Un verano para los de casa

Bañistas y veleros, al fondo, en el antiguo embarcadero de la playa de Bikini./ Roberto Ruiz
Bañistas y veleros, al fondo, en el antiguo embarcadero de la playa de Bikini. / Roberto Ruiz

Los arenales ya están preparados para la época estival, con los equipos de socorrismo incluidos, a falta de instalar las hamacas y sombrillas | Las temperaturas animaron a los cántabros a disfrutar de sus playas, más tranquilas aún sin turistas

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

Los más de 30 grados alcanzados el sábado en la comunidad autónoma colmaron las ansias de los cántabros por pisar las playas de la región y darse el primer chapuzón. Bien podría ser un día de agosto. Pero la diferencia es palpable, si bien no por la temperatura, sí por el tipo de bañistas: la mayoría son de casa. «Aún no han llegado los veraneantes y se nota. No hay agobios», describía Victoria Moreno, mientras disfrutaba de su día en la Segunda de El Sardinero.

Nadie era más feliz ayer en La Magdalena que Jaime y Gonzalo, mellizos de ocho años. Con redeño y cubo en mano no pudieron contenerse ante las críticas a los espigones y falta de arena en la playa (comentario muy generalizado en La Magdalena y Los Peligros). «¡Que a nadie se le ocurra tocar esta playa! Como metan arena, nos dejan sin rocas y no podremos pescar, como hoy. Ya llevamos un cangrejo y varios peces», explicaban.

Desde antes del mediodía las toallas comenzaron a salpicar los arenales de Santander en el primer día de apertura oficial de las playas de la capital cántabra, en el que comenzaron a trabajar los doce puestos de socorrismo, repartidos por once playas de la ciudad. El buen tiempo también obligó a cambiar el horario de las palas que aplanan la arena. Uno de sus conductores, Pepe Roiz, indicaba que ya habían «empezado a las cinco de la mañana». «Y salimos a las once».

Salvo los jóvenes, que están de exámenes, había un poco de todo. Principalmente, familias con niños pequeños. «Los chicos están aún de exámenes y quizá se les vea el pelo por aquí a última hora de la tarde. Por lo menos ese es el plan de mi hijo y de sus amigos, que vendrán a darse un chapuzón para despejarse», contaba Macarena Sainz desde la Primera.

Maite (no quiso dar su apellido), también en la Primera, decía estar «suspirando por los toldos». «Es que esto de venir cargando con la sombrilla es muy pesado...». Según José María Díaz, del restaurante Miramar (encargado de los toldos, hamacas y sombrillas de esta playa), «lo habitual es montarlo todo para el 29 de junio, pero como empiece a hacer este tiempo, lo tendremos que adelantar». «Pero si alguien nos pide una hamaca, se la damos. Esta mañana ya llevamos unas seis».

En el Bar El Camello, frente a la playa del mismo nombre , ayer estaban a tope. «Llevamos cuarenta años preparando tortillas, pinchos y raciones. Hoy toca día de lío, pero en cuanto se ponga a llover o una tarde se termine torciendo, cerramos sin ningún remilgo», contaban desde detrás de la barra, donde corría una agradable brisa. La misma que hubieran agradecido los dos socorristas que tenían enfrente, Patricia Zumel y Miguel Ángel López. Pala en mano, pasaron toda la mañana haciendo el gran agujero en el que meter la torre de vigilancia para asegurarla. «Santander es el único sitio donde tenemos que hacer nosotros el hueco y si quieres que esté bien fija, al menos debe de llegar hasta mi cadera», decía López algo desesperado.

En Los Peligros, los que estaban desesperados eran los bañistas. Sobre todo los del inicio de la playa. «Es que no entiendo cómo pueden seguir aquí estas rocas (las del segundo espigón). La impresión que dan es horrible. O se sigue con el proyecto o se retiran las piedras, pero así no se puede quedar esto». Eso apuntaba Marián Saiz, que tiene pensado repetir hoy, dada la previsión que, según la Aemet, será de cielo poco nuboso o despejado, con intervalos de nubes medias y altas en la segunda mitad del día. En cuanto a las temperaturas, máximas en descenso.