. / Alberto Aja

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