La pobreza baja en Cantabria pero crecen las desigualdades entre ricos y pobres

Una persona busca en un contenedor de la calle Cervantes de Santander./Andrés Fernández
Una persona busca en un contenedor de la calle Cervantes de Santander. / Andrés Fernández

Una de cada cinco personas está en riesgo de exclusión, aunque es el menor porcentaje desde 2009 e inferior a la media nacional

Daniel Martínez
DANIEL MARTÍNEZSantander

Uno de cada cinco cántabros, exactamente el 20,5% de la población, se encontraba el pasado año en riesgo de pobreza. Ese es el dato objetivo que aportó ayer la Encuesta de Condiciones de Vida que realiza de forma anual el Instituto Nacional de Estadística (INE), pero las interpretaciones son variadas. El que vea la botella medio llena puede decir que la cifra es mucho menor que la del ejercicio anterior (cinco puntos menos). Tal es la caída que no se veían datos similares desde el año 2009, cuando se desencadenó la crisis económica que mostró sus efectos más perversos en los años posteriores.

Lo que ocurre es que al convertir los porcentajes a números concretos la visión es mucho menos positiva. Tomando como referencia el último padrón de habitantes, 118.900 personas se encuentran en riesgo de pobreza en la comunidad autónoma. Vale que son menos que las 159.404 que estaban en esa situación (el 27,4% del total) en 2014, cuando se batieron todos los récord, pero todavía suman tantas como las censadas en Torrelavega, Castro Urdiales y Camargo. Desde entonces, la curva de la gráfica ha sido descendente con una única excepción, aunque la brusca caída de 2015 que se aprecia en la infografía resulta inverosímil y no sigue el comportamiento general, por lo que podría no ajustarse a la realidad y deberse a anomalías provocadas por el pequeño tamaño de la muestra, 400 hogares del conjunto de la región.

LAS CIFRAS

27.024 euros
fue la renta media por hogar en Cantabria durante 2017 frente a los 27.5 58 euros que ingresaron las familias en el conjunto del país.
17,6% de la población cántabra
tiene ingresos inferiores a los 8.500 euros al año, lo que le sitúa dentro del umbral de la pobreza. Esta variable sí subió en 2017.

Así, en los últimos doce meses, la caída ha sido de otro 16,6%, la tercer más importante del país tras las de Castilla y León y La Rioja. En otras cinco, en cambio, aumentó el riesgo de pobreza. De esta forma, Cantabria se sitúa como la octava comunidad autónoma -justo en el medio- con tasas de pobreza más bajas. Escala un puesto, un mérito cuestionable teniendo en cuenta que hace una década partía de una situación privilegiada, ya que se codeaba con las regiones ricas en todos los índices económicos de España.

Con todo, hay que poner algunas salvedades. Esa tasa Arope -el baremo que mide esta problemática- tiene tres variables: las personas que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, las que sufren carencias materiales severas y la de hogares con una baja intensidad de trabajo. El comportamiento de las dos últimas es muy positivo, pero la primera -a grandes rasgos, podría decirse que da cuenta de las desigualdades entre ricos y pobres- devuelve a Cantabria a la realidad. Sube y señala que el 17,6% de la población, algo más de 102.000 personas, tiene unos ingresos anuales inferiores a los 8.500 euros, unos 708 al mes.

«Hay alguna mejora, pero para los que viven en una pobreza cronificada la situación está peor» Yolanda Cuesta Cruz Roja Cantabria

«Estamos saliendo de la crisis, pero todavía sigue quedando gente por el camino» José Ángel Rodríguez Técnico de evaluación social

Desde organizaciones como Cruz Roja confirman con matices al INE. Reconocen que la situación ha mejorado para los que califican como 'pobres sobrevenidos', aquellos que vivían con cierta comodidad antes de la crisis y cuando explotó se quedaron sin trabajo y sufrieron estrecheces. Para ellos sí ha llegado la recuperación, por lo menos una parte. En cambio, la capa más baja de la sociedad sigue igual. Incluso más crudo.

