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Un pintor de Valdecilla

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

La distancia entre lo que hacemos y lo que somos se mide a veces por el número de nóminas que recibimos a lo largo de nuestra vida. Pienso en Manuel Fuentes, un pintor de brocha gorda que durante la trayectoria profesional ha mantenido las paredes del hospital Valdecilla con acrílico y aguarrás, cuando en realidad sus manos estaban hechas para agarrar pinceles del tamaño de bisturíes. ¿Es pintor o es artista? Pienso en Manuel Vilas, el poeta y novelista que pasó más de veinte años enseñando literatura a alumnos de instituto en la España bajita, sin móvil ni Actimel, que llenó las aulas como búnkeres de los 80. Pienso en George Steiner, el filósofo que introdujo el rigor del cálculo en la investigaciones literarias codeándose con matemáticos en Harvard o Princeton, y cómo se dedicó al periodismo en una revista económica antes de transformar su nombre en una referencia mundial del pensamiento. Pienso en María Moliner construyendo su diccionario mientras todos dormían en su casa, o en Natalia Ginzburg trabajando en la oficina de una editorial mientras escribía mentalmente sus novelas. Pienso en 'Paterson', en la película, en el actor Adam Driver convertido en un conductor de autobús que recorre la ciudad llevando gente mientras anota versos con lo que ve, lo que escucha. Lo abnegado que es al hacer su ruta. Lleva un maletín de metal con el almuerzo. Llega a casa todos los días con la misma sensación de estar haciendo lo correcto. Sus poemas lo salvan de algo.

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