«El maltratador es un estafador emocional»

«El maltratador es un estafador emocional»
Arizmendi

Los expertos afirman que «es posible» la reinserción de los agresores y abogan por invertir más y mejor en programas de reeducación ante la «muy alta» reincidencia en sus conductas violentas

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

«Igual que no hay un perfil determinado de víctimas de la violencia machista, tampoco lo hay de sus maltratadores». Lo dice María Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que insiste en la necesidad de «romper con los estereotipos». Opinión que comparte Carlos San Martín, Doctor en Medicina por la Universidad de Maryland y psicoterapeuta especialista en Sexología Clínica y Terapia de Pareja. «Desde el punto de vista sociológico, las estadísticas nos indican claramente que no podemos establecer un perfil: vemos agresores en todos los estratos sociales, condiciones económicas, con cualquier tipo de formación o actividad profesional... Cualquier hombre de cualquier entorno sociocultural puede actuar de manera violenta en sus relaciones de pareja», señala el que fuera durante seis años director del programa 'Senda' de reeducación y terapia para hombres que ejercen la violencia en la pareja, dependiente del Gobierno de Cantabria, a través del que trató a más de 500 maltratadores.

¿Es posible la reinserción de estos hombres? «Sí, es posible», contesta San Martín. «La ley tiene que caer sobre ellos y las medidas punitivas a nivel judicial son imprescindibles, porque el castigo tiene un efecto disuasorio. Pero no es suficiente, porque al final estamos hablando de personas con una conducta disfuncional y violenta y tenemos que replantearnos su reeducación para poder reintegrarles en la sociedad y que puedan tener relaciones afectivas saludables sin violentar a sus parejas, porque su tendencia va a ser seguir agrediendo en futuras relaciones, algo que vemos con absoluta habitualidad», explica el especialista. Ante este hecho, incide en apostar por «la rehabilitación y la reeducación» para «intentar poner freno a su conducta a través de una intervención seria y científica con ellos, porque la experiencia nos demuestra que se consigue, por lo menos, atenuar las conductas violentas». Lo que no se logra tanto, lamenta, «es una modificación de sus creencias a nivel machista». En esta misma línea, Carmona advierte de que «una de las grandes asignaturas pendientes» que existen en España son los programas de reeducación. «Hay que invertir en el maltratador. La reincidencia es muy alta. Si no se reeduca, seguirá con la misma actitud con esta pareja o con otra», indica.

San Martín considera «fundamental» la motivación del maltratador para enfrentarse a su problema como vía de encontrar una solución. «Cuando trabajamos con agresores que acuden a los programas de forma voluntaria, el escenario cambia de manera muy importante. La motivación para el cambio hace que los resultados terapéuticos en todos los sentidos, no sólo en la modificación de su conducta sino de las ideas machistas que la sostienen, acaben siendo mucho más alentadores que cuando trabajas con hombres que no reconocen sus actitudes violentas y sus delitos», reflexiona el psicoterapeuta.

Todo tipo de perfiles

Con o sin estudios, ricos o pobres, del ámbito urbano o del rural, ancianos, de mediana edad o jóvenes, los patrones sociológicos no sirven para clasificar a los maltratadores. Los expertos reiteran que no hay un perfil concreto. Pero sí existen una serie de «características que tienden a ser comunes, unos rasgos personales que sí comparten, en su totalidad o en parte». San Martín los resume.

«Por encima de todo son hombres profundamente machistas», destaca. «En el entorno externo no lo parecen, pero realmente tienen interiorizado un patrón muy patriarcal, muy machista, que aplican a la relación de pareja, en la que establecen claramente la idea de que el hombre tiene que tener una situación de predominio. Y con ello, buscan el ejercicio de dos objetivos: el poder y el control. Consideran que lo lógico en una relación afectiva es que el poder lo tenga el hombre, por el mero hecho de serlo, y que además tiene el derecho a controlar a la mujer», explica el especialista, coordinador desde hace tres décadas del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (Cipsa) de Santander.

«Los resultados terapéuticos son más alentadores cuando se trabaja con hombres que reconocen su problema» Carlos San Martín | Doctor en Medicina, psicoterapeuta especialista en terapia de pareja

A pesar de ese machismo, los agresores son, paradójicamente, «bastante dependientes» de la relación afectiva. «De hecho, gran parte de su conducta violenta se basa en el miedo a que su pareja les abandone, una idea que refuerza su pensamiento interno de que no son merecedores de ese afecto o que, en el fondo, son inferiores a los demás, como muchos de ellos piensan», refleja San Martín. Y aquí es donde aparece el tercer elemento común entre los que ejercen violencia machista: son hombres con baja autoestima. «Es normal encontrar en ellos sensaciones de inferioridad, de baja autoestima, que hace que sean especialmente sumisos y dóciles en otros contextos. La actitud de hostilidad, poder y control la ejercen de una manera selectiva en el ámbito de sus relaciones afectivas», detalla.

El cuarto rasgo característico que destaca San Martín sobre los maltratadores habla de un «déficit importante» en el control de sus impulsos, «lo que les lleva a tener dificultades para gestionar su estrés, su ira, su furia, y, por extensión, a tener comportamientos violentos tanto en el ámbito psicológico como en el físico».

«Al igual que no hay un perfil sociológico concreto de víctimas de violencia machista, tampoco lo hay de maltratadores» María Ángeles Carmona | Presidenta Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género

Por último, advierte de que el agresor es un «estafador emocional» porque el cambio de actitud que experimenta desde el inicio de la relación –«cuando se muestra de una determinada manera para seducir, para conseguir establecer un vínculo con la mujer»– hasta cuando él considera que ella ya ha establecido ese afecto, ese apego. «Entonces empieza a mostrarse realmente como es».

Una sociedad machista

Carlos San Martín, que goza de una amplia y premiada experiencia en prevención e intervención en violencia machista, se empeña en destacar que los maltratadores «no son enfermos, en ningún caso» porque «todas las estadísticas nos hablan de que no hay una prevalencia de psicopatologías mayor que en la población en general». «Son delincuentes –continúa– con una conducta y un sistema de creencias absolutamente reprobables porque se basan en el no respeto de la otra persona. Y una vez admitido esto, también es cierto que cuando consumen determinadas sustancias –alcohol, drogas...– son más peligrosos porque ejercen un efecto de desinhibición en su comportamiento violento».

Tanto Carmona como San Martín reflejan la importancia «vital» de una educación a favor de la igualdad. «Nadie nace machista, se aprende si se experimentan desde niño en los hogares actitudes de esa índole, que luego repiten», refleja la responsable del CGPJ. Por su parte, el psicoterapeuta admite que el machismo «forma parte de nuestra cultura de una manera absolutamente inevitable, aunque a a veces no lo identifiquemos». «El reto que tenemos por delante es una lucha contra nuestra propia cultura machista», reconoce.

 

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