«Sinceramente, creo que el panorama está peor para los que tienen una pobreza más cronificada, los que llevan pasándolo mal mucho tiempo y arrastran esa situación desde hace muchos años», concreta Yolanda Cuesta, responsable del Programa de Lucha contra la Pobreza de la entidad humanitaria. La prueba es que las personas calificadas como 'vulnerables extremas' que recibieron ayuda para llenar la nevera o para pagar el alquiler, las facturas, los libros de los hijos y los medicamentos fueron 200 más. De 14.300 pasaron a 14.500 y «cuesta mucho» sacarles del círculo vicioso en el que están atrapadas. Entre los colectivos más vulnerables incluye a madres solteras con varios hijos, parados de larga duración o familias en las que el sustentador principal tiene un trabajo de baja calidad. «Con estos datos nadie puede decir que el cambio haya sido muy importante», concluye.

Alta desigualdad

También José Ángel Rodríguez, responsable de Estadísticas Sociales del Gobierno de Cantabria, reconoce que hay datos buenos y otros no tanto. «Estamos saliendo de la crisis, pero todavía se sigue quedando gente por el camino», afirma. Y apunta a que el riesgo de exclusión social baja, pero «vemos que todavía se mantiene la brecha de la desigualdad». En su opinión, la mejora es real, como demuestra otro dato como el del aumento del gasto de los cántabros -también lo dio a conocer el miércoles el INE- y se debe a tres factores: la recuperación económica, el aumento del empleo «aunque en ocasiones precario» y las políticas públicas que han reducido categorías como la pobreza infantil.

La encuesta fija la renta media de los hogares de la región en 27.024 euros. Son unos 500 euros menos que la media nacional. Unos hogares más y otros menos.

Más datos en este sentido: el 6,1% de las familias tiene mucha dificultad para llegar a fin de mes, el 9,0% bastante dificultad y el 37,7% alguna dificultad. Eso se traduce en que una de cada cuatro familias no puede irse de vacaciones y una de cada ocho no puede afrontar gastos imprevistos. Más reducidos son los casos en los que no pueden poner la calefacción (4%), tener un ordenador personal (2,7%) y comer carne o pescado cada dos días (1,7%). Otro 2,3% ha tenido retrasos en el pago de la vivienda.

En cambio, la cantidad que ingresa por persona cada cántabro es algo superior a la del conjunto de las autonomías y llega a los 11.293 euros.

El alquiler sigue sin repuntar y el 80%de las familias cántabras vive en propiedad

La Encuesta de Condiciones de Vida del INE también pone el acento en otros asuntos relacionados con la situación de las familias cántabras. Por ejemplo, en el régimen que tiene la casa en la que residen. La inmensa mayoría lo hace en una vivienda en propiedad, en algunos casos ya pagada y en otros con hipoteca. En concreto, el 80,5%, una cifra que se ha mantenido constante, con un leve descenso, a lo largo de la última década. Esa diferencia se va hacia el alquiler, una alternativa –por elección o por necesidad– que han seguido el 11% de las familias. Menos gastos tienen las que se encuentran en el tercer grupo, el de las que viven en una vivienda cedida de manera gratuita, ya sea por un ser querido o la administración, que alcanza el 8,3%. Respecto a otras comunidades autónomas, Cantabria se encuentra en la media por número de propietarios. Los índices más bajos se dan en Canarias (67,3%) e Islas Baleares (68,2%), mientras que el País Vasco (85,0%), La Rioja (83,7%) y Extremadura (83,4%) son las dos en las que más hogares pertenecen a sus moradores.

En este mismo apartado, los encuestadores del INE también hicieron otra pregunta interesante:¿Sufre problemas en su vivienda y su entorno? En función de las respuestas, los cántabros son los que están más cómodos en sus casas. Aquí ninguna otra región está por encima en el ranking nacional. Ni siquiera se acerca al 97,4% que afirma sentirse cómodo en Cantabria.

Los que más se acercan son los riojanos (85,8%) y el dato contrasta especialmente con el del 59,2%de canarios y el 55,7% de murcianos –poco más de la mitad– que reconocen no tener ningún de los cuatro problemas que se analizan (escasez de luz natural, ruidos, contaminación y problemas ambientales y delincuencia y vandalismo). El primero lo sufren sólo el 0,8% de los hogares cántabros; el segundo, el 1,7%; el tercero, el 0,5% y otro 1,4% tiene sensación de inseguridad. En Murcia, por ejemplo, llega al 20%.