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Solo en casa, pero en buena compañía

De la independencia total a los «apoyos puntuales»: así viven los mayores en su domicilio

Solo en casa, pero en buena compañía
Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

La puerta pesa tanto que hay que hacer fuerza incluso con las piernas para abrir el portal. Luego la bisagra cede y se accede al pasillo, al ascensor, después a la casa de Lucilda Méndez y su confortable sofá, y uno piensa cómo es posible que una mujer con tantas operaciones a la espalda –hernias y lesiones– pueda salir y entrar de semejante fortaleza. «Siempre espero a que algún vecino me ayude», dice como si desvelara un truco elemental para mejorar un guiso. La paciencia le da la fe en ese empujón ajeno que le permite avanzar. Es lo que necesita a sus 84 años para hacer su vida como quiere, ese 'empujón' de otro y que en casa se lo da Alicia Rodríguez, la trabajadora que cada mañana acude a verla desde que contrató hace 14 años el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento de Santander. «Ayudo en lo que la persona quiera, desde hacer unos recados a limpiar, no hay nada establecido porque cada servicio requiere de ayudas diferentes», explica Alicia, y Lucilda continúa la frase como si se diera a sí misma una orden: «¡Hay que colaborar! Yo la ayudo para no añoñarme».