Sanidad renueva la cartilla de control del embarazo para ampliar su contenido

Sanidad renueva la cartilla de control del embarazo para ampliar su contenido
Javier Cotera

El documento se adapta a los cambios introducidos en el nuevo protocolo asistencial, con una mayor atención a los riesgos para la salud, como la diabetes o el sobrepeso

Ana Rosa García
ANA ROSA GARCÍASantander

La cartilla de salud del embarazo en Cantabria, el documento que debe acompañar a la mujer en cada visita médica o de enfermería para garantizar el conocimiento por parte del personal sanitario de los antecedentes y evolución de la gestación, se renueva «para recoger una información más completa y detallada, y adaptarse así al nuevo protocolo asistencial», recientemente actualizado (la primera edición databa de 2007).

Uno de los principales cambios de ese protocolo de atención al embarazo y puerperio fue la introducción de una consulta preconcepcional, «dirigida a conocer el estado de salud de aquellas parejas que se están planteando un embarazo», explica Mar Sánchez Movellán, jefa de sección de los programas de salud de la mujer de la Dirección General de Salud Pública, el organismo que edita la guía. En ella se plasmará, por ejemplo, si la mujer está inmunizada frente a la rubeola y la hepatitis B o si no ha pasado la varicela, en cuyo caso se procederá a indicar la vacunación. «También se recogerá si ha tomado ácido fólico en los meses previos a la gestación, como está recomendado; el tipo de actividad laboral, de cara a identificar posibles riesgos; o si está expuesta al humo del tabaco aunque ella no fume -por eso se pregunta por los hábitos de su pareja-. Son cuestiones que tienen importancia a la hora del embarazo y que se deben tener en cuenta», añade.

LA CARTILLA

Finalidad
Recoger los datos más significativos del embarazo y servir de vehículo de transmisión entre los profesionales implicados.
Distribución
La nueva cartilla está previsto que llegue a los centros de salud en septiembre.

En ese control inicial se hará hincapié también en el país de procedencia de los futuros padres para descartar o contemplar la posibilidad de haber estado en contacto con nuevos virus, como por ejemplo el zika, que en la población general se puede pasar sin dar síntomas o como un simple cuadro de fiebre y dolor muscular, pero sin embargo en los fetos puede ocasionar daños irreversibles (microcefalia). A partir de ahora serán más vigilados aspectos como «el riesgo nutricional, en vista de la creciente tasa de obesidad, y el riesgo del trastorno mental, que a veces afecta de forma invisible», apunta Sánchez.

«Nuestra población de gestantes ha cambiado mucho, como la sociedad. Más de 44% de las mujeres que afrontan un embarazo tienen más de 37 años. El hecho de que se retrase la maternidad y haya cada vez más gestantes a edades avanzadas conlleva patología asociada, como diabetes e hipertensión». Y si además se recurre a tratamientos de fertilización, que también deben quedar reflejados en la cartilla, «se añade complejidad a los embarazos, al aumentar la posibilidad de que sea doble». También el riesgo de enfermedades infecciosas y de diabetes serán analizados por los profesionales encargados del seguimiento de la embarazada, al igual que la cobertura vacunal.

Además de la inmunización frente a la gripe, está aconsejada la vacunación frente a la tosferina, infección respiratoria que en los primeros meses de vida puede ser letal. En este caso, se trata de una dosis única en el tercer trimestre de embarazo.

Cribado de anomalías

Ya con la gestación en curso, Salud Pública recuerda que se recomiendan tres ecografías, cada una en un momento concreto y con unos objetivos determinados. La primera será entre la semana 11 y la 14, para confirmar la buena evolución del embarazo, si es simple o doble, establecer la edad gestacional y descartar algunas anomalías fetales. La siguiente se ha de concertar alrededor de la semana 20, con el objetivo de verificar que no existen malformaciones fetales. Y la tercera permite ver el crecimiento adecuado del feto, su colocación, la localización de la placenta o si ha aparecido alguna anomalía cuyo diagnóstico no ha sido posible antes. Sánchez insiste en que «en un embarazo de evolución normal un mayor número de ecografías no mejora el pronóstico del embarazo ni los resultados perinatales».

Otro de los apartados que se ha completado en la cartilla tiene que ver con el cribado de anomalías cromosómicas, siendo las más frecuentes el Síndrome de Down (Trisomía 21) y de Edwards (Trisomía 18). Se ofrece a todas las embarazadas la prueba combinada del primer trimestre, que consiste en un análisis de sangre específico, que se realiza en torno a la semana 10 de embarazo, y una ecografía, para valorar la cantidad de líquido que hay bajo la piel de la nuca del feto (translucencia nucal), prevista entre la semana 12 y 14. Sólo en el caso de que esta última indique un riesgo alto se recomendarán otras pruebas ya sea el estudio de ADN fetal a través de la sangre de la madre o la amniocentesis. «La mujer es la que decide, y la mayoría se inclina por la primera opción».

Este nuevo protocolo, introducido entre 2011 y 2012, redujo notablemente la tasa de amniocentesis, que hasta entonces se indicaba para todas las mujeres mayores de 35 años, mientras que ahora se seleccionan en función del riesgo real. Así, frente a las 856 amniocentesis que se practicaron en 2010 se ha pasado a las 180 de 2016 y a las 117 de 2017. «Ahora podemos decir que se hacen sólo las que se necesitan», subraya.

La nueva cartilla, en estos momentos en imprenta, está previsto que se empiece a distribuir por los centros de salud a principios de septiembre. De entrada se han encargado más de 10.000 ejemplares -teniendo en cuenta que la media de embarazos anuales en la región es de 3.700-, que se repondrán a medida que vayan necesitándose.

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