Las monjas de Noja reparten entre familias de la comarca los 83 kilos de percebes decomisados esta semana

Las monjas de Noja reparten entre familias de la comarca los 83 kilos de percebes decomisados esta semana

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Hay que imaginarse la escena. Una patrulla de la Guardia Civil llamando a las puertas del monasterio Santa María de la Merced, de Noja, con cinco bolsas llenas de percebes recién pescados que habían sido incautados unas horas antes –el pasado martes al mediodía, durante un control rutinario en Ambrosero– a dos furtivos y que los agentes decidieron entregar a un centro benéfico. Al peso, unos 83 kilos de un producto al que están acostumbrados los paladares más exquisitos y que esta vez han acabado en el plato de las familias más necesitadas de la comarca.

«Alguna otra vez ya han venido por aquí, pero eran dos o tres pescados, alguna cosa suelta... Como esta vez, nunca. Es que eran varios sacos, una cantidad enorme», explica sor María Josefina Legarreta, la madre superiora del convento, quien apunta que han intentado repartir el producto lo máximo posible entre las personas y entidades sociales con las que ellas colaboran. Es incapaz de saber a cuántos hogares han llegado los percebes, pero asegura que «a muchísimos». Tanto de Noja como de otras localidades cercanas.

Nada más recibir la mercancía, las mercedarias tiraron de teléfono e iniciaron el reparto. La hermana entiende perfectamente que muchas de las personas que estaban al otro lado del aparato pensaran que las monjas estaban de broma. «Nos decía la Guardia Civil que cuestan alrededor de 40 euros el kilo. Estas familias no pueden adquirir percebes si no es por algo como esto, así que se les abrían los ojos de una manera...», relata.

Las nueve religiosas que forman la comunidad de la orden mercedaria en Noja afirman que en su monasterio tampoco entran habitualmente este tipo de alimentos «de alta gama», así que se quedaron con una pequeña parte. «Un puñado, para probarlos en la cena», cuenta sor María Josefina, quien reconoce que «nunca había visto unos bichos tan hermosos como estos, aunque mi criterio tampoco es el mejor porque apenas puedo comparar. No sé si buenos, pero por lo menos grandes sí que eran».

Y es que la madre superiora del monasterio no recordaba la última vez que probó percebes. Dice que le gustaron, pero «para un día» y que prefiere saber que han disfrutado con este alimento selecto las familias necesitadas a las que ha llegado.

Aunque visitas tan agradables como esta no son habituales, reconoce que cada vez que llegan los agentes al monasterio con algún lote de productos del mar siente cierta pena por los furtivos: «Con lo que han estado trabajando en la costa y después se van con las manos vacías y una multa... Ya nos han explicado que esta gente pesca sin permiso y sin los requisitos necesarios y que después llegan los que lo hacen bien y se encuentran aquello vacío, pero claro, es una lástima. Está claro que no se puede coger ilegalmente».

La operación

Según informó la Benemérita, el cargamento ilegal se interceptó de manera fortuita cuando una patrulla de la Demarcación de Tráfico del puesto de Laredo paró a un vehículo para realizar un control rutinario. Durante la inspección encontraron en el maletero los percebes, alrededor de 83 kilos, además de diverso instrumental utilizado para su captura.

En el coche viajaban dos personas que no tenían permisos para realizar esta actividad. Además, uno de ellos, un hombre de 32 años y vecino de San Vicente de la Barquera, acumulaba medio centenar de denuncias por furtivismo. Su compañero, el que conducía el vehículo, dio positivo en el test de drogas por consumo de cannabis y antefaminas.

 

Fotos

Vídeos