Este contenido es exclusivo para suscriptores

Accede a todo el contenido de EL DIARIO MONTAÑES y sin publicidad intrusiva

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoApp para smartphone y tabletContenido extraNewsletters exclusivasClub del suscriptor

«¿Qué tiene de malo que las películas tengan un final feliz?»

Luis Gutiérrez Espada, esta semana, en Santander. /Alberto Aja
Luis Gutiérrez Espada, esta semana, en Santander. / Alberto Aja

Este viernes, a las 19.30 horas, en el Ateneo de Santander, colegas y expertos rinden homenaje a Luis Gutiérrez Espada, catedrático en la Complutense y experto en cinematografía

Mada Martínez
MADA MARTÍNEZ

A Luis Gutiérrez Espada, luego de 47 años en la Complutense de Madrid, le rinden hoy homenaje en el Ateneo de Santander. Será a las 19.30 horas e intervendrán la profesora Tamara Bueno, el catedrático Ubaldo Cuesta y los escritores José Ramón Saiz Viadero y Víctor Abascal. En el acto se presenta el libro 'Misión de la universidad en nuestros días: un enfoque interdisciplinar', con textos de expertos y dedicado al profesor. Gutiérrez Espada (Santander, 1947) estudió en la extinta Escuela Oficial de Periodismo. «Era una enseñanza de taller, algo que hace falta en las profesiones de comunicación». Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información, experto en cine e imagen, dirigió el área de programas de música ligera en TVE hasta los setenta. «La música es una manifestación del momento», reflexiona, y cuenta se sigue emocionando «con la Creedence». Optimista convencido, insiste con un lema:«Vayamos hacia delante».

–¿A qué alude ese enfoque interdisciplinar para la universidad?

–La universidad necesita meditar sobre qué quiere y qué necesita. Es un servicio necesario para un país, es uno de los grandes puntales. Y hay que partir de un principio: la universidad no puede estar todo el día mirándose el ombligo, debe de hacer lo que la sociedad le demanda. Hoy por hoy, los chicos quieren formación para la vida profesional, para el reto social que será vivir de su trabajo. Ahora hay titulaciones que antes eran impesables, y es así porque la sociedad lo demanda.

–¿Qué define el buen periodismo?

–Prefiero hablar de comunicación. Soy partidario de una formación transversal. Para hacer buen periodismo es bueno tener una visión global del concepto de comunicación, máxime hoy, cuando las tecnologías han simplificado tanto los procesos. Antes, la comunicación era más gremial porque la tecnología te condicionaba mucho. Ya no es así, la tecnología ofrece muchas oportunidades, puedes hacer cosas más variadas. ¿Las claves del buen periodismo? Yo distinguiría un buen de un mal profesional. Somos comunicadores, nuestro objetivo es comunicar, nos formamos para ello. A mis alumnos les digo que estudien todo lo que tenga éxito en comunicación, incluso lo denostado, aunque sea para saber lo que no tienen que hacer.

–¿Por qué se necesitan periodistas?

–Creo que se necesitan periodistas formados. El Plan Bolonia ha cambiado el concepto de la educación, otra cosa es que el profesorado esté dispuesto o preparado para aplicar sus principios. Bolonia dice: se acabó aprender de memoria, se acabó que sólo el profesor tenga la fuente de conocimiento. Ahora tenemos muchas fuentes en internet. Somos una sociedad global, la 'aldea global' que avanzó McLuhan. Hay que enseñar a estudiar. Es un trabajo de evaluación continuada.

–Comienza a trabajar en RTVE cuando Adolfo Suárez es nombrado director general, en 1969. ¿Qué recuerda de aquellos años?

–Entré en una televisión en blanco y negro. Cuando llegó Suárez, que trajo una bocanada de aire limpio, la mayoría del personal de RTVE no era universitario, era por méritos de guerra... Había gente muy diversa. Suárez quería savia nueva, formada. Y a las cinco promociones que ya existían, casi 300 alumnos, nos convocó a un concurso-oposición. Había 17 plazas, yo gané una. Suárez quiso conocer a los periodistas en los que iba a confiar. Nos citaba a las siete de la tarde para conocernos. Era un hombre que sabía escuchar. Allí nació una buena amistad que, con los años, se fue cultivando.

–Sus primeros pasos en RTVE son en producción musical.

–Sí, había un departamento para musicales con dos divisiones: la de programas de música ligera y la de clásica. Fui responsable de la primera, me convertí en una especie de ser deseado por la industria discográfica: eras la única cadena, detentabas el poder de decidir quién o no salía. Las presiones de las discográficas, a veces, llegaban hasta las más altas instancias. Te acusaban de que no eras objetivo, de no hacer una buena selección. Fueron comienzos duros, pero aprendí mucho. Sobre todo de los palos que me dieron, que es de lo que más se aprende. Teníamos una censura no convencional. Eran tiempos de los Beatles y estaba prohibido que salieran melenas en pantalla. Conservo comunicaciones internas donde mi jefe me pide que no salgan más 'pelos' en pantalla. Nos pasó de todo. Vino Demi Roussos, un tipo que imponía, que encima iba como Jesucristo. ¿Y quién le iba a decir que tenía que cambiar su 'look'? Habíamos tenido líos con artistas de medio pelo, pero Roussos reaccionó con naturalidad cuando le dijimos que nos obligaban a que se recogiera el pelo. La gente grande es grande siempre; la gente mediocre es peligrosa.

–¿España tiene o tendrá una industria del cine fuerte?

–El cine se ha metido en una vorágine en la que todo lo frívolo no es cine; y el cine nació en una carpa de feria. ¿Qué tiene de malo la industria del entretenimiento? Hacer reír, divertir, emocionar, esa es una de las funciones sociales más grandiosas. Soy un apasionado del cine de entretenimiento. 'Con faldas y a lo loco' es una película que pasará a la historia del cine. ¿Qué tiene de malo que las películas tengan un final feliz? En una buena película, como en la vida, se tiene un final feliz si se hace lo posible porque así sea.

Contenido Patrocinado

Fotos