La jueza de Iowa acepta la petición del asesino confeso de Celia Barquín y le permite ser juzgado por otro tribunal

El asesino confeso de Celia Barquín, Collin Daniel Richards./
El asesino confeso de Celia Barquín, Collin Daniel Richards.

Su abogado pidió que el proceso no se celebrase en la ciudad donde ocurrieron los hechos porque cree que la presión mediática puede influir en la sentencia

Ángela Casado
ÁNGELA CASADOSantander

El 10 de septiembre, tal y como estaba previsto, comenzará en Iowa (Estados Unidos) el juicio contra Collin Daniel Richards, el presunto asesino de la joven deportista cántabra Celia Barquín, que fue abordada cuando estaba entrenando en el campo de golf de la universidad americana en la que también estudiaba. En un primer proceso, las sesiones se iban a celebrar en el condado de Story, en el que se encuentra la facultad donde se produjo el crimen, pero la pasada semana hubo un cambio inesperado. El juez aceptó la petición de la defensa del joven –tiene 22 años– de trasladarlo a Winneshiek, al noreste del Estado.

El argumento del abogado de oficio de Richards, que antes de su arresto no tenía domicilio conocido, es que la presión mediática y el exhaustivo seguimiento que está haciendo la prensa local de las novedades del caso podría influir en la sentencia. Todo a pesar de que el acusado ya aceptó su culpabilidad en una carta en la que pedía «perdón» y mostraba su disposición a colaborar con la Justicia.

Tampoco sirvió de nada la negativa de la Fiscalía al cambio de ubicación del juicio. En el escrito de alegaciones presentado, afirmaba que existían garantía totales de un juicio justo en el condado de Story, la primera ubicación prevista. Es más, defendía que el tratamiento en los medios de comunicación del caso había sido «predominantemente objetivo» y dijo que no detectaba que se hubiera realizado una cobertura «sensacionalista porque ninguno de los informes de los medios revisados por el Estado indica que el acusado es culpable de los delitos acusados».

Los hechos ocurrieron el 17 de septiembre de 2018, cuando Barquín, con una prometedora carrera deportiva por delante, se encontraba entrenando en el campo de golf de su universidad. La estudiante de ingeniería fue encontrada muerta con varias puñaladas y a las pocas horas se detuvo al ahora asesino confeso. Entre los informes que incriminan al detenido se encuentran los elaborados por la Policía, en los que queda claro que la herida que tenía Richards en la mano –todavía sangraba cuando fue arrestado– y algunas de las que se encontraron en el cuerpo de la joven se hicieron con la misma arma blanca, de al menos diez centímetros de filo.

Agresión en prisión

Los representantes legales del asesino confeso de Barquín también informaron recientemente que su cliente sufrió una agresión que incluso le hizo perder el conocimiento en el interior de la cárcel del condado de Story, donde se encuentra desde su detención. Según los informes presentados, fue el 19 de marzo cuando en una sala de la prisión protagonizó una pelea junto a Anthony English, de 28 años, también preso por un asesinato en primer grado tras un robo en una vivienda. Tal y como recoge la prensa local, este hombre golpeó «al menos en doce ocasiones» a Richards, que llegó a desplomarse en el suelo.

Tras percatarse de la situación, un funcionario revisó las cámaras de seguridad y comprobó que English fue «el principal agresor». Desde que está entre rejas –se encuentra en prisión provisional bajo fianza de cinco millones de dólares– el joven Richards ha declarado en diversas ocasiones ante la jueza y ha solicitado el cambio de su abogado de oficio por «falta de comunicación».

Respecto al suceso, la Fiscalía mantiene su convencimiento de que no había relación previa entre la víctima y el autor, sino que fue un «acto aleatorio de violencia», y afirma que su oficina todavía no descarta acusar a otras personas que pudieran estar en contacto con Richards el día del suceso. Durante los registros, los agentes localizaron tres cuchillos entre las pertenencias del acusado. El primero estaba en la tienda de campaña cercana al campo de golf donde, al parecer, pernoctaba Richards. Los otros dos en la casa de un amigo a la que acudió «sucio», mojado y con restos de sangre para ducharse. Otro testigo afirmó que le había manifestado que sentía una «necesidad de violar y matar a una mujer», aunque no hay indicios de agresión sexual.