«Ha sido el minuto de nuestras vidas y el que ha salvado la suya»

Alberto, Javier, Carmelo y Jesús, los cuatro policías protagonistas, flanquean a Pablo Zuloaga; en los extremos, responsables del Cuerpo. /
Alberto, Javier, Carmelo y Jesús, los cuatro policías protagonistas, flanquean a Pablo Zuloaga; en los extremos, responsables del Cuerpo.

Cuatro agentes de la Policía Nacional reciben el reconocimiento del Cuerpo tras arriesgar su integridad para salvar a un hombre que iba a suicidarse en Mataleñas

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

«Es curioso. Todo transcurrió en mucho menos tiempo de lo que se tarda en contarlo. Salió bien, pero pudo acabar en tragedia. Para nosotros fue el minuto de nuestras vidas y para él, el que salvó la suya». Lo dice Carmelo, pero esas palabras podrían ser también de Jesús, Javier o Alberto, los cuatro policías nacionales que pusieron en serio riesgo su integridad física para salvar a un hombre que tenía la intención de suicidarse en la zona del faro de Mataleñas.

Cuando estaba haciendo el ademán de saltar al vacío, los dos primeros agentes hicieron una cadena humana para llegar hasta el chico, se agarraron como pudieron a unas rocas resbaladizas por la humedad y que apenas se veían por la falta de luz -todo ocurrió sobre las diez de la noche- y pudieron engancharle de la ropa para ponerlo a salvo. Por todo ello, ayer recibieron el reconocimiento del Cuerpo y del delegado del Gobierno.

Fueron los propios familiares los que se pusieron en contacto con la Policía Nacional a través del teléfono 091 después de que el joven -mayor de edad- les llamara para advertirles de su firme intención de quitarse la vida. La primera patrulla del grupo de Seguridad Ciudadana llegó al lugar a la vez que la hermana y el cuñado de la víctima. En el aparcamiento situado entre la playa y Cabo Mayor apareció su coche. Estaba abierto y en el interior tenía la cartera y toda su documentación. «Llevo 15 años en esto y por suerte es la primera vez que me encuentro con una situación similar, pero era un signo inequívoco», cuenta Carmelo. Aquí los agentes se dieron cuenta de que la amenaza era muy real. La duda era saber si llegarían a tiempo para impedirlo.

Hicieron una cadena humana para rescatarlo en una zona de roca resbaladiza, de noche y con una gran caída vertical

Desde este lugar, Javier y Alberto comenzaron a peinar el acantilado junto a los familiares del hombre desde la parte de abajo y la otra patrulla hizo lo propio desde el faro. La senda peatonal estaba ya cerrada, saltaron el muro y los dos policías comenzaron a avanzar con linternas mientras escuchaban de fondo los gritos de sus compañeros que llamaban al joven por su nombre. Hasta que en un punto vieron una sombra que, aparentemente, se correspondía con una persona: «Se me heló la sangre. Estaba totalmente quieto. Cuando nos escuchó empezó a moverse y ya fuimos hacia allí». En ese instante fue cuando empezó el minuto eterno del que habla Carmelo.

Los agentes recuerdan que estaba muy nervioso. Tanto que el chico empezó a increparles, a decirles que se fueran y a preguntarles que qué hacían allí. Estaba sentado en la zona alta de las rocas y al borde del acantilado. Para intentar que se calmara y a pesar de que en la zona no hay ningún foco de luz, le hicieron caso cuando les exigió que quitaran las linternas. Las dejaron en el suelo e intentaron acercarse por una pasarela natural hasta el punto donde se encontraba ya con las piernas colgando en el vacío. Y mientras cubrían los pocos metros de distancia vieron varias veces cómo él miraba decidido hacia adelante y cogía impulso.

Carmelo se agarró como pudo a la roca con tres apoyos -la mano y los pies- y con el otro brazo cogió a su compañero de patrulla, que se había adelantado y ya estaba a un palmo del joven: «Pensé que se nos iba porque ya estaba a punto de saltar. No sé ni cómo Jesús le agarró de la capucha. Porque era de Goretex, si llega ser de botones cae al mar». La tensión y la fuerza que tuvieron que soportar fue tal que uno de ellos resultó herido en una mano.

Pero el peligro no había cesado. Cuando lo más complicado ya estaba hecho, vivieron otro momento de gran riesgo porque había que mover a una persona muy fuerte que en cualquier momento podía revolverse de forma agresiva frente a un acantilado con una caída al vacío de varias decenas de metros. Con la ayuda de la familia y la otra patrulla lo consiguieron. Le dejaron junto a los servicios sanitarios, que le proporcionaron apoyo psicológico de urgencia.

«Luego lo hemos pensado... Los dos tenemos hijos y realmente hemos arriesgado nuestra vida... Pero es que es por esto por lo que somos policías y por lo que nos pagan. Nos dedicamos a esto y, aunque suene a tópico, es algo que llevamos en la sangre», concluye Carmelo. Desde la Jefatura Superior destacan que su ejemplo constituye «el máximo exponente de lo que aprendemos en la Academia, anteponer la vida ajena antes que la propia». Ayer, el delegado del Gobierno, Pablo Zuloaga, recibió a los cuatro agentes y destacó la «profesionalidad y vocación» de la que hicieron gala durante esta intervención. Además, les trasladó la posibilidad de que la institución solicitara una medalla para ellos como reconocimiento a su «heroico acto».