Objetivo: infiltrarse en el ferri

Objetivo: infiltrarse en el ferri

Dos albaneses relatan su deseo por llegar al Reino Unido tras un fallido intento de pasar como polizones

JAVIER GANGOITI

Es la escena habitual la mitad de los días del año. Tantas veces como un ferri con destino a Reino Unido embarca en el puerto de Santander, decenas de inmigrantes repiten la misma operación en su empeño por poner un pie en las islas británicas. Solos, por parejas o en pequeños grupos, jóvenes extranjeros, la mayoría albaneses, merodean la valla que circunda la bahía a falta de unas horas, minutos o segundos para que zarpe la embarcación. Este periódico pudo contactar con dos de los inmigrantes que intentaron infiltrarse sin éxito como polizones en la última embarcación de Brittany Ferries que zarpó de Santander y con los que trabó contacto en la zona marítima. «Es nuestra única oportunidad», confiesan, sobre su empeño y propósito por alcanzar el Reino Unido y olvidar una vida turbulenta y de penurias que, dicen, dejaron en Albania.

Se trata de dos jóvenes -de los que se ocultan más datos personales- que poco antes habían buscado 'dar el salto' desde Santander. Merodean por la zona, alternan movimientos en falso junto a la valla que los separa del puerto con gestos de negación hacia sus compatriotas y clavan sus ojos en la hilera de turismos, camiones y remolques que subirán a bordo. La espera, el acecho y la posterior dispersión ante cualquier movimiento de las fuerzas de seguridad ya forma parte del paisaje marítimo en la capital cántabra. Mientras decenas de transeúntes son testigos de esta secuencia, estos albaneses continúan en su intento cada vez menos disimulado. Agarrados con fuerza a los barrotes durante largos periodos y mirando de reojo a las patrullas de la Guardia Civil y del resto de policías que custodian la salida al mar.

Son las 21.15 horas y el 'Pont Aven' ya ha zarpado. Ninguno de los chavales concentrados hace una hora en esa zona del puerto ha conseguido infiltrarse en su carga. O eso es lo que se deduce de su ánimo. Son veinte albaneses aproximadamente los que se reúnen ahora, todos varones. Sólo unos pocos hablan. Son los más mayores, de unos 30 años y aparentemente más experimentados que sus cómplices más pequeños. Estos últimos apenas son mayores de edad, pero esta noche han sido los más activos para tratar de cruzar la valla. Ahora callan y escuchan.

«Es más fácil infiltrarse desde Santander en el ferri que desde Bilbao, aquí hay menos policías»

Sus miradas, huidizas incluso entre ellos, delatan la resignación de decenas de intentos fallidos bien en la capital cántabra, bien en Bilbao, los dos principales 'muros' para dar el salto definitivo a Reino Unido. «Ahí tengo familiares, amigos, además de una oportunidad para trabajar y ganarme la vida», explica uno de estos jóvenes albaneses, de 21 años, tras su fallido intento de infiltrarse como polizón. «Me fui de Albania porque la situación allí es muy mala. Actualmente se pasa mucha hambre y es muy difícil vivir», describe llevándose la mano a la boca en un gesto de escasez. «Hace meses que no veo a mi familia, pero hablo con ellos a diario para tranquilizarles e informar de mi situación», cuenta mostrando su teléfono móvil, su herramienta más importante en esta odisea de casi 3.000 kilómetros. Antes de dejar atrás su país, en la capital albanesa trabajaba «en cualquier cosa, en lo que hiciera falta para comer». No obstante, narra, «la situación era insostenible y tenía que buscar la suerte en otro sitio, aunque estuviera lejos».

«Desde que llegamos a España, muchos pasamos los meses alternando entre ambas ciudades»

No solo él. A su lado asiente otro varón, de 20 años, que ha conocido en Santander y que también encadena varios intentos con el fin de reunirse con su familia «en Londres».

Antes de contestar a cada pregunta, ambos jóvenes hacen una pausa y se consultan mutuamente en su lengua natal. No les resulta fácil contar su experiencia ni mantener contacto con desconocidos. Un motivo por el que, aseguran, prefieren no acudir a ninguna organización no gubernamental de la ciudad.

«Desde Santander es más fácil infiltrarse en el ferri que desde Bilbao, aquí hay menos policías», asegura el protagonista, el único que se pronunciará a lo largo de la conversación. Con el de esta noche, los dos inmigrantes encadenan ya varios intentos entre los puertos de ambas ciudades, que alternan durante todo el año en busca de un golpe de fortuna y convirtiendo a ambas localidades en focos para las autoridades que persiguen la inmigración ilegal en España. «Desde que llegamos a España pasamos los meses de un lado a otro, intentándolo en las dos ciudades», confiesa.

Algunos de sus seres queridos, que se vieron en una «situación similar» años atrás, «pudieron llegar a Gran Bretaña desde el norte de Francia», desde el campamento de Calais, que ya fue desmantelado. El cierre del que fuera uno de los epicentros de la inmigración ilegal a Reino Unido empujó a jóvenes como el protagonista a buscar rutas alternativas. Por eso hace un año aproximadamente llegó directamente a Bilbao en un autobús desde Tirana. Preguntados por la posible presencia de organizaciones criminales, ambos jóvenes niegan cualquier tipo de encuentro o conocimiento de ese tipo de bandas. «Siempre hemos estado solos desde que salimos de Albania», afirma. La Fiscalía del Estado, sin embargo, alertó recientemente en su informe del pasado año sobre «nuevas organizaciones criminales» que estarían operando por vía marítima «significadamente» en los puertos de Santander y Bilbao.; asimismo indicó que en 2017 se abrieron 710 procesos judiciales en España, un 37% más que en el anterior.

Es hora de volver «a casa», a un lugar que prefieren no desvelar. Esa 'casa' podría coincidir con un apartamento o una pensión, pero también con una nave industrial, un negocio o la calle. El jefe superior de la Policía de Cantabria, Héctor Moreno, confirmó el jueves que muchos de estos jóvenes «se instalan en edificios abandonados o en casetas de obra».

Expulsiones

El problema de la inmigración ilegal en el puerto de Santander es una secuencia cada vez más habitual para las fuerzas de seguridad y las autoridades portuarias. También para las empresas responsables de los ferris en los que se infiltran estos extranjeros, y que se enfrentan a duras sanciones cada vez un polizón es encontrado en una de las cargas con destino a Reino Unido.

Héctor Moreno también se refirió a los ciudadanos albaneses, muchos de ellos con expedientes de expulsión, que «agotan todos los recursos administrativos» para poder permanecer «durante meses» en el país y «asesorar» a compatriotas. No obstante, el jefe superior de la Policía de Cantabria se congratuló de las «cifras importantes» de expulsiones de estos ciudadanos «que entran a España como turistas», pero que «realizan actos que no son de turistas, como intrusiones en el puerto, ocupación de edificios... etc.».

Finalmente, Moreno recordó que Cantabria ha conseguido que la Unidad Central de Expulsiones y Repatriaciones reserve plazas para esta comunidad en los vuelos que organiza como refuerzo. «Es complicado, porque están muy saturados por los problemas del sur de España», dijo.

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