Un nuevo artículo científico pone en duda la correcta datación de las pinturas de La Pasiega

Las pinturas de La Pasiega que han generado tanta discrepancia en el mundo científico. /dm
Las pinturas de La Pasiega que han generado tanta discrepancia en el mundo científico. / dm

Los investigadores David Pearse y Adelphine Boneau, de la universidad de Johannesburgo, aseguran que no es tan seguro que los neandertales pintaran en la cueva cántabra

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Enredada en un galimatías de fechas e hipótesis contrapuestas, la comunidad científica continúa sin ponerse de acuerdo en la autoría de algunas de las pinturas encontradas en la pared de calcita de la cavidad cántabra de La Pasiega. «No hay nada que interpretar porque los datos son los datos y son inequívocos», defienden los historiadores João Zilhão y Marcos García, autores del estudio publicado hace semanas en la revista especializada 'Science' para acreditar que fueron los neandertal quienes pintaron esos símbolos.

Pero la primera réplica ha llegado también en forma de artículo científico, esta vez en la otra revista especializada de prestigio internacional, 'Nature'. Un trabajo firmado por David Pearce y Adelphine Bonneau, ambos profesores de la universidad sudafricana de Johannesburgo, que pretende desmontar la interpretación que se ha hecho de las dataciones con el método uranio-torio de muestras encontradas en la cueva cántabra.

«En La Pasiega, una línea pintada de rojo fue muestreada dos veces: una de ellas proporcionó una antigüedad de 64.800 años y otra de 3.000 años», critican los expertos de Johannesburgo. «Podría ser que las muestras no se recogieran todas en la misma profundidad. Que fueran inmediatamente anteriores a la pintura e inmediatamente posteriores a la misma, aunque los autores indican con fotografías que alcanzaron la capa de pintura». «Pero no parece haber ninguna razón para aceptar solo las fechas más antiguas en lugar de la gama completa, y esto es algo que debe tenerse en cuenta para futuros análisis», argumentan Pearce y Bonneau.

La datación por el método de uranio-torio es muy delicada. Necesita de procedimientos muy precisos. A medida que se forman las costras de calcita en las cuevas, el uranio se vuelve fijo. Cuando la capa de calcita queda sellada, el uranio comienza a descomponerse en nucleidos entre los que se encuentra el torio. Si no entran en juego más elementos, el proceso sigue un ciclo gradual y las proporciones de uranio y torio dentro de la calcita sirven para determinar la fecha de formación de la costra.

Defienden que se dataron varias fechas y solo se dieron por buenas las más antiguas

«El método del uranio-torio está ampliamente contrastado y estudiado. No es fácil que falle. Lo que no es tan fácil es coger exactamente la muestra que necesitas», matiza el experto en física atómica, molecular y nuclear de la Universidad de Cantabria Ángel Mañanes. «Si se sigue el procedimiento correcto, con los protocolos establecidos, me parece muy difícil que exista un error de datación», concreta el investigador. «Cosa diferente es que la muestra utilizada sea la que sirva efectivamente para determinar la edad de esa pintura. En todo caso no es tan difícil que en un espacio muy pequeño se puedan datar fechas tan dispares porque las cuevas están vivas, experimentan modificaciones continuamente y un diminuto hilo de agua corriendo por la pared puede alterar todas las medidas», explica el experto en física.

Nada de todo esto sirve para poner en duda el estudio original, según indican los autores que mantienen la hipótesis de que esas pinturas fueron realizadas antes de la incursión en Europa del homo sapiens. «Todo lo que dicen en 'Nature' es enteramente desprovisto de sentido. Sería como decir que todas las formaciones calcíticas de una pared en una cueva tienen que haberse formado al mismo tiempo. El supuesto es completamente absurdo», destaca Zilhão. «Quien haya estado en una cueva alguna vez sabrá que le caen gotas de agua en la cabeza mientras en otras zonas existen estructuras con formas espectaculares fruto del paso del tiempo. Por eso no hay motivo para pensar que dos formaciones independientes, aunque sobre un mismo motivo, hayan tenido que formarse al mismo tiempo», remarca el investigador portugués para asegurar que es la datación más antigua la que se corresponde con la edad de la pintura para demostrar que efectivamente fueron neandertales quienes pintaron esa pared. «Aquí lo que ocurre es que el peso de la tradición, por muy errónea que sea, sigue siendo, en muchas mentes, superior al de las pruebas científicas», lamenta Zilhão.

Un nuevo artículo a la vista

El siguiente episodio de esta historia llegará en pocas semanas. Decenas de investigadores de todo el mundo, coordinados por los expertos George Sauvet y Randall White, han enviado ya a otra revista especializada otro artículo que busca desmontar, punto por punto, los resultados obtenidos por Marcos García y João Zilhão en La Pasiega. Sus argumentos seguro que tendrán mucho que ver con lo que los críticos han defendido ya en varias citas públicas. «Afirmaciones extraordinarias requieren explicaciones igualmente extraordinarias, y en este caso me parece que hace falta investigar más», explicó hace días el exdirector del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (Iiipc), Manuel González Morales.

Es una idea compartida por otros colegas del mismo centro. César González, referente internacional en arte rupestre, mantiene la crítica prudente al supuesto hallazgo de João Zilhão. «No quiero cargar contra esos resultados, pero sí tengo que obligarme, como investigador, a ponerlos en duda. No puedo decir que esa datación sea incorrecta, pero tampoco que esté acertada». Luego hay razonamientos que no tienen tanto que ver con el mero aspecto técnico de la datación de uranio-torio.

«Algunas de estas figuras, supuestamente realizadas por neandertales, aparecen curiosamente en otros objetos de arte mobiliar, como huesos, que se ha demostrado que pertenecen al Paleolítico Superior. Hablamos de antigüedades entre los 35.000 y los 20.000 años», zanja González. «Además, no tiene ningún sentido que en esa misma pared existiera un símbolo de hace más de 60.000 años y más adelante, las poblaciones de sapiens, lo respetaran y pintaran de forma armónica en torno a él. Eso no ha ocurrido en ningún lugar del mundo; no respetaban en absoluto lo anterior, pintaban encima. ¿Y en este caso no solo lo respetaron, sino que encima hicieron otras figuras integradas en esa original? ¿Teniendo en cuenta que pertenecían a culturas y tiempos diferentes? Pues cuesta mucho creerlo. Es altamente improbable